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martes, 6 de octubre de 2026

"¡Déjenme morir con los filisteos!": la psicosis nuclear israelí es tan real como el cambio climático

Sansón derriba las columnas del templo. Gustavo Doré. 1866


Michael Leonardi, Counter Punch

La opción Sansón no es una metáfora en la que tropezó Israel. Es una doctrina que se llama suicidio. En el Libro de los Jueces, Sansón, cegado y encadenado, pide morir con los filisteos y derriba el templo sobre la multitud y sobre sí mismo. Los estrategas israelíes tomaron ese verso y lo hicieron política: si el Estado cree que está a punto de caer, no caerá solo. Seymour Hersh lo hizo público en 1991. Ben-Gurion, Peres, Eshkol y Dayan ya habían estado viviendo con la idea desde mediados de la década de 1960. La bomba en el sótano nunca fue solo un escudo. Era una amenaza de derribar la casa.

Esa es la parte en la era nuclear que el Tratado de No Proliferación (TNP) debía prohibir, y que Washington durante sesenta años ha fingido no ver.

Israel nunca firmó el TNP. Es el único estado con armas nucleares que todavía se niega a admitir que lo es. La línea oficial, acuñada bajo Levi Eshkol, es que Israel «no será el primero en introducir armas nucleares en Oriente Medio». La segunda cláusula implicita siempre ha sido que tampoco será la segunda. Avner Cohen llamó a la postura amimut – opacidad. Golda Meir y Richard Nixon la sellaron en 1969. No preguntes. No lo digas. Deja que Dimona pase como un reactor de investigación. No inspeccione los pasillos donde se fabrican las ojivas. No ponga a Israel en la misma linea que India y Pakistán. El resultado es un arsenal estimado por la Federación de Científicos Americanos y el SIPRI (Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo) de unas noventa ojivas, con material fisible para más, lanzable por misiles, aviones y submarinos, un segundo ataque después de que el país sea cenizas o un primer ataque cada vez más probable basado en el mantra intensificado de la victimización eterna. Otras estimaciones han sido mucho más altas. El número preciso es un secreto que los Estados Unidos acordaron mantener. La cuestión no merece una sesión informativa.

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