En el discurso del 3 de julio del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los EEUU fue el mismo Trump quién lo puso en el centro, cuando dijo: “Puedes ser leal a Karl Marx o puedes ser leal a Estados Unidos”. De nuevo, “un fantasma recorre el mundo…” tras el fracaso de las experiencias del progresismo, del “socialismo del siglo XXI», y de las corrientes identitarias que dominaron el programa político de la izquierda estos últimos años
Roberto Laxe, Rebelión
El “renacer de Marx” está ligado a la búsqueda de alternativas a la profundísima crisis que sufre el capitalismo imperialista, especialmente en la que fue la potencia hegemónica estos 80 años, los EEUU, y se sitúa a cuarenta años del descubrimiento de que tras el Muro de Berlín no había socialismo, y que el “marxismo” allí defendido era una religión laica al servicio de la legitimación de una casta burocrática en el poder.
Por ello el “Marx” que renace, no es ni puede ser lo que se conoce como el “marxismo ortodoxo” establecido en la URSS de Stalin, a través de la Academia de las Ciencias de Moscú, su Sanedrín.
Comencemos
No es baladí la diferenciación en el titular, puesto que el desarrollo de la tesis implícita nos pone ante dos perspectivas; si el estudio se centra en Marx como individuo que hizo aportaciones a amplios sectores del conocimiento humano, la tendencia será a unas conclusiones academicistas. Se estudiarán sus “luces y sus sombras” al margen del objetivo político que el propio Marx tenía, la construcción de una política y una organización revolucionaria para la transformación socialista de la sociedad, a cuyo servicio dedicó todos sus esfuerzos de estudio.
Esto nos lleva de cabeza al segundo aspecto. Cierto es que Marx afirmó que “él no era marxista”; y de alguna manera no engañaba, el marxismo es mucho más que el propio Marx. La dialéctica materialista, el materialismo histórico y la crítica de la economía política no son, como diría él mismo, “rayos en cielo sereno”; sino que son un salto cualitativo en el conocimiento humano, del que Marx, y su compañero Engels, son herederos.
