sábado, 29 de mayo de 2010

Informe OCDE para América Latina: pobreza aumenta 7%

"Las últimas previsiones sobre el PIB para 2010, combinadas con mediciones comúnmente aceptadas del vínculo entre la pobreza y el crecimiento, apuntan a que la pobreza crecería casi 7 puntos porcentuales para finales de 2010, lo que significaría que aproximadamente 39 millones de personas volverían a caer por debajo de las líneas de pobreza en la región; esto, a su vez, implicaría que quedaría anulado casi por entero el progreso realizado durante los cinco años anteriores a la presente crisis". (Informe OCDE)

Así de fuerte es el Informe de la OCDE para América Latina, que demuestra de Latam no ha escapado a la crisis económica mundial, aunque la ha soportado con una resistencia renovada. Si bien todos los países de la región han acusado los efectos del decrecimiento y se espera que el producto interior bruto (PIB) se contraiga un 3,6% en 2009, es manifiesto que América Latina se está recuperando del choque más rápidamente que la mayoría de las economías desarrolladas. Y lo está haciendo sin poner en peligro el notable progreso realizado en pro de la consecución de sus objetivos de desarrollo a largo plazo.

Se prevé que el índice de recuperación sea sustancial en 2010 aun cuando diste mucho de igualar las tasas de crecimiento superiores al 5% que han caracterizado a la región durante el periodo de bonanza 2004-08. La duración de la recesión mundial constituirá tan sólo uno de los determinantes de las tasas de crecimiento futuras: para los países de la región, resultará al menos tan importante su capacidad para estimular sus respectivas economías nacionales mediante políticas sostenibles. En varios países la transformación de los patrones de migración internacional y de las remesas influirá en la incidencia de la crisis y en la lista de opciones políticas disponibles.

Contrariamente a lo que dictaría la lógica general, los países latinoamericanos que han abierto sus mercados a la competencia internacional durante la última década no se han mostrado más vulnerables ante el actual revés económico mundial. Esto supone un llamativo logro, que contrasta nítidamente con la experiencia de estos países en pasadas crisis internacionales. Desde principios de los años 1990, la mayor parte de América Latina ha venido abandonando el falso sentimiento de seguridad que parecen proporcionar las políticas proteccionistas y, en su lugar,ha comenzado a cosechar los beneficios a largo plazo de la globalización. La clave esta vez es que la apertura comercial y financiera ha venido respaldada por la instauración de mecanismos de resistencia, que refuerzan la capacidad para soportar choques negativos.

La comparación de índices de exposición y resistencia demuestra que, en los últimos 30 años, América Latina ha aprendido algunas de las duras lecciones que le impuso la crisis de la deuda de los años 1980. La balanza por cuenta corriente evidencia que los países de la región están cada vez más expuestos –y más dispuestos a estarlo– a un mundo más globalizado a través de flujos comerciales y de remesas cada vez mayores pero, también, que han diversificado tanto la composición como el destino de sus cestas de exportaciones.

Similar tendencia se observa en el ámbito financiero: si bien la apertura y la exposición financieras son mayores que durante la crisis de los años 1980, todas las economías latinoamericanas han apuntalado su resistencia mediante la gestión de déficits más sostenibles, la extensión del perfil de vencimiento de su deuda pública y la constitución de reservas extranjeras para contrarrestar posibles recortes de liquidez; además, en los últimos 5 años, la mayoría de sistemas bancarios nacionales han incrementado su nivel de provisiones para hacer frente a los créditos morosos y han evitado las operaciones especulativas que tan perjudiciales han demostrado ser en otras partes.

El decrecimiento actual ha resaltado como nunca antes que la clave para el crecimiento a largo plazo de América Latina reside en una gestión política responsable y sostenible. Para la mayoría de los países latinoamericanos, la crisis de los años 1980 se saldó con políticas fiscales y monetarias que fueron las que condujeron a cargas de deuda insostenibles, ciclos inflacionarios y una pérdida de credibilidad institucional generalizada. En una crisis, la presión conduce a aumentar la magnitud del paquete de estímulos y, por ende, los beneficios para el rendimiento a corto plazo, pero esto debe sopesarse siempre con la sostenibilidad a largo plazo de las medidas adoptadas en ese sentido. Por suerte, la elaboración de políticas responsables y creíbles que viene dándose en América Latina desde los años 1990 ha abierto un espacio sustancialmente más amplio que en los años 1980 para aplicar estímulos fiscales y monetarios eficaces y sostenibles.

Al respecto, Chile, que optó sensatamente por acumular cuantiosos recursos fiscales durante el auge de los precios del cobre, es el país mejor situado, seguido de cerca por Perú y México y, algo más alejados, Brasil y Colombia. Las autoridades monetarias de la práctica totalidad de países latinoamericanos han redoblado esfuerzos estos últimos años por ganar credibilidad, lo que se ve recompensado hoy por un conjunto de instrumentos de política monetaria más robustos.

La necesidad de destinar gasto directo a los miembros más vulnerables de la sociedad resulta capital durante un periodo de decrecimiento. Las últimas previsiones sobre el PIB para 2010, combinadas con mediciones comúnmente aceptadas del vínculo entre la pobreza y el crecimiento, apuntar a que la pobreza podría crecer casi 7 puntos porcentuales para finales de 2010, lo que significaría que aproximadamente 39 millones de personas volverían a caer por debajo de las líneas de pobreza nacionales en la región; esto, a su vez, implicaría que quedaría anulado casi por entero el progreso realizado durante los cinco años anteriores a la presente crisis.

Obviamente, la reducción de la pobreza no proviene sólo del crecimiento, sino también de políticas sociales eficaces en sentido amplio. Por desgracia, aquellos países que han obtenido significativos logros en la redistribución de ingresos –en particular, Argentina– carecen hoy de los recursos necesarios para mantener las políticas que han permitido esos logros. Aquí, de nuevo, la prioridad deberá ser el paliar los daños causados por la recesión mundial sin comprometer la sostenibilidad a largo plazo.


Informe OCDE

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