Esta es la guerra de la nación con todas sus corrientes y clases populares oprimidas contra un amplio espectro de enemigos imperialistas, sionistas y reaccionarios, y por ello, la acumulación de logros y derramamiento de sangre anteriores continúa a través de la construcción organizativa, intelectual y política a nivel nacional
Mowafaq Mahadin, Al Mayadeen
Desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Medio Oriente se convirtió en un Heartland meridional junto al Heartland euroasiático donde se decide el destino del mundo y donde Medio Oriente cobra una importancia creciente por (el surgimiento de la entidad sionista y la relevancia del petróleo), la región presenció confrontaciones regionales e internacionales sangrientas, entre las que destacaron cuatro guerras.
La primera fue la guerra de junio de 1967, que dirigió la alianza sionista-estadounidense junto con la reacción petrolera para frenar el control nasserista sobre los puertos y las puertas del Heartland meridional, entre ellos Suez, Bab El Mandeb y el litoral sirio, y la pugna por Ormuz con el régimen agente del Sah.
La segunda fue la guerra de Tishrín (octubre) de 1973, que Abdel Nasser planificó antes de su fallecimiento y que consistió en el ataque de los ejércitos egipcio y sirio para repeler la agresión y expulsarla de los territorios que el enemigo ocupó en 1967.
La tercera fue la guerra Irak-Irán, cuyo fin fue golpear el eje que se formó tras la Revolución iraní y el golpe de izquierda en Afganistán, así como tras el memorando de entendimiento entre los presidentes sirio e iraquí (Al Bakr y Hafez Al Assad), y frente al ascenso del movimiento nacional libanés armado contra la agresión sionista, en alianza con la resistencia palestina.
