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viernes, 31 de julio de 2026

Resistencia global al 'boom' de los centros de datos

La revolución de la IA ha reforzado considerablemente el poder de clase de la clase capitalista trasnacional sobre la clase trabajadora global y su poder estructural sobre los estados capitalistas

William I. Robinson, La Jornada

El afán implacable de las grandes empresas tecnológicas por expandir la construcción de centros de datos a todos los continentes ha desencadenado un creciente movimiento de resistencia masiva -desde EEUU hasta Irlanda, y desde Chile hasta Malasia-, en el que comunidades de base protestan contra el agotamiento de los recursos hídricos, el aumento desorbitado de las facturas de servicios públicos, la contaminación atmosférica y acústica, y la destrucción del medio ambiente.

Detrás de este auge de los centros de datos se encuentra la revolución de la inteligencia artificial (IA). La cantidad de capital y energía necesaria para el entrenamiento de la IA y la potencia de cálculo se está disparando. A su vez, el enorme incremento en la potencia de cálculo exige cantidades ingentes de electricidad y agua. Este cambio sísmico en las necesidades energéticas ha provocado una carrera mundial por asegurarse terrenos dónde ubicar los centros de datos, fuentes de energía para abastecerlos y los minerales críticos que requieren las nuevas tecnologías impulsadas por la IA.

El auge de los centros de datos no ha dejado ningún continente al margen. China y EEUU experimentan el crecimiento más rápido en este sector. El sudeste asiático vive un auge sin precedentes, con importantes centros neurálgicos en Malasia, Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia y Singapur. América Latina experimenta su propio auge, similar al del sudeste asiático, con centros clave en México, Brasil, Chile, Colombia y Perú. África atraviesa un auge de construcción similar, con centros clave en Sudáfrica, Kenia, Nigeria y Marruecos.

jueves, 30 de julio de 2026

¿De qué hablamos cuando hablamos de clase?

El socialismo es una política de clases. Distinguir entre las numerosas categorías a las que recurrimos cuando hablamos de clase social es esencial para clarificar nuestra estrategia política
La forma en que concebimos las clases sociales suele implicar demasiados sentimientos subjetivos e incluso confusiones. Una concepción clara sobre la clase es fundamental para la política socialista

Matt Bruenig, Jacobin

El discurso estadounidense sobre la «clase» es un caos. Pareciera que cada quien tiene su propio significado particular de la palabra, y no solo en los márgenes del término, sino en muchos de sus aspectos centrales. En los debates sobre cómo ubicar a una persona en disputa dentro de una clase u otra, la forma habitual de intervenir consiste en presentar un pequeño relato difuso sobre su vida y luego concluir que algún aspecto de ese relato hace evidente a qué clase pertenece. La mejor manera de predecir a qué conclusión llegará alguien sobre la clase de una persona en debate es determinar primero si esa persona le cae bien o mal por razones ajenas a la cuestión. De manera un tanto insólita, cuando la gente siente simpatía por alguien, tiende a decir que pertenece a la clase baja; cuando siente antipatía, tiende a ubicarlo en la clase alta.

En parte, esto solo refleja la habitual mala fe y el razonamiento motivado que infectan cualquier discurso político. Pero también responde simplemente a lo resbaladizo que resulta el término. Se suele confundir la clase económica con la clase social, pero además se define cada uno de esos subconceptos de manera diferente. En el uso convencional existen muchos indicadores distintos de clase, lo que significa que es posible —y, de hecho, común— que una misma persona presente una combinación de indicadores que apunten en direcciones opuestas. Por ejemplo, se puede tener un alto nivel educativo y bajos ingresos, un empleo de alto estatus y poca educación, un origen modesto y altos ingresos en la adultez, o un gran patrimonio y un trabajo de bajo nivel.

Existen opiniones encontradas sobre cuáles de estos indicadores deben emplearse para evaluar la clase, qué peso darle a cada uno si se combinan varios, y si debe adoptarse una evaluación conjuntiva (es decir, que todos los indicadores deban ser bajos para considerar a alguien de

miércoles, 22 de enero de 2025

Por qué y cómo la clase social sigue siendo importante

Está de moda declarar que el marxismo no tiene mucho que decir sobre las sociedades complejas y modernas. Pero la clase y los intereses materiales que genera siguen siendo los rasgos centrales del capitalismo. Nick French presenta una reseña de The Class Matrix. Social Theory after the Cultural Turn, de Vivek Chibber (Harvard University Press, 2022)

Nick French, Jacobin

Aunque Occupy Wall Street, las campañas presidenciales de Bernie Sanders y otros acontecimientos devolvieron el tema de la clase y la desigualdad económica a la conciencia pública de los Estados Unidos en los últimos años, este resurgimiento fue acompañado de denuncias sobre el marxismo como un marco anticuado para el análisis social y político. Los expertos y los políticos nos advierten de los peligros de centrarnos demasiado en la clase o de tratarla como algo «más importante» que otras identidades sociales o formas de jerarquía.

