El enfoque de la OTAN ha sido descrito como un caso de “baile sobre sangre” y una política de “guerra hasta el último ucraniano”
Dmitri Kovalevich, Al Mayadeen
El comienzo de febrero está marcado entre los ucranianos por una renovada esperanza de paz. Estas se avivaron tras las conversaciones entre los gobiernos ruso y ucraniano en Abu Dabi, los días 4 y 5 de febrero, con la presencia de representantes del gobierno estadounidense. Surgen cada dos o tres meses, pero hasta ahora resultaron fútiles, ya que el enfrentamiento con Rusia (guerra indirecta) del imperialismo occidental no ha hecho más que intensificarse.
Otra ronda de negociaciones fallida
El anarquista de Odessa, Vyacheslav Azarov, señala que desde 2022 hubo muchas promesas alentadoras y convincentes de paz, que luego resultaron ser solo una forma del gobierno ucraniano de aliviar la presión ejercida sobre él por una población inquieta y desesperada por el fin de la guerra.
Azarov enfatiza: "Lo principal que los años de guerra enseñaron a los ucranianos es la desconfianza total en sus instituciones de gobierno y la dependencia de sí mismos, lo que significa, a su vez, priorizar la supervivencia diaria sobre cualquier plan a largo plazo.
Si, de repente, se anunciara una paz inesperada, los ucranianos seguirían cargando sus teléfonos y baterías portátiles por cualquier medio disponible, abasteciéndose de pan y, por costumbre, evitarían los cruces donde los reclutadores militares podrían esperar para abalanzarse sobre ellos y subirlos a minibuses para un triste viaje a un centro de reclutamiento militar".



















