Daniel Matamala, La Tercera
Mario Vargas Llosa no solo fue uno de los más grandes novelistas de nuestra lengua. Fue, además, un político y comentarista de derecha.
Pero no de cualquier derecha. Vargas Llosa abogaba por una derecha liberal, tanto en lo económico como en los derechos individuales, y democrática, distante a cualquier dictadura.
Como tal, Vargas Llosa condenó tanto las dictaduras de izquierda, partiendo por Cuba, como las de derecha, incluyendo al régimen de Pinochet.
En nuestro país fue muy cercano a Sebastián Piñera, a quien apoyó en cada una de sus campañas. Pero solía perder la paciencia ante la atracción de algunos políticos chilenos por el régimen de Pinochet y sus crímenes.
Célebre es su indignada respuesta al polemista libertario Axel Kaiser cuando en 2018 este intentó distinguir entre dictaduras malas, de izquierda, y “menos malas, por no decir mejores” como la de Pinochet. “Esta pregunta yo no te la acepto. No, las dictaduras son todas malas”, dijo enfático el novelista, quien agregó que “algunas pueden traer beneficios económicos a ciertos sectores, pero el precio que se paga por eso es intolerable e inaceptable (...) Todas las dictaduras son inaceptables”.
“Esta es la reacción que quería provocar”, musitó un desconcertado Kaiser. Vargas había demostrado la diferencia entre un verdadero liberal y estos autodenominados “libertarios”, que se llenan la boca con la palabra “libertad” pero están dispuestos a hacerse los lesos ante la más atroz represión de las libertades del individuo por parte del Estado (el secuestro, la tortura, el asesinato) cuando conviene a sus bolsillos.
Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
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domingo, 20 de abril de 2025
martes, 15 de abril de 2025
Las dos caras de Mario Vargas Llosa
De la denuncia de los crímenes y torturas en la Argentina de Jorge Videla, a la admiración manifiesta hacia Jair Bolsonaro, Keiko Fujimori y Javier Milei
Jano Luna, La Haine
Ha fallecido el Premio Nobel peruano, que en 2023 anunció que deja de producir narrativa y periodismo. Un género, el primero, que le ha elevado a los altares de la idolatría literaria. En cambio, los artículos publicados en El País a partir de 1990, le han llevado a controversias por su deslizamiento ideológico desde el comunismo juvenil hasta la extrema derecha. O, más gráficamente, de la denuncia de los crímenes y torturas en la Argentina de Jorge Videla, a la admiración manifiesta hacia Jair Bolsonaro, Keiko Fujimori (de quien pasó de llamarla "cáncer terminal" a decirle "mal menor" del Perú) y Javier Milei.
Su obra pendiente y postrera pudiera ser un ensayo sobre Jean Paul Sartre. Epílogo a su vez de 'Entre Sartre y Camus', publicada en 1981 en la transición del genio de Arequipa a excelente prosista de argumentos menores. Con la excepción --afirman sus críticos-- de olvidable 'La fiesta del chivo' en el año 2000.
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa ha cumplido los 89 con una notable estatura de 178 centímetros para el común de su generación. Entrado en la cuarta edad, reconoce lagunas en la memoria y agobios para cumplir la entrega de sus artículos. Su mirada sin brillo es la de un abuelo en busca de sosiego, aunque no renuncie a los oropeles mundanos que siempre le han satisfecho.
Millonario en comparación a la mayoría inmensa de sus colegas, Vargas Llosa ha recibido todos los premios y distinciones imaginables. Dejará de percibir el millón y medio de euros anticipados por cada nueva novela, tal vez con alivio por parte de la editorial Alfaguara. Sus últimas obras --con calidad decreciente-- sufrían crisis de ventas.
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lunes, 9 de diciembre de 2019
El evasor fiscal Mario Vargas Llosa alucina la catástrofe neoliberal de Chile
Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada
A sus 83 años, el cacofónico palafrenero del agónico neoliberalismo global Mario Vargas Llosa se especializa en el blanqueo en los paraísos fiscales y en su vulgar evasión tributaria. Hace tres años, Vargas Llosa, de doble nacionalidad peruano-español, fue atrapado con sus cuentas espurias en los Panama Papers (https://bit.ly/2Pjmz2k). Ahora, Vargas tiene una deuda con la Dependencia Regional de Recaudación Especial de Madrid por 2.1 millones de euros, ¡Vargas Llosa no paga impuestos!
Para lidiar con el fisco, el escritor hipotecó su casa, que no tiene a su nombre, sino al de una sociedad holandesa Jurema BV, de la que es accionista mayoritario. Lo más bizarro es que dicha sociedad holandesa tiene un activo de 1.5 millones de euros, que es menor a su adeudo de 2.5 millones de euros con la Hacienda española (https://bit.ly/369mDIJ).
