La revolución de la IA ha reforzado considerablemente el poder de clase de la clase capitalista trasnacional sobre la clase trabajadora global y su poder estructural sobre los estados capitalistas
William I. Robinson, La Jornada
El afán implacable de las grandes empresas tecnológicas por expandir la construcción de centros de datos a todos los continentes ha desencadenado un creciente movimiento de resistencia masiva -desde EEUU hasta Irlanda, y desde Chile hasta Malasia-, en el que comunidades de base protestan contra el agotamiento de los recursos hídricos, el aumento desorbitado de las facturas de servicios públicos, la contaminación atmosférica y acústica, y la destrucción del medio ambiente.
Detrás de este auge de los centros de datos se encuentra la revolución de la inteligencia artificial (IA). La cantidad de capital y energía necesaria para el entrenamiento de la IA y la potencia de cálculo se está disparando. A su vez, el enorme incremento en la potencia de cálculo exige cantidades ingentes de electricidad y agua. Este cambio sísmico en las necesidades energéticas ha provocado una carrera mundial por asegurarse terrenos dónde ubicar los centros de datos, fuentes de energía para abastecerlos y los minerales críticos que requieren las nuevas tecnologías impulsadas por la IA.
El auge de los centros de datos no ha dejado ningún continente al margen. China y EEUU experimentan el crecimiento más rápido en este sector. El sudeste asiático vive un auge sin precedentes, con importantes centros neurálgicos en Malasia, Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia y Singapur. América Latina experimenta su propio auge, similar al del sudeste asiático, con centros clave en México, Brasil, Chile, Colombia y Perú. África atraviesa un auge de construcción similar, con centros clave en Sudáfrica, Kenia, Nigeria y Marruecos.






