Solo nos queda esperar que la escalada interminable se calme y que el regreso de la política de las grandes potencias encuentre un equilibrio sostenible
Lorenzo Maria Pacini. Strategic Culture
Una era sin reglas
Cualquiera que observara la escena internacional en el verano de 2026 tendría dificultades para reconocer el orden liberal que, durante un cuarto de siglo, se había presentado como el horizonte natural de la política mundial.
En el lapso de unas pocas semanas, se ha debatido abiertamente la posibilidad de utilizar armas nucleares tácticas contra Irán, un país que carece de arsenal nuclear; Rusia ha amenazado con atacar objetivos militares británicos «en Ucrania y más allá»; la Unión Europea ha reactivado planes para movilizar activos soberanos rusos congelados a fin de financiar a Kiev; y Washington ha reclamado el control sobre un estrecho internacional como si se tratara de territorio nacional.
La sensación generalizada —la de un sistema que ha dejado de reconocer cualquier tipo de restricción— no se debe a una pérdida repentina de la razón por parte de los funcionarios de gobierno. Se debe a un cambio estructural que las élites occidentales han tardado en comprender y que, en gran medida, siguen negando.
La interpretación más clara de este cambio la ofreció John Mearsheimer en una reciente entrevista con el profesor Glenn Diesen.
El punto es sencillo e igualmente incómodo:
El desorden actual es el resultado combinado de una transición sistémica —de la unipolaridad a la multipolaridad— y de la persistencia de problemas heredados precisamente de la época en que Estados Unidos era la única superpotencia mundial.Cualquiera que quiera entender por qué hoy en día la gente habla con tanta ligereza de límites que eran sacrosantos durante la Guerra Fría debe tener en cuenta estas dos dimensiones.