Estos estribillos populares se hacen eco de afirmaciones que dominaron la teoría social académica durante décadas. Mientras que Karl Marx y sus seguidores consideraban que las fuerzas económicas eran fundamentales para entender la estabilidad y los conflictos sociales, los partidarios del «giro cultural» en la teoría social conceden un lugar de honor a los factores no económicos. Si la clase es una cuestión de ubicación de una persona en una estructura económica —si, por ejemplo, posee medios de producción o debe vender su fuerza de trabajo para ganarse la vida—, entonces tiene poco poder predictivo para explicar por qué la gente hace lo que hace, argumentan los culturalistas. En su lugar, deberíamos fijarnos en factores culturales contingentes: normas sociales, valores y prácticas religiosas.

Es fácil ver el atractivo de estos argumentos. A pesar de la renovada preocupación por la desigualdad económica representada por Sanders y fenómenos afines en otros lugares (el corbynismo en Gran Bretaña, Podemos en España, La France Insoumise), las críticas basadas en la clase social no lograron captar el apoyo de las clases trabajadoras a gran escala. Los viejos partidos de izquierda están en declive y cada vez más trabajadores gravitan hacia la derecha. La política mundial sigue experimentando un reajuste de clases: en comparación con principios y mediados del siglo XX, la clase se está convirtiendo en una categoría cada vez menos destacada de identidad y conflicto políticos. Las divisiones partidistas se están endureciendo, pero ningún bando afirma de forma creíble que representa los intereses —o que puede ganarse la lealtad— de los trabajadores.

domingo, 8 de septiembre de 2024

Clase y pueblo según Dussel, intérprete de Marx


Fabio Ciabatti, Sinistrainrete

Un Marx que critica la economía política desde el punto de vista ético, es decir, desde el punto de vista de la materialidad de la vida, de la subjetividad corporal del trabajador entendido como no ser del capital. Una crítica que parte del exterior, de lo que excluye la totalidad del capital. Esta es la interpretación de Marx que resulta en cierto modo sorprendente, pero siempre sustentada en un conocimiento sólido de los textos que nos presenta Enrique Dussel, un estudioso argentino fallecido el año pasado. Un estudioso que, partiendo de la teología de la liberación, se declaró discípulo de Marx en los años 1990 para rechazar la idea ahora común de que el revolucionario alemán debería ser considerado un "perro muerto".

Marx y la modernidad, recientemente traducido al italiano por Antonino Infranca, es un texto formado a partir de la transcripción de un ciclo de conferencias celebradas en La Paz por Dussel en 1995 y puede leerse como una introducción suficientemente completa a la obra del pensador sudamericano. El origen geográfico es fundamental porque la valorización de la externalidad que hemos mencionado surge precisamente desde el punto de observación que representa la periferia del imperio.

viernes, 30 de agosto de 2024

La desaparición de la clase media deja un enorme agujero en el que cae el capitalismo


Andrei Fursov, Mente Alternativa

Hace algunos años, en una de las reuniones del Foro Económico de Moscú, el historiador Immanuel Wallerstein dijo que si bien es verdad que en el mundo en vías de desarrollo —incluida Rusia— hay mucha corrupción, cualquiera puede darse cuenta que la mayor corrupción existe donde hay más dinero, y la mayor cantidad de dinero está en Estados Unidos, solo que allí la corrupción está envuelta en el “envoltorio” del cabildeo.

El tamaño de la clase media está disminuyendo y su situación económica se está deteriorando en todo el mundo, y no puede ser de ninguna otra manera en el capitalismo financiarizado criminalmente, pues este fundamentalmente no recompensa a quienes trabajan. El subtítulo del libro recientemente publicado de G. Standing, “La corrupción del capitalismo”, es muy indicativo al respecto: “Por qué los rentistas prosperan y el trabajo no paga”.

martes, 11 de febrero de 2020

¿Cuántas clases medias caben en la clase media?


Alfredo Serrano Mancilla, Público

Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, la “clase media”. Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común.

En estos últimos años se han sucedido importantes fenómenos políticos aparentemente inesperados y novedosos en América Latina: la llegada de AMLO al Gobierno de México con una amplia mayoría, la victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, las protestas sociales en Chile y Colombia, también la imposibilidad de Lenín Moreno de dar estabilidad a Ecuador, el fin de Macri en Argentina a manos de la propuesta progresista de Alberto y Cristina, la derrota del Frente Amplio en Uruguay y cómo no, el golpe de Estado en Bolivia. Todos estos hechos políticos y/o electorales han sido explicados recurrentemente y en gran medida por un mismo grupo económico y social, el de la clase media.

sábado, 16 de junio de 2018

Las raíces del mal llamado populismo en EEUU (y en Europa incluyendo España)

Vicenç Navarro, Público

El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota

Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

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