Ahora podemos preguntarnos: ¿Dónde están las burguesías nacionalistas? No busque, hace décadas que han desaparecido, si alguna vez existieron
Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada
Tras los resultados electorales en Perú, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Honduras y Bolivia, podemos afirmar que las burguesías nacionales son una quimera. Si agregamos Argentina, Paraguay, El Salvador y Panamá, el panorama es desolador. Los países citados tienen en común regímenes reaccionarios producto de la unión de las derechas mundiales bajo el paraguas de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), donde sobresale la Red Atlas, think tank que unifica la producción ideológica en su guerra cultural contra la democracia y las alternativas populares.
Entre elefantes, leones y tigres anda el juego. Los burros parecen seguir la estela. Los nuevos gobiernos cohesionan a los diferentes sectores de las clases dominantes en un solo objetivo, recuperar el poder formal y convertirse en neocolonias de EEUU. Sus triunfos no serían posibles sin su intervencionismo explícito, además de contar con la administración Trump.
Allá por los años 60, las ciencias sociales del continente solían diferenciar entre las plutocracias ligadas al imperialismo y una burguesía nacional partícipe del desarrollo interno, promotora de la industrialización y, por si fuera poco, con tintes antiimperialistas. Economías de enclave o con control nacional de la producción. Así clasificaron Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, en Dependencia y desarrollo en América Latina, la distancia que separaban las oligarquías de las burguesías nacionalistas. Hoy, sin distinción, todos a una, piden la intervención extranjera para mantener sus privilegios de clase.



















