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viernes, 28 de agosto de 2026

Cerimedo y la cara sucia del tecnofascismo sudamericano

El tecnofascismo y la manipulación de las elecciones que instala en los gobiernos a los títeres de Washington. Ya no necesitan crear golpes de Estado. Basta con las granjas de bots. El siniestro plan de la ultraderecha

Aram Aharonian, Rebelión

Hasta hace unos años, Fernando Cerimedo no existía ni como actor de reparto entre las primeras líneas del mundo político: quizá fue Javier Milei quien lo mandó al estrellato (o viceversa). Quien acabaría siendo un gurú de las derechas radicales latinoamericanas no destacaba en las redes sociales en Argentina, ni siquiera en momentos en que Twitter, plataforma que, al crecer en audiencias, convertía temas de conversación en asuntos de agenda pública, en movilizaciones masivas y terremotos políticos.

Por decisión del Juez boliviano Wilson Espada, se aplicó la pena máxima de detención preventiva, de 180 días, a Fernando Cerimedo a quien se acusa del intento de homicidio de su expareja Nadia Beller. A las denuncias de la víctima se sumaron el secuestro de mensajes de chat del acusado que lo comprometen: Uno de ellos que fue dirigido a un tal ECK dice: “Nos vendió Nadia. O la eliminamos o estamos jodidos. ¿Conocés a alguien que pueda hacer ese trabajo?”. Según el expresidente Evo Morales, ECK es Erik Correa Gonzalez, Jefe de Inteligencia del gobierno de Rodrigo Paz, presidente de Bolivia.

La celeridad con que actuó la policía que detuvo a Cerimedo cuando trataba de abordar un avión con destino a Buenos Aires, y la decisión del juez de allanar inmediatamente su domicilio donde se encontró una granja de bots, y mucho dinero en efectivo, concurdan con el rápido posicionamiento del vicepresidente de Bolivia, Edman Lara, abogado y exoficial de la policía, en conflicto con el presidente Paz.

lunes, 24 de agosto de 2026

La fractura del Cono Sur

La combinación de un Trump debilitado, un Brasil consolidado en el multipolarismo y una Argentina desindustrializada configura el mapa final

Alejandro Marcó Del Pont, La Haine

Margaret Thatcher, en una de sus confesiones más cínicas y reveladoras, declaró que su mayor triunfo político no había sido derrotar a los sindicatos ni privatizar la industria británica. Su mayor logro, dijo, fue Tony Blair y el Nuevo Laborismo. La Dama de Hierro entendía algo que las élites sudamericanas aún no comprenden: la destrucción más perfecta no es la que elimina al adversario, sino la que obliga al sucesor a gobernar sobre las ruinas con las reglas que el destructor impuso. Ese es el recado que la historia envía hoy a la Argentina.

La tensión entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva ha llevado la relación bilateral al punto más delicado en cuatro décadas. Pero el verdadero terremoto no está en los insultos diplomáticos ni en las cumbres del Mercosur donde uno omite al otro. El terremoto está en lo que se está rompiendo por debajo: las cadenas productivas, la arquitectura tecnológica, la confianza institucional y, sobre todo, la posibilidad misma de un proyecto de desarrollo compartido.

Y eso, a diferencia de los gobiernos, no se cambia por decreto. Brasil sigue siendo el principal socio comercial de Argentina, con un intercambio que superó los US$ 31.000 millones en 2025. Pero ese número, que parece sólido, esconde una hemorragia estructural: Buenos Aires arrastra un déficit crónico, exporta materias primas e importa manufacturas, y la brecha se ensancha cada trimestre. La pregunta que nadie en la Casa Rosada quiere hacerse no es cuánto comercio queda, sino cuánto quedará cuando el cristal se haya roto del todo.

miércoles, 19 de agosto de 2026

América Latina en la relación centro-periferia


Juan J. Paz y Miño Cepeda, Historia y Presente

La teoría económica de raíz latinoamericana surgió en la segunda mitad del siglo XX y en su construcción tuvo un rol central el pensamiento de la CEPAL, al que siguió, de inmediato, la teoría de la dependencia de gran influencia en la región durante los 60 y 70 del pasado siglo (https://t.ly/AAjcU). Una de las ideas fundamentales en la generación de esa teoría es la relación centro-periferia.

En la teoría económica clásica, generada en Europa y en los Estados Unidos, que asumió carácter universal bajo el supuesto de ser la única verdadera, técnica y, además, guiada por los principios de la “libertad”, no se podía concebir las relaciones internacionales como diferentes por sus procesos de acumulación, sino exclusivamente como fruto de las “ventajas comparativas”, una tesis fundada por el británico David Ricardo en 1817. Los grandes países podían proveer a todo el mundo los productos industrializados, mientras los otros aportaban a ese mundo los productos primarios. El asunto de fondo es que cada país se especializa en aquellas producciones en las que obtendrá ventaja frente a otros.

