lunes, 13 de septiembre de 2010

Dinero por chatarra ¿Cómo saber si funcionan los estímulos fiscales?

Este artículo de Luis Garicano que encuentro en el blog de Ramón Morata, es uno de los tantos que cuestiona los planes de estímulo sin ir al fondo del problema: no detecta que estos "planes de estímulo" han seguido el dogma monetarista de "tirar la plata en helicóptero" sin que exista creación real de empleo. El problema real de la economía es la insuficiente demanda, y es este colapso el que bloquea la salida. Frente a esto, todos los planes de estímulo realizados con el helicóptero, son solo pan para hoy y hambre para mañana. Como lo he señalado en otros artículos El problema no es la deuda sino el desempleo. Garicano, que en su momento ofreció una buena explicación de la crisis a la Reina Isabel, al dar cuenta de la arrogancia del modelo económico neoliberal, decepciona con este texto

Luis Garicano, FedeaBlogs.net

Las noticias de los últimos meses sobre la economía mundial son otra vez, con la estupenda excepción de Alemania, cada vez más inquietantes. Gran parte del derrumbe en la demanda que se está produciendo tiene que ver con la expiración de las políticas de estímulo que se pusieron en marcha durante el 2009, tanto en EEUU como en España. La evidencia de que esto ha sucedido, por ejemplo en el mercado de automóviles, es visible al observador casual. ¿Son las políticas de estímulo responsables del derrumbe? ¿Cómo podemos responder a estas preguntas en un mundo en el que no sabemos cuál sería el contrafactual, es decir lo que hubiera sucedido sin ellas?


El debate sobre si las políticas de estímulo realmente sirven para expandir la demanda o no es bien conocido por nuestros lectores, y ha sido muy bien cubierto en NeG sobre todo por Javier Andrés, Jesús Fernández-Villaverde y Juan Rubio: a pesar del consenso entre los macroeconomistas de los últimos 30 años de que las políticas fiscales expansivas no eran efectivas como armas contra la recesión, la agudeza de la crisis hizo que los gobiernos, desesperados, decidieran que había que intentarlo todo. Entre los críticos había quienes decían que no había ni teoría ni evidencia de la bondad de tales políticas, como John Cochrane y Eugene Fama; sus argumentos fueron atacados por DeLong y Krugman, este en su habitual estilo brutal, que defendieron el estímulo, pero siempre como insuficiente (con lo cual se cubren bien las espaldas). Mi posición es menos a priorista y más empiricista, y coincide con la que expone en este video y estas transparencias Kevin Murphy con su habitual incisividad (vale la pena ver el video, hablan Murphy, Lucas y Huizinga, tanto por ver a Murphy, como por ver el ambiente de la Universidad de Chicago).

¿Cómo resolver la disputa? Claramente, hace falta evidencia. El problema, como siempre con los problemas macroeconónomicos es que no es posible hacer experimentos —la historia sólo se produce una vez, y lo que observamos nunca es el resultado de una sóla decisión, sino de las muchas decisiones de muchos agentes y de los shocks que se producen mientras tanto- ¿cuál es el contrafactual? ¿qué hubiera pasado sin estímulo? Decir ahora que el estímulo no funciona porque EEUU sigue en crisis es como decir que una medicina no funciona por que se le dio a un solo enfermo y se murió de todos modos; decir lo contrario tampoco sirve —como cuando Krugman dice que la comparación entre Irlanda y España muestra que la austeridad es mala cosa porque miren como Irlanda está en apuros y España no, cuando está claro que los problemas inmobiliarios-financieros Irlandeses eran más profundos que los españoles (por cierto, me hicieron anteayer una entrevista en la BBC comparando Irlanda y España- a mi me tocó España, claro). Quizás Milan Kundera lo dijo mejor en “La Insoportable Levedad del Ser” de lo que cualquier economista lo podría decir:

El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.

¿Qué hacer? ¿Abandonar la empresa? ¿Seguir el famoso consejo de Wittgestein en el Tractatus (“Todo aquello que puede ser dicho puede decirse con claridad: y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse.”) y callarse? Existen dos alternativas. Una es construir mundos experimentales, modelos. En nuestros modelos podemos hacer experimentos que no se pueden hacer en la realidad. Esto lo explicó mejor de lo que yo lo podría hacer nunca Bob Lucas con un ejemplo, el experimento mental consiste en cambiar el tipo de cambio entre el dinero y las fichas que se usan en un parque de atracciones. El cuento es fabuloso, y explica la utilidad (y los límites) de los modelos con claridad- creo que todos los estudiantes deberían leer este cuento al principio de sus clases de macroeconomía. Aquí está. Claro que estos modelos macroeconómicos se pueden y deben enriquecer con datos y contrastar con ellos, la empresa a la que están dedicando su carrera Jesús y Juan.

