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domingo, 6 de septiembre de 2026

La escalada descontrolada y el regreso de la política del poder

Solo nos queda esperar que la escalada interminable se calme y que el regreso de la política de las grandes potencias encuentre un equilibrio sostenible

Lorenzo Maria Pacini. Strategic Culture

Una era sin reglas

Cualquiera que observara la escena internacional en el verano de 2026 tendría dificultades para reconocer el orden liberal que, durante un cuarto de siglo, se había presentado como el horizonte natural de la política mundial.

En el lapso de unas pocas semanas, se ha debatido abiertamente la posibilidad de utilizar armas nucleares tácticas contra Irán, un país que carece de arsenal nuclear; Rusia ha amenazado con atacar objetivos militares británicos «en Ucrania y más allá»; la Unión Europea ha reactivado planes para movilizar activos soberanos rusos congelados a fin de financiar a Kiev; y Washington ha reclamado el control sobre un estrecho internacional como si se tratara de territorio nacional.

La sensación generalizada —la de un sistema que ha dejado de reconocer cualquier tipo de restricción— no se debe a una pérdida repentina de la razón por parte de los funcionarios de gobierno. Se debe a un cambio estructural que las élites occidentales han tardado en comprender y que, en gran medida, siguen negando.

La interpretación más clara de este cambio la ofreció John Mearsheimer en una reciente entrevista con el profesor Glenn Diesen.

El punto es sencillo e igualmente incómodo:
El desorden actual es el resultado combinado de una transición sistémica —de la unipolaridad a la multipolaridad— y de la persistencia de problemas heredados precisamente de la época en que Estados Unidos era la única superpotencia mundial.
Cualquiera que quiera entender por qué hoy en día la gente habla con tanta ligereza de límites que eran sacrosantos durante la Guerra Fría debe tener en cuenta estas dos dimensiones.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Cómo Rusia puede ganar una nueva guerra mundial

Aumentar la credibilidad de la amenaza de armas nucleares es necesario para despertar a Occidente de su «parasitismo estratégico»: la certeza de que la guerra no ocurrirá, de que «todo estará bien»

Serguéi Karaganov, La Haine

El vertiginoso flujo de acontecimientos, que se superponen y se anulan mutuamente, resulta confuso y dificulta la comprensión de la esencia de lo que está sucediendo. Intentaré interpretar el curso de la historia basándome en mi experiencia y conocimientos.

Ha comenzado una guerra mundial en toda regla. Sus raíces se remontan a 1917, cuando la Unión Soviética se independizó del sistema capitalista. Primero, los invasores nos atacaron, luego la Alemania nazi (y casi toda Europa) nos volvieron a atacar pero, esta vez fueron derrotados. La segunda fase comenzó en la década de 1950, cuando los pueblos de la URSS, a costa de enormes privaciones, en su lucha por garantizar su soberanía y seguridad, crearon una bomba nuclear y lograron la paridad nuclear con EEUU.

Al hacerlo, sin darnos cuenta en aquel momento, socavamos los cimientos de cinco siglos de dominio ideológico europeo/occidental, que les no había permitido saquear al resto del mundo y reprimir a las civilizaciones más avanzadas. Estos cimientos eran la superioridad militar, sobre la cual se basaba el sistema de explotación de toda la humanidad.

Desde mediados de la década de 1950, Occidente ha sufrido una derrota militar tras otra. La liberación nacional de la humanidad ha comenzado, junto con la nacionalización de los recursos acaparados por los países occidentales y sus corporaciones. El equilibrio de poder global ha empezado a inclinarse a favor de los países no occidentales.

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