Esta concepción fue ampliamente cuestionada en la segunda mitad del siglo XIX por Karl Marx en El Capital, al examinar el proceso de la acumulación originaria o primitiva de capitales. En definitiva, sus profundas investigaciones sobre la historia económica le condujeron a sostener, por primera vez en forma científica, que el capitalismo europeo se levantó sobre un largo proceso de saqueo, dominación y sometimiento colonial en otros lugares del mundo (ahí se ubica América Latina) desde inicios del siglo XVI, cuando propiamente se inició la “era capitalista”, que no debe confundirse con el sistema capitalista que nace con la primera Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII. Por eso, en forma metafórica Marx escribió: “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza”.

sábado, 15 de agosto de 2026

100 años de Fidel Castro!


Leonid Savin, Redh-Cuba

En el tercer Milenio, tal vez, este es el primer aniversario de una figura tan significativa que realmente cambió el curso de la historia en el siglo XX (todos los líderes anteriores que tuvieron una gran influencia en el mismo siglo, hablando de influencia constructiva, nacieron en el siglo XIX). Con el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959, Cuba se volvió práctica y completamente libre e independiente (con la excepción del territorio hasta ahora ocupado por los Estados Unidos en Guantánamo), terminó el gobierno neocolonial de dictaduras que eran títeres del capital de Washington y servían a los intereses de los clanes mafiosos de los Estados Unidos. América Latina se dio cuenta de su subjetividad, donde comenzó el despertar geopolítico. Incluso en la URSS se vieron obligados a repensar: fue gracias a la Revolución Cubana que se creó el Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de la URSS (ahora la Academia de Ciencias de Rusia).

De hecho, no hubo una revolución, porque la traducción literal de la palabra «revolución» significa retorno. Pero Cuba, bajo Fidel Castro, no regresó a la era del dominio español. Fue una Transformación creada e influenciada por la revolución Rusa de 1917 (de esto habló el propio Fidel), y reflejó la lucha anticolonial de esa época, que se extendió desde las selvas de Asia, tuvo lugar en las arenas desérticas del Norte de África y palpitó en la propia América Latina (recordemos los eventos en Guatemala en 1954. y la organización de un golpe de estado por parte de la CIA contra el gobierno de Jacobo Árbenz, quien llegó al poder democráticamente por primera vez en la historia del país en 1951, superando al candidato pro-estadounidense).

Cuba tras seis meses de bloqueo petrolero: crisis y camino hacia la recuperación

Fotografía de JF Martin

Vijay Prashad, Counter Punch

Durante más de seis décadas, Estados Unidos ha intentado que el pueblo cubano pague las consecuencias de su decisión de seguir un camino socialista e independiente. La última fase de esta guerra económica se ha centrado en la arteria más vulnerable de la isla: su suministro energético. Seis meses después de que Washington intensificara la presión sobre los países y las empresas que abastecen de petróleo a Cuba, esta política no ha traído democracia ni mejorado la vida de los cubanos de a pie. Lo que sí ha provocado son hogares más oscuros, autobuses paralizados, hospitales inoperativos y mayores dificultades para transportar alimentos del campo a las ciudades.

La tarea inmediata es prevenir una catástrofe humanitaria. La tarea más importante es sustituir la coerción por la cooperación soberana y ayudar a Cuba a construir un sistema energético que no pueda volver a ser estrangulado por una potencia extranjera.

Seis meses de crisis cada vez más profunda

El 29 de enero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump emitió una orden ejecutiva que establecía un mecanismo para imponer aranceles adicionales a los productos de cualquier país que suministrara petróleo a Cuba, directa o indirectamente. Washington presentó la medida como una defensa de la seguridad nacional de Estados Unidos. Su propósito práctico era inconfundible: obligar a terceros países a elegir entre una pequeña nación caribeña con dificultades económicas y el acceso al enorme mercado estadounidense.

viernes, 14 de agosto de 2026

Fidel, 100 años de un revolucionario y un hombre bueno.

El escritor chileno Luis Casado recuerda los 100 años del nacimiento de Fidel Castro relatando el encuentro del líder latinoamericano con el líder de las Panteras Negras, Malcolm X, en un Hotel de Harlem, Nueva York

Luis Casado

Afuera se agolpa un gentío de periodistas, policías, simpatizantes, hermanos de la comunidad y también de simples curiosos del barrio que quieren presenciar el acontecimiento. Adentro, en un cuarto apenas alumbrado y lleno de humo de tabaco, dos personajes intercambian sus ideas como pueden, en dos lenguas distintas, con historias disímiles pero con enemigos similares y luchas paralelas.

