jueves, 28 de agosto de 2008

150 años de evolución y contra-evolución

"Desde hace 150 años los dinosaurios existen hace 150 millones de años", es una frase que escuché en los cursos de Epistemología, Filosofía de la ciencia y el Seminario de Hegel de mi profesor Carlos Pérez. Y por cierto que los dinosaurios existen desde hace apenas 150 años para la cultura occidental. La mitología los transformó en dragones o entes fantásticos prácticamente inventados durante miles de años hasta que Wallace y Darwin dieron las puntadas a la teoría de la evolución de las especies.

El próximo año se cumple siglo y medio de la obra capital de Darwin, El origen de las especies, cuya principal implicación es que todos los seres vivos provenimos de un origen común. Este hecho trastocó de manera radical la percepción sobre nuestros orígenes y puso en tela de juicio a la historia narrada por el Génesis: el conservadurismo religioso encontró reparos pero ya no era época para quemar en la hoguera a estos científicos. De ahí que la iglesia señaló la tesis del diseño inteligente y de la mano de Dios como origen de este imbricado creacionismo.

A 150 años del lanzamiento darwiniano los científicos siguen discutiendo sobre los mecanismos del cambio evolutivo, pero la teoría de la evolución está demostrada más allá de toda duda razonable. Los trabajos en la ingeniería del genoma dan evidencias contundentes sobre el origen común de todos los seres vivos. Y la teoría antrópica da cuenta de que hallar vida en otro lugar del universo no es tarea sencilla. Los genes de la vida se encuentran en un nivel de unidad desde los mamíferos a las bacterias. Por ello los creacionistas perdieron su guerra santa.

La evolución no es una filosofía ni política ni moral. Al contrario, es una certeza científica esencial -como la gravitatoria- para comprender la naturaleza. Por eso es que la acumulación tiene sentido en su exégesis natural de supervivencia, pero se opone a la visión capitalista en su exégesis especulativa artificial. Una cosa es la naturaleza y otra el artificio. Si este último se opone al primero en tensión de contingencia socava los límites naturales y provoca un colapso como el que estamos viviendo en esta crisis económica global que la teoría económica vigente se encuentra incapaz de resolver.

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