La izquierda brasileña volvió a las calles como no lo hacía en décadas. De esa energía, y de lo que pueda hacerse con ella en los próximos días, depende que el bolsonarismo pueda ser derrotado el 25 de octubre
Valerio Arcary, Jacobin
Las multitudinarias movilizaciones en apoyo a Lula han transformado la campaña electoral brasileña. La extrema derecha sigue teniendo las de ganar en la segunda vuelta de las presidenciales, pero la irrupción de millones de personas en las calles demuestra que es posible remontar la ventaja del candidato bolsonarista. Los próximos diez días serán decisivos.
En los últimos días ocurrió algo poco frecuente, algo extraordinario, colosal y emocionante. La noche del viernes 9 de octubre, en Belo Horizonte, y después, el domingo, en la Avenida Paulista de São Paulo y el lunes feriado en Copacabana, Río de Janeiro, inmensas manifestaciones de cientos de miles de personas de distintas generaciones tomaron las calles.
Con una activa participación tanto de estudiantes como de adultos y personas mayores, con sus carteles y sus cánticos incansables, estas manifestaciones han sido una intensa muestra de disposición de lucha. La izquierda brasileña no había protagonizado nada tan grandioso en los últimos treinta y cinco años, intervalo de toda una generación.