«Mientras el Tío Sam esté contra ti, sabrás que eres un hombre bueno», le dice de forma irónica Malcolm X a Fidel Castro.

Ninguno de los personajes necesita de mayores presentaciones. Es la noche del 19 de septiembre de 1960. El lugar: un hotel humilde en el barrio del Harlem, al norte de Manhattan. Se trata de un barrio obrero, popular, muy al margen de las luces de la Quinta Avenida. Allí conviven «los negros y los latinos». En el Harlem tendrá lugar un torbellino de sucesos que pondrán a «la Historia» junto a las pequeñas historias, con un escenario de cuartos pequeños, bombillas tenues y cortinas de flores desteñidas.

Fidel se encontraba en ese entonces en Nueva York para participar por primera vez de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Revolución Cubana tenía un año y pocos meses de haber derrocado a la dictadura de Fulgencio Batista y de haber iniciado un proceso de transformaciones nunca antes visto en aquella isla caribeña. Por esos mismos días la Revolución anunciaba la intervención de la banca estadounidense y el traspaso del Canal 6 a manos del Estado. El gobierno norteamericano, mientras tanto, declaraba una guerra abierta contra las nuevas autoridades en La Habana y lideraba una feroz campaña de desinformación contra Cuba y su proceso de cambio.

sábado, 8 de agosto de 2026

El "nuevo macartismo" y la red de la ultraderecha transnacional

El triunfo de la extrema derecha y el avance reaccionario regional consolidan una red subordinada a Estados Unidos que amenaza la soberanía en América Latina

Yailé Balloqui Bonzón, Al Mayadeen

Ante el declive de su hegemonía unipolar, los centros de poder radicados en Estados Unidos y sus aliados reactivan el macartismo, ya no como una política de persecución interna, sino como una alianza transnacional de ultraderecha orientada a desestabilizar los proyectos soberanos y revertir la justicia social en el Sur Global.

Para entender esta estrategia, vale la pena recordar de dónde viene el término. El macartismo original nació en el Estados Unidos de los años cincuenta, cuando el senador Joseph McCarthy desató una paranoica caza de brujas anticomunista.

Bastaba una acusación sin pruebas, un rumor o un pensamiento disidente para que artistas, científicos y ciudadanos comunes terminaran en listas negras, señalados como "enemigos internos" y expulsados de la vida pública.

Era el triunfo del miedo sobre la razón. Una campaña de terror psicológico diseñada para purgar cualquier idea incómoda para el poder establecido.

Hoy, esa vieja receta se ha sacado del archivo histórico, pero con un alcance global y herramientas mucho más sofisticadas.

sábado, 11 de julio de 2026

Elecciones en América Latina: ¿existen las burguesías nacionalistas?

Ahora podemos preguntarnos: ¿Dónde están las burguesías nacionalistas? No busque, hace décadas que han desaparecido, si alguna vez existieron

Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada

Tras los resultados electorales en Perú, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Honduras y Bolivia, podemos afirmar que las burguesías nacionales son una quimera. Si agregamos Argentina, Paraguay, El Salvador y Panamá, el panorama es desolador. Los países citados tienen en común regímenes reaccionarios producto de la unión de las derechas mundiales bajo el paraguas de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), donde sobresale la Red Atlas, think tank que unifica la producción ideológica en su guerra cultural contra la democracia y las alternativas populares.

Entre elefantes, leones y tigres anda el juego. Los burros parecen seguir la estela. Los nuevos gobiernos cohesionan a los diferentes sectores de las clases dominantes en un solo objetivo, recuperar el poder formal y convertirse en neocolonias de EEUU. Sus triunfos no serían posibles sin su intervencionismo explícito, además de contar con la administración Trump.

Allá por los años 60, las ciencias sociales del continente solían diferenciar entre las plutocracias ligadas al imperialismo y una burguesía nacional partícipe del desarrollo interno, promotora de la industrialización y, por si fuera poco, con tintes antiimperialistas. Economías de enclave o con control nacional de la producción. Así clasificaron Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, en Dependencia y desarrollo en América Latina, la distancia que separaban las oligarquías de las burguesías nacionalistas. Hoy, sin distinción, todos a una, piden la intervención extranjera para mantener sus privilegios de clase.

jueves, 2 de julio de 2026

Venezuela: la doble catástrofe

Hay que ir a las causas y éstas yacen en los devastadores efectos del bloqueo que EEUU ha decretado en contra de Venezuela y, desde hace más de seis décadas, en contra de Cuba

Atilio Boron, atilioboron.com

En los primeros meses del 2026 Venezuela ha sido víctima de dos acontecimientos traumáticos. Primero, el 3 de enero, el ataque militar denominado "Operación Resolución Absoluta" lanzado por el gobierno de EEUU en contra de Caracas y, marginalmente, otras ciudades como La Guaira. Segundo trauma: el doble terremoto del miércoles pasado.

