Una caída del mercado en Estados Unidos, exacerbada por una crisis energética, podría suponer un desastre para las aspiraciones de Trump en las elecciones de noviembre
Alastair Crooke, Strategic Culture
Cuando la Armada estadounidense, en coordinación con Qatar y Omán, intentó la semana pasada introducir un convoy de cuatro buques por el estrecho de Ormuz, a través de aguas omaníes, en lugar de utilizar la ruta oficialmente aprobada por Irán, Trump pudo haber imaginado (o le dijeron) que, con el multitudinario funeral del difunto líder supremo Ali Khamenei en marcha, Irán no reaccionaría ante el intento de la Armada estadounidense de abrir un corredor aéreo. Sin embargo, Trump malinterpretó la indirecta iraní: Ormuz es su «arma atómica». Irán no la abandonará.
Trump insiste —en clara contradicción con los términos establecidos en el párrafo cinco del Memorando de Entendimiento— en que Irán no tiene derecho a interferir con ningún barco que intente transitar por el Estrecho de Ormuz. No obstante, Irán actúa dentro de los términos del marco de desescalada acordado y ha advertido repetidamente que atacará a cualquier embarcación que eluda el mecanismo de control iraní.
Irán respondió directamente al desafío de Trump al control iraní del estrecho atacando dos buques con misiles y un tercero con un dron armado. Un cuarto petrolero de propiedad catarí, cargado con gas natural licuado, fue incendiado, lo que obligó a su tripulación a abandonar la embarcación.



















