Quinn Slobodian, Sin Permiso
[Este texto es el prólogo de la traducción norteamericana del libro de Pierre Dardot, Haud Guéguen, Christian Laval y Pierre Sauvêtre, The Choice of Civil War, Neoliberal Strategy and the Politics of the Enemy, Verso, 2026. La traducción ha sido realizada por Evelyne Méziani-Laval.
Al final de Le choix de la guerre civile, Pierre Dardot, Haud Guéguen, Christian Laval y Pierre Sauvêtre mencionan un encuentro entre Napoleón y Goethe en 1808. Según se dice, Napoleón habría afirmado: «¿Por qué siempre hablan del destino? El destino es la política». Esta frase caló hondo y el industrial alemán Walter Rathenau la retomó en la década de 1920 transformándola en: «La economía es el destino». Tras la Segunda Guerra Mundial, Ludwig Erhard, ministro de Economía de Alemania Occidental y figura clave en la puesta en marcha de una primera versión alemana del neoliberalismo de la posguerra, utilizó esta misma fórmula: «La economía es el destino».
Esta reformulación refleja bien la oposición habitual entre el neoliberalismo y sus adversarios. Hay quien sostiene que existe «la ley de la economía», en nombre de la cual burócratas irresponsables e instituciones financieras dirigidas por algoritmos determinan nuestro destino según principios abstractos extraídos de las ciencias sociales; mientras que otros se niegan a estar sujetos a las fuerzas del mercado y sobrevaloran el Estado, la soberanía y el poder de un líder carismático, lo que equivale a decir: el regreso de lo inesperado. Esta alternativa nos remite a las ideas que circulan desde hace una década. Se oye hablar del regreso de los hombres fuertes, como tantos mini-Napoleones que enarbolan el estandarte de «la política del destino», también denominada por Timothy Snyder «la política de la eternidad», frente a la despiadada lógica distributiva del mercado.