Pero vayamos por partes. Se suponía que con aquella audaz maniobra se crearían las condiciones necesarias para precipitar una insurrección popular en contra del gobierno chavista y, de este modo, lograr el tan ansiado "cambio de régimen" que Washington persigue sin pausa desde el momento mismo en que Hugo Rafael Chávez triunfara en las elecciones presidenciales de diciembre de 1998. La operación de marras obtuvo un logro parcial pero importante: el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores. Pero pese a su pomposo nombre fue un fracaso monumental desde el punto de vista militar y político, como también lo fue la "Operación Furia Épica", el ataque de EEUU e Israel contra Irán.

Pese a lo intimidante de sus nombres, en ambos casos el "régimen" --en este caso el gobierno chavista-- permaneció, al igual que su homólogo en Teherán, de pie. Hablamos de fracaso porque basta comparar el enorme despliegue de más de 150 aeronaves, entre aviones y helicópteros, un portaaviones, un submarino nuclear y un acorazado utilizados para asolar al territorio venezolano, más los 15.000 efectivos movilizados para el combate y el comando de 200 hombres de la Delta Force que fue el encargado de la "extracción" (eufemismo para no decir el secuestro) de Maduro, con los equipos y la tropa utilizados el 2 de mayo del 2011 para capturar nada menos que a Osama bin Laden, supuestamente escondido en la ciudad paquistaní de Abbottalabad: 23 integrantes del Comando Seal con el apoyo de un total de cinco helicópteros y un portaaviones.

lunes, 22 de junio de 2026

Nuestra América y la izquierda revolucionaria

Hay que construir una alternativa política revolucionaria. Y, para ello, es preciso primero configurar una izquierda revolucionaria. Salirse del marco de la izquierda acomodada en el marco de la democracia burguesa y construir alternativas que busquen un cambio real e impliquen una defensa real de Nuestra América.

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Durante una conversación informal con líderes internacionales y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en el marco de la cumbre del G7 celebrada en Francia, el presidente Lula declaró: “El mundo no es de izquierda, el mundo es del camino del medio. Esa es la verdad. Nunca fui de izquierda”. Y aprovechó para recordar su trayectoria como dirigente sindical y sus vínculos con organizaciones obreras de Alemania, Italia y España.

Esta renuencia de Lula, un referente histórico de la izquierda latinoamericana, a reconocerse como parte de esta misma izquierda contrasta fuertemente con la articulación de una ultraderecha regional que no tiene ningún ambaje a presentarse como ultraderecha y asumir un discurso racista, machista, xenófobo y discriminatorio en sus declaraciones públicas. Es la expresión de la naturaleza y los límites de los proyectos socialdemócratas que subieron al poder entre finales de la década del 90 y la primera década del siglo XXI en buena parte de América Latina.

Alguien pudiera argumentar que, en el caso específico de Lula, esta posición puede responder específicamente al complicado escenario político interno del país, con una elecciones que prometen ser reñidas, frente a un bolsonarismo que cuenta con el firme respaldo de la Casa Blanca y su actual inquilino. Y sin dudas sí, hay una parte importante de cálculo político y ajuste a las circunstancias en las declaraciones de Lula, pero también es la expresión del carácter de la izquierda socialdemócrata latinoamericana.

sábado, 13 de junio de 2026

Ante la barbarie imperialista, la resistencia justa de los pueblos

Muchos hombres y mujeres valiosos han caído en esta lucha frente a los arrogantes del mal. Los enemigos del género humano jamás comprenderán que quienes aman la libertad de sus pueblos, no conocen la palabra rendición, pero que tampoco tienen miedo al martirio.

Dax Toscano Segovia, Al Mayadeen

“En verdad, Dios ama a quienes combaten por su causa en filas apretadas, como un firme edificio”
(Sagrado Corán, 61:4)”
La humanidad se enfrenta a uno de sus períodos más oscuros, comparable con el dolor y sufrimiento vividos bajo la época del nazifascismo.

A lo largo de la historia han surgido sujetos crueles que han llevado adelante las acciones más inhumanas con el propósito de mantener sometidos a pueblos a los que han saqueado, explotado y esclavizado para su provecho.

Leopoldo II de Bélgica convirtió al Congo en su reserva personal, adueñándose no solo de territorios y recursos, sino de hombres y mujeres negras a quienes sometió a las más brutales torturas, dictaminando cortarles los pies, las manos, los brazos y las orejas si desobedecían o no cumplían las órdenes del amo blanco, mientras otros, cuya cifra se desconoce aún, fueron asesinados.