La segunda alternativa es tratar de usar, cuando sea posible, evidencia micro en la que si se pueden hacer experimentos, o pseudo-experimentos. Creo que hay dos ejemplos muy buenos de esto. El primero, más antiguo, es un papel de David Johnson, Jonathan Parker y Nick Souleles en al AER (2006) en el que usan un experimento precioso: el momento en el que los americanos recibieron su rebate de impuestos en un cambio impositivo fue aleatorio, y venía determinado por los dígitos de su número de la seguridad social. De este modo podemos comparar dos individuos idénticos, uno con dinero extra, con otro al que aún no le ha llegado. Encuentran que el que recibe uno de estos cheques se gasta (y no ahorra) 2/3 del rebate. El experimento es muy limpio, pero claro tiene limitaciones: no es extrapolable a un momento de mayor incertidumbre (por ejemplo ahora la gente ahorraría más) y por otro lado el efecto es seguramente mayor, ya que los agentes que no han recibido el dinero seguramente ya están gastando anticipadamente parte de él. Además, y esta es la limitación más importante, los efectos de equilibrio general no son capturados por el experimento (si por ejemplo todo el país se lanza a gastar con el anuncio) ya que afectan a los grupos de control también. Pero es un experimento, claro e inteligible, y es bonito.

El segundo ejemplo es más reciente, y se refiere al programa de “dinero en efectivo por chatarra” (cash for clunkers) de mi título- el RENOVE americano. En España hay una sospecha enorme, a la que volveré más adelante, de que el programa sólo ha servido para anticipar ventas, dado el enorme derrumbe de las ventas en los últimos meses. Este derrumbe es en realidad universal, en EEUU este agosto se han vendido 300,000 coches menos que en el agosto anterior, una caída del 20%. Pero como decíamos antes, la historia sólo se vive una vez, y surge la pregunta: ¿se debe el colapso al estímulo fiscal? ¿No puede ser debida a la incertidumbre, el miedo, la vuelta de la crisis, el incremento del ahorro u otros mil factores que coinciden en Agosto?

Para resolver esta pregunta hace falta un experimento. No se puede simplemente ver que donde hubo más estímulo hay ahora más colapso, porque sería como descubrir que el paciente que se murío era precisamente el que había tomado más medicina, y pensar que la medicina era mala, cuando lo que sucedía es que este era el paciente más enfermo. Hace falta poder comparar dos ciudades, una que recibió más dinero de forma más o menos aleatoria y otra que recibió menos y ver si el colapso es mayor en la primera.

Atif Mian y Amir Sufit han conseguido en este trabajo reciente (del 1 de setiembre) encontrar una forma de hacer un “psedo-experimento”: comparar a las ciudades con un parque de automóviles antes del programa más antiguo con las que lo tienen más moderno. La ciudad que tienen más automóviles antiguos reciben más dinero del programa, independientemente de cómo de “enfermas de crisis” estén, con lo que tenemos un pseudo-experimento para comprobar el efecto del programa.
¿Y qué aprendemos de la evidencia micro? Me temo que lo que sospechábamos: en el momento del programa, las ciudades más expuestas al programa (aquellas con parque más antiguo) venden 20% más de coches que las menos expuestas. 6 meses después, el efecto se ha revertido, de modo que las ventas acumulativas en ambas ciudades son más o menos idénticas. Aquí va la figura clave, que compara las ciudades más afectadas por el plan (rojo) con las menos afectadas (es la Figura 4 del documento de trabajo):


Las limitaciones del análisis son las mismas que en el caso anterior: el análisis omite por definición los efectos de equilibrio general, ya que estos afectan tanto al grupo “experimental” como al de comparación. Y los macros dirán, con razón, que esos son los interesantes. Pero estos no se pueden saber, y aquellos sí – se aprende de los datos, seguro, y mucho.

¿Moraleja? Para política económica, si uno va a gastar dinero, mejor hacerlo de modos que valgan la pena en cualquier caso- estos programas tipo RENOVE son pan para hoy y hambre para manana. ¿Para los analistas y macroeconomistas? A remangarse, que hay un mundo enorme de datos micro que nos pueden ayudar más que volver a revisar la serie temporal de los últimos 50 años que, al final, no es más que una de las muchas realizaciones del proceso estocástico que, como Kundera diría, es un solo borrador de los muchos borradores que se hubieran podido producir.

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