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sábado, 17 de octubre de 2026

Chomsky, Said, Falk: Tres titanes y la desaparición del intelectual público progresista

Mural de Edward Said en la Universidad de San Francisco

Daniel Warner, Counter Punch

Noam Chomsky, Richard Falk y Edward Said nacieron en 1928, 1930 y 1935, respectivamente. Cada uno, a su manera, dominó un campo académico diferente, al tiempo que se convertía en influyente crítico político a nivel mundial. Ya fuera por su oposición a la guerra de Vietnam, sus advertencias sobre los peligros de la proliferación nuclear o sus cuestionamientos a la visión occidental del mundo árabe, cada uno dejó un legado destacado en el ámbito académico y más allá.

Los breves resúmenes de sus trayectorias profesionales que siguen no hacen justicia a la amplitud de su erudición y compromiso político. Mi propósito aquí no es repasar todo lo que escribieron y lograron, sino preguntarme qué nos revelan sus trayectorias sobre lo que hoy echamos de menos.

¿Qué sucede con un país cuando sus universidades dejan de producir, tolerar o brindar una plataforma pública a intelectuales que desafían sus supuestos políticos dominantes? ¿Dónde están hoy los Chomsky, Said y Falk? ¿Quién ofrece ahora la misma combinación de autoridad intelectual, independencia política y proyección pública?

Cada uno de los tres combinó el éxito académico con una influencia que trascendió las aulas. Chomsky, por ejemplo, fue un lingüista de renombre mundial que se convirtió en un destacado crítico de la política exterior estadounidense. En el MIT, su principal cargo académico fue en lingüística, no en ciencias políticas. Si bien impartió cursos sobre temas sociales y políticos, como «Intelectos y cambio social» , nunca formó parte del Departamento de Ciencias Políticas del MIT.

viernes, 6 de marzo de 2020

Cómo puede esquivar su muerte la Filosofía

Es difícil desprenderse de la sensación de fatiga e irrelevancia que envuelve en ocasiones la labor filosófica. A día de hoy, a muchos se les antojará imposible que la Filosofía siga el ritmo de las Ciencias Naturales y aporte algo valioso al universo del conocimiento humano, donde solo mediante la especialización parece factible obtener logros reales, avances robustos en la senda del saber


Carlos Alberto Blanco, The Conversation

En su libro El gran diseño, escrito junto a Leonard Mlodinov, Stephen Hawking sentenciaba: “La Filosofía está muerta”. ¿Es cierto? ¿Tenía razón el eminente físico británico? ¿Cabe decir que la Filosofía ha sido completamente superada por el desarrollo de las ciencias empíricas, cuyos incuestionables progresos le habrían arrebatado el monopolio de la reflexión sobre las cuestiones más profundas del pensamiento humano?

De ser así, ¿en qué condiciones podríamos esperar un renacimiento futuro de la Filosofía, si es que la defunción de esta disciplina no ha de considerarse un fenómeno irreversible, sin visos de resurrección venidera?

Es difícil desprenderse de la sensación de fatiga e irrelevancia que envuelve en ocasiones la labor filosófica. A día de hoy, a muchos se les antojará imposible que la Filosofía siga el ritmo de las Ciencias Naturales y aporte algo valioso al universo del conocimiento humano, donde solo mediante la especialización parece factible obtener logros reales, avances robustos en la senda del saber.

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