El felón Vargas Llosa opera la técnica fraudulenta del sándwich holandés: donde Holanda queda en medio como el queso del sándwich cuando los dividendos salen legalmente de España a una sociedad holandesa, donde no tributan y de ahí pagando sólo 2 por ciento van a un paraíso fiscal como las Antillas Holandesas, sin dejar rastro alguno.
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sábado, 7 de diciembre de 2019
Mario Vargas Llosa, cada vez más devaluado, cada vez más mentiroso
Atilio A. Boron, Rebelión
Mario Vargas Llosa definió una vez el oficio del escritor como el de alguien que escribe mentiras que parecen verdades. Tal es el empecinamiento con que el novelista ha cultivado esta práctica que se le ha vuelto costumbre cada vez que se interna en la crónica o el ensayo político. El más reciente ejemplo de esta malsana actitud lo ofrece su nota “El fin de Evo Morales”, publicada en El País de Madrid el 1º de Diciembre y en donde da rienda suelta a su odio visceral contra el depuesto presidente boliviano [1]. Enumerar y refutar cada una de las mentiras volcadas en ese artículo me obligaría a escribir otro libro, y la verdad es que con uno ha sido suficiente. Es una figura cada vez más devaluada porque sus silencios ante las masacres perpetradas por sus amigos Piñera y Duque y, ahora, el brulote lanzado en contra de Evo Morales han tenido la virtud de mostrar que tras la máscara amable de un liberal “aggiornado” se encuentra un energúmeno reaccionario, racista y ganado por el odio. Por eso seré breve en la enumeración de sus mentiras.
Primera, cuando dice que “los bolivianos se han librado de él no porque sea “indio” (que no lo es, nos dice)” y, además tampoco “es el primer presidente indígena en la historia de Bolivia... y que Bolivia ha tenido varios presidentes indígenas (algunos dictadores), como Perú, México, Ecuador y Guatemala.” Dado que la antropología y en general las ciencias sociales no son precisamente su fuerte el escritor cree que cualquier gobernante de tez morena es un indio, con lo cual la galería de presidentes indígenas de Latinoamérica y el Caribe sería interminable. Pero lo cierto es que hubo un solo caso anterior al de Evo: Benito Juárez, indígena zapoteca que llegó a ser presidente de México. Pero nadie más. No sólo en ese país sino en Meso y Sudamérica. Por otra parte sólo una mente ofuscada por el odio amalgamado con una maligna conveniencia política puede negarle a Evo su condición de indígena. Es que para un señorito de la decadente e hipercolonizada aristocracia arequipeña un indio es un homínido que corre semidesnudo por las sierras cazando conejos. Si habla, razona, persuade y se convierte en un referente político nacional e internacional no puede ser un indio, tiene que ser otra cosa. Según sus palabras: “un mestizo cultural como lo somos buena parte de los latinoamericanos, en muy buena hora.” O sea, Vargas Llosa y Evo Morales están milagrosamente hermanados gracias a la magia del mestizaje cultural.
jueves, 28 de marzo de 2019
Vargas Llosa, el fabulador
Atilio Borón, Pagina 12
Pocas dudas caben sobre la calidad de Mario Vargas Llosa como narrador. Si bien sus obras más recientes no tienen el mismo espesor literario de las que les precedieron, el peruano sigue siendo un notable escritor. Pero como lo he demostrado en un libro de muy próxima aparición, El Hechicero de la Tribu, su talento como analista político, siendo benévolos diríamos que no supera la mediocridad. Claramente el análisis político no es lo suyo porque ni conoce las teorías y, mucho menos, la metodología; su mundo, en el cual navega con maestría, es la ficción. Y como él mismo lo ha dicho más de una vez, un escritor es alguien que escribe mentiras que parecen verdades. La elegancia y precisión formal de su escritura, acompañada a menudo por un énfasis rayano en el fanatismo cuando trata asuntos políticos o ideológicos, ejerce una poderosa seducción sobre sus lectores.
Embriagado por su propio discurso Vargas Llosa traspasa con absoluta desaprensión los límites de la ficción, se interna en el análisis político y allí, en ese terreno resbaladizo y por momentos traicionero, descerraja a diestra y siniestra afirmaciones atrabiliarias cuando reacciona ante fenómenos o ideologías políticas que se encuentran en las antípodas de sus creencias. Por eso, el colombiano César Gaviria, quien fuera Secretario General de la OEA antes de que, bajo la conducción de Luis Almagro, esta institución se hundiera en imborrable ignominia, dijo que “A veces al leer a don Mario tengo la impresión de que su capacidad de análisis político es proporcionalmente inversa a sus logros literarios, y debería oír con más frecuencia el refrán que a todos nos enseñaron de chicos: "zapatero a tus zapatos". (Cf. El País, España, 18 junio del 2000)
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