La transición de la hegemonía blanda a la violencia manifiesta, revela una crisis estructural de un orden que, ya es incapaz de disciplinar a sus periferias
Tannous Shalhoub, Al Mayadeen
La agresión de Estados Unidos contra Venezuela no constituye un episodio aislado ni una reacción espontánea en el devenir de la política internacional, sino la culminación de una lógica imperial integral que se reproduce con renovada intensidad cada vez que el sistema capitalista global ingresa en una nueva fase de crisis.
Lo acontecido en Caracas no es, sino la expresión más flagrante del retorno del imperialismo a sus herramientas más descarnadas: la fuerza militar directa y la imposición de realidades mediante la coacción.
Desde hace años, Venezuela está sometida a un asedio económico asfixiante, a sanciones metódicas, así como a guerras psicológicas y mediáticas bajo el pretexto de la “democracia” y los “derechos humanos”.
Cuando estos instrumentos fracasaron en someter al Estado y desmantelar su estructura, el imperialismo estadounidense recurrió a lo que Lenin definió como la barbarie: una etapa inherente y natural en la evolución del imperialismo, no una desviación patológica respecto a su esencia.
De hecho, la transición de la hegemonía blanda a la violencia manifiesta, revela una crisis estructural de un orden que, ya incapaz de disciplinar a sus periferias mediante
- los mecanismos del mercado,
- las instituciones internacionales,
- el bloqueo económico o la subversión interna,
- apela directamente a los aviones, los misiles
- y los golpes de Estado.