En el siglo XX destacan por su maldad nombres como los del emperador japonés Hirohito, responsable directo de los crímenes cometidos por sus soldados contra el pueblo chino, el déspota filipino Ferdinand Marcos y su esposa Imelda que establecieron un régimen tiránico y corrupto en su propio país o el primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, conocido como “El carnicero de Bengala”, causante de la muerte de millones de personas en la India.

miércoles, 27 de mayo de 2026

La rebelión boliviana puede abrir el camino

El gobierno de Rodrigo Paz llegó al poder con votos populares y los traicionó de inmediato. El ajuste, el alineamiento con Trump y el desmantelamiento del Estado plurinacional desataron una huelga política de masas que pone en jaque su gobernabilidad.

Vladimir Mendoza Manjón, Jacobin

Rodrigo Paz asumió el poder ejecutivo a fines de 2025, después de ganar en segunda vuelta con el 54% de los votos a Tuto Quiroga, el candidato de los poderes económicos y los grandes medios. La hazaña electoral fue posible gracias a que Paz y su candidato a vicepresidente recibieron el respaldo de los sectores populares que antes recaía «en bloque» sobre el otrora poderoso Movimiento Al Socialismo (MAS). Paz proviene de una tradición donde amasar poder es para lo único que sirve la política, así que su instinto lo forzó a asumir poses centristas. Pensó cada frase de campaña para diferenciarse de las narrativas de ultraderecha y se esmeró en conectar con los sentidos comunes de las clases populares. Usó esta excepcional oportunidad para llegar al Palacio quemado y fue usado por las masas obreras y campesinas para cerrarle el paso a la ultraderecha.

Rodrigo Paz y la agenda Trump

La intervención militar y el secuestro del presidente de Venezuela, la agresión sostenida sobre Cuba, las intervenciones indisimuladas en el proceso electoral de Honduras y los salvatajes monetarios al gobierno adicto de Argentina posicionan al gobierno norteamericano como un factor determinante en la presente coyuntura latinoamericana.

La intervención de Casa Blanca sobre la política boliviana tiene evidencias públicas desde mediados de 2025, cuando se organizaron reuniones ampliadas entre organismos financieros internacionales, empresarios privados, operadores políticos de la ultraderecha y todos los candidatos del centro hacia la derecha, incluyendo a Rodrigo Paz, para acordar la nueva agenda gubernamental.

Ni bien asumió el gobierno, Paz conformó un gabinete con el personal neoliberal de los partidos tradicionales, anuló con normativa inconstitucional a su vicepresidente (sospechoso de tener alguna sensibilidad hacia los sectores populares), se distanció de los presidentes progresistas de la región y se incorporó, junto a Milei y Bukele, al club de gobiernos dispuestos a viabilizar en el continente la Estrategia de seguridad nacional de Donald Trump.

Los medios de comunicación van a la guerra

Los medios van a la guerra, la preparan, la justifican y se la venden a su público. Medios cómplices, confabulados con el gran capital en contra de los pueblos

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

La guerra es un negocio muy lucrativo para algunos, incluyendo los grandes medios de comunicación. Sumamente famosa es la anécdota del magnate y padre de la prensa amarillista, William Randolph Hearst, el cual ante las quejas de su corresponsal en Cuba durante la Guerra Hispano-cubana de 1895-1895, respondió con un sucinto cable que decía: “Usted ponga las fotos que yo pongo la guerra”. Hearst quería que Estados Unidos interviniera en la guerra contra una muy debilitada España y asegurara el control de Cuba y otras posesiones estratégicas en el Caribe y el Pacífico. Adicionalmente, las noticias sobre la guerra vendían muchos periódicos.

Desde los orígenes del modelo mediático corporativo en Estados Unidos, los medios son una prolongación de la agenda imperialista del país. Históricamente su influencia ha sido usada para manufacturar el consenso en torno a guerras, invasiones y bombardeos. Ellos han fabricado y normalizado la imagen de Estados Unidos como “policía global”, con la potestad de intervenir en cualquier parte en cualquier momento, aunque siempre “en defensa de la democracia”, desde luego. Los medios dan la justificación moral al imperio y también la justificación material imprescindible para sus acciones.

viernes, 15 de mayo de 2026

Los sectores más belicistas de RAND están presionando para que se inicie una acción militar en América Latina.

EEUU utiliza narrativas sobre «amenazas» para justificar su injerencia en los asuntos de otros países

Leonid Savin, Fondsk

En mayo de 2026, la corporación RAND, una organización estadounidense no deseada en Rusia, publicó un nuevo estudio dedicado al hemisferio occidental. Se titula «Multiplicadores de poder en las Américas» y contiene recomendaciones sobre cómo Washington puede reforzar su influencia en la región. RAND es conocida por elaborar, por encargo de los organismos de seguridad, todo tipo de escenarios que luego se utilizan para la toma de decisiones en materia de política exterior. Y en los propios estudios se hace referencia a los imperativos de la seguridad nacional.

En la estrategia de seguridad nacional para 2025, se califica a América Latina como una región que suscita una grave preocupación para los Estados Unidos desde el punto de vista de la seguridad. Esta región ofrece a los Estados Unidos tanto oportunidades prometedoras como serios problemas. Mediante la aplicación de enfoques nuevos e innovadores para la asistencia en materia de seguridad (Security Force Assistance, SFA) o la ampliación de su alcance, los Estados Unidos pueden aprovechar estas oportunidades y mitigar los problemas existentes. Es importante señalar que estos resultados pueden alcanzarse con un coste relativamente bajo, lo que convierte a la SFA en una herramienta valiosa para promover los intereses de los Estados Unidos en América Latina.
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A continuación, los autores describen posibles formas de aprovechar todo el potencial de las actividades del Mando Estratégico de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en América Latina para contrarrestar las amenazas internas, fortalecer las relaciones de colaboración y ampliar la influencia estratégica de los Estados Unidos en la región.

domingo, 5 de abril de 2026

Cincuenta años desde la noche más oscura de Argentina

Jorge Rafael Videla asume el poder tras el golpe de marzo de 1976 en Argentina

Julián Bokser, Counter Punch

Han pasado cincuenta años desde el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, uno de los capítulos más trágicos de la historia reciente de Argentina: una dictadura que combinó el terrorismo de Estado con una transformación estructural de su economía. A lo largo del siglo XX, el país experimentó seis interrupciones de su orden democrático —en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976—, pero el último golpe marcó el comienzo del ciclo más violento. En coordinación con otras dictaduras del Cono Sur y con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, el régimen militar llevó a cabo un plan sistemático de represión, desaparición y disciplina social.

Las cifras sirven para ilustrar la magnitud del horror: 30.000 personas desaparecidas, más de 900 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, alrededor de 500 niños apropiados y casi medio millón de exiliados. Lejos de ser excesos aislados, estos crímenes constituyeron una política de Estado deliberada. No eran desviaciones de un sistema, sino de su lenguaje. La violencia no era un exceso; era el método. La represión se coordinó a escala regional a través de la Operación Cóndor, que integró a Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia en un sistema de persecución transnacional. La violencia no sólo buscaba eliminar a los oponentes: tenía como objetivo desmantelar las organizaciones sociales, debilitar la capacidad de resistencia colectiva e imponer un nuevo orden. La dictadura no sólo cerró la democracia:reconfiguró la estructura productiva del país. El objetivo era sustituir un modelo industrial orientado al mercado interno por uno basado en la especulación financiera, la apertura externa y el endeudamiento.

martes, 24 de febrero de 2026

La “transición” en Venezuela:
más chavismo, no menos


Juan Carlos Monedero, La Iguana

Siempre he pensado que la revolución bolivariana tuvo más éxito en pelear contra el neoliberalismo, que en ese momento estaba en su apogeo, que en superar los problemas estructurales históricos de Venezuela. Tampoco es extraño.

Porque para superar los problemas históricos de un país hace falta, al menos, una generación y, lo que no es un detalle menor, que no tengas a los EEUU poniendo palos en las ruedas. En España se murió Franco hace 50 años y todavía nos huelen los pies a franquismo. La judicatura está llena de franquistas, los partidos de la derecha son franquistas y las principales televisiones son amables con el franquismo. Chávez siempre tuvo una agenda inmediata y otra a largo plazo.

La Venezuela chavista, la que acabó con el analfabetismo, devolvió la dignidad a los barrios, hizo una de las Constituciones más avanzadas del mundo, empezó a cuidar a los ancianos, abrió hospitales, escuelas y universidades, construyó casas para el pueblo, unió al continente con la UNASUR y la CELAC, le devolvió la dignidad al barrio, claro que tiene que seguir avanzando. La compleja situación actual después del 3 de enero sirve para, precisamente, seguir avanzando. Avanzar no significa, como pretende la oposición representada por una señora que se llama a sí misma terrorista y que no ha sido capaz de ganar apenas elecciones en el país, desmantelar los logros alcanzados. Todo lo contrario.

Andan los politólogos, los mismos que han estado enredados durante décadas con la mentira de que la democracia norteamericana era el ejemplo de democracia para el mundo, intentando comparar el momento actual de Venezuela con la España a la muerte de Franco. La Venezuela asediada por el ejército más poderoso del mundo -y que además posee armas nucleares que podría usar-, con la España de la Transición, intentando encontrar justificaciones para ocultar el hecho incontrovertido y más relevante: el presidente constitucional Nicolás Maduro, y la diputada y primera dama Cilia Flores, han sido secuestrados por otro país en una declaración de guerra de facto.

lunes, 9 de febrero de 2026

Cuba está en peligro

Cuba enfrenta hoy una ofensiva contrarrevolucionaria abierta. En nombre del «malestar social», Washington apuesta a provocar una implosión interna para consumar la recolonización de la isla. Defender a Cuba no es una opción moral, sino una obligación política de la izquierda,

Valerio Arcary, Jacobin

La situación en Cuba ha empeorado cualitativamente tras el ataque del pasado 3 de enero a Venezuela y el consiguiente secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. La interrupción de los suministros a Cuba de petróleo venezolano se ha visto en parte compensada por México, pero la decisión y la capacidad de ese país de seguir enviando petróleo a Cuba se ven hoy amenazadas. Trump apuesta a que apretando las tuercas del estrangulamiento económico de la isla se podrá atizar las llamas del malestar social y ya ha pronosticado el inminente colapso del gobierno cubano. La prensa estadounidense ha difundido declaraciones extraoficiales de funcionarios de la administración de Washington según las cuales existiría un plan para derrocar al gobierno de Cuba a más tardar a finales de 2026. En sus provocaciones, Trump llegó al extremo de declarar que Marco Rubio, actual Secretario de Estado y proveniente de una familia de origen cubano, podría ser un buen candidato para la presidencia de Cuba. Esta dramática avalancha plantea un desafío estratégico para la izquierda mundial, en especial la latinoamericana. La defensa de Cuba frente al imperialismo es cuestión de principios. El proyecto de derrocamiento del gobierno cubano es de naturaleza contrarrevolucionaria. La caída de ese gobierno sería una derrota histórica cuyo impacto podría compararse sólo con el derrumbe de la URSS en 1991. La restauración del capitalismo en Cuba sería despiadada y el país se convertiría una vez más en una semicolonia; o peor, en un protectorado estadounidense, similar al que existe en Puerto Rico, desenlace devastador para toda América Latina.

La situación interna de Cuba es de una inmensa penuria, lamentablemente cada vez más parecida a la de los años noventa del llamado «Período especial» que sobrevino al derrumbe de la URSS. Apagones de varias horas al día castigan a la población de la isla y ni siquiera las grandes ciudades se libran de ese flagelo. La escasez es generalizada, lo mismo de alimentos que de medicinas. La mayoría de la población vive en condiciones materiales de sacrificio. En 2024, Cuba solicitó ayuda al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, habida cuenta de la incapacidad para satisfacer por medios propios agudas necesidades nutricionales de los niños. Según estimaciones, la pandemia de Covid-19 hizo que la economía cubana se contrajera en más del 10% del PIB. La crisis sanitaria ha reducido casi a la nada el turismo y ha agravado la escasez de divisas fuertes —dólares y euros— esenciales para financiar importaciones y controlar la inflación. Desde 2020, cerca de un millón de cubanos han abandonado la isla en su lucha por la supervivencia.

viernes, 6 de febrero de 2026

El imperialismo estadounidense frente a la Revolución Cubana

El imperialismo resulta impotente para erradicar la idea de revolución cuando esta se ha convertido en conciencia colectiva y en praxis histórica indeleble

Tannous Shalhoub, Al Mayadeen

No es posible abordar la política estadounidense hacia Cuba al margen del análisis del imperialismo en tanto fase superior del desarrollo del capitalismo, en el cual el Estado nacional deja de ser un mero actor político para convertirse en un instrumento orgánico al servicio de la reproducción de la hegemonía de clase a escala planetaria.

El bloqueo impuesto a Cuba desde hace más de seis décadas constituye una práctica paradigmática de la lógica imperialista, destinada a castigar cualquier intento de ruptura con las relaciones de dependencia inscritas en el sistema capitalista global.

La Revolución Cubana representó un momento de quiebre radical con el patrón de acumulación dependiente, pues no se limitó a transformar el poder político, sino que afectó la propia estructura económica mediante la expropiación de las grandes propiedades, la disociación relativa del mercado estadounidense y la reorientación de la plusvalía hacia la satisfacción de necesidades sociales internas.

Desde entonces, Cuba se erigió como una "anomalía" dentro de la racionalidad imperialista, no por su envergadura territorial o su potencia militar, sino por su densa significación en términos de clase y soberanía.

jueves, 8 de enero de 2026

La guerra de Trump contra América Latina debe detenerse

El ataque a Venezuela señala una nueva fase del poder estadounidense en América Latina, definida por la coerción, la intimidación y la intervención sin límites.

Branko Marcetic, Jacobin

Toda esperanza de que Donald Trump fuera un presidente «antibélico» se evaporó casi tan pronto como ganó la elección de 2024, cuando llenó su administración de una camarilla de belicistas. Después de un año en el que Trump respaldó la guerra de Israel contra Irán, se dedicó a volar embarcaciones en aguas internacionales y, ahora, atacó a Venezuela y secuestró a su líder, esa esperanza salió despedida por un acantilado y se estrelló contra las rocas del fondo.

No hace falta decir que la operación de cambio de régimen que lleva adelante Trump en Venezuela es brutal, peligrosa y descaradamente ilegal, aunque obviamente es todo eso y más. Es ilegal en múltiples niveles: una violación clara del derecho internacional, por supuesto, pero también el último ejemplo de Trump limpiándose los zapatos, con total desparpajo, en la Constitución de Estados Unidos. Pese a lo que afirma el vicepresidente J. D. Vance, no existe ningún resquicio legal que invalide mágicamente la Cláusula de Poderes de Guerra de ese texto en el caso de que el Departamento de Justicia impute a un líder extranjero.

Esas acusaciones por narcotráfico, dicho sea de paso, no tienen nada que ver con lo que Trump acaba de hacer, aunque sin duda vamos a oír hablar de ellas sin parar en las próximas semanas. Como señalaron largamente diversos analistas, Venezuela casi no tiene relación con el flujo de cocaína hacia Estados Unidos. Y Trump se esforzó de manera casi cómica por socavar su propio argumento, al indultar hace apenas unas semanas a un expresidente latinoamericano condenado por narcotráfico y al divagar públicamente sobre cuánto le gustaría meter mano en las reservas petroleras de Caracas. Ahora prácticamente se relame ante el festín que, según él, van a darse «nuestras muy grandes empresas petroleras estadounidenses» cuando se «involucren muy fuertemente» en la industria petrolera venezolana.

domingo, 4 de enero de 2026

Venezuela y el retorno de la guerra imperial a América Latina

La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos contra Venezuela en la madrugada del 3 de enero marca un punto de inflexión histórico en la relación entre Washington y América Latina

Pedro Perucca, Jacobin

Los bombardeos sobre el territorio venezolano y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa confirman que la administración estadounidense de Donald Trump ha optado por una escalada guerrerista abierta, abandonando cualquier vestigio de contención diplomática. No se trata de un episodio aislado ni de una reacción coyuntural, sino de una redefinición estratégica del lugar que Estados Unidos asigna a la región en el nuevo orden imperial en disputa. Aunque el repliegue hemisférico de los Estados Unidos, en el marco de su disputa geopolítica con China y Rusia, anticipaba malas noticias para la región, la dimensión de la actual ofensiva militar contra Venezuela implica una escalada bélica inédita en más de cuatro décadas, que encendió las alarmas democráticas de todo el continente.

Como se venía propalando desde hace meses, el objetivo declarado de la Casa Blanca era el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. Trump nunca le ofreció una negociación real al poder venezolano: la única «salida» planteada fue la rendición incondicional. Y aunque Estados Unidos no estuviera en condiciones de desplegar una invasión terrestre clásica, como en Irak o Afganistán, tampoco estaba dispuesto a retroceder, apostando en cambio por un despliegue militar sin precedentes en las inmediaciones de Venezuela. En las últimas horas los escenarios alternativos anticipados —bombardeos selectivos, operaciones encubiertas contra la dirigencia chavista o una combinación de ambas— dejaron de ser hipótesis y los alertas se convirtieron en una gravísima realidad.

Las justificaciones esgrimidas por Trump para esta ofensiva no resisten el menor análisis. La acusación de que Maduro encabeza una red internacional de narcotráfico ya fue considerada como absurda incluso en ámbitos diplomáticos poco sospechosos de simpatía por el gobierno de Caracas. El argumento de la «dictadura» chavista se derrumba frente al respaldo incondicional de Washington a regímenes abiertamente despóticos, como el de Arabia Saudita. La apelación a una supuesta «crisis humanitaria» resulta de un cinismo extremo cuando proviene de un país que viene apoyado políticamente, financiando y armando al gobierno israelí para que pueda continuar con el genocidio en Gaza (que continúa a toda marcha, pese al supuesto «cese el fuego»). Y el argumento de que Venezuela constituye una amenaza estratégica por su relación con Rusia, China o Irán es tan desproporcionada que roza lo grotesco.

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