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viernes, 4 de septiembre de 2026

El escándalo que desestabiliza a la extrema derecha latinoamericana

Fernando Cerimedo es el arquitecto de las campañas de desinformación que llevaron al poder a la extrema derecha en buena parte de América Latina. Hoy, encarcelado en Bolivia por tentativa de femicidio, las miserias de su maquinaria amenazan con arrastrar a sus antiguos aliados

Kurt Hackbarth, Jacobin

El martes 18 de agosto, el argentino Fernando Cerimedo fue detenido en el Aeropuerto Internacional Viru Viru de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Cerimedo, de cuarenta y cinco años, fue acusado de tentativa de homicidio contra su expareja, la abogada boliviana Nadia Beller, y se le dictó prisión preventiva por 180 días.

Los detalles son escalofriantes: las imágenes de las cámaras de seguridad mostraron a sicarios disfrazados de repartidores disparando a quemarropa contra Beller, a quien tomaron por sorpresa, antes de huir del lugar. Para colmo de males, Beller, quien sobrevivió milagrosamente al ataque, aparentemente estaba embarazada del propio Cerimedo.

Hasta aquí, el asunto podría clasificarse como un caso —espantoso, sí, pero nada inusual— de feminicidio frustrado, algo que con suerte ocuparía un breve espacio en las páginas policiales de la prensa local. Y, de hecho, así es como a varios sectores interesados les gustaría encuadrarlo. Pero resulta que Cerimedo es el cerebro de la desinformación detrás de las campañas de extrema derecha que han arrasado en América Latina. Y sus conexiones no se limitan al Cono Sur: se extienden hasta el círculo íntimo del propio trumpismo.

Cerimedo en el centro de la extrema derecha latinoamericana

Basta con observar a la extrema derecha latinoamericana para que el nombre de Fernando Cerimedo empiece a aparecer por todas partes. Estuvo en Brasil, colaborando con los Bolsonaro para difundir la narrativa del fraude en las elecciones de 2022 que consagraron el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva. Estuvo en Argentina, donde —según Beller— trabajó para el propio Javier Milei, a quien consideraba «loco», mientras recopilaba información sobre el escándalo de sobornos que involucraba a la hermana del presidente, Karina Milei, secretaria general de la Presidencia.

lunes, 31 de agosto de 2026

Las granjas de Goebbels «bots»

Goebbels comprendió algo elemental y monstruoso: la guerra cognitiva alcanza su máxima eficacia cuando deja de parecer guerra. El propagandista mediocre ordena creer. El propagandista sofisticado consigue que el sujeto desee aquello que previamente fue dispuesto para él

Fernando Buen Abad Domínguez, Rebelión

La granja digital lleva esa lógica a una escala vertiginosa. Ya no necesita solamente fabricar discursos, puede fabricar atmósferas. No necesita demostrar que todos piensan igual, necesita producir suficientes señales para que cada persona tema ser la única que piensa distinto. El objetivo no es conquistar una cabeza, es modificar el campo psicológico donde millones de cabezas toman decisiones. Una cuenta falsa puede ser insignificante. Diez mil cuentas coordinadas pueden fabricar una realidad política. La mentira deja de ser una proposición y se convierte en ambiente. Detrás de esta canallada hay ahora presidentes, empresarios y todo tipo de perturbaciones ideológicas burguesas. Con mucho dinero.

Es probable que el signo más perfecto de una dictadura de la percepción sea aquel que consigue que la víctima crea que está pensando por sí misma. Ahí está la trampa decisiva de las granjas de Goebbels-bots: no fabrican simplemente mentiras, fabrican el espejo social en el que una mentira aparece acompañada por miles de rostros, miles de voces, miles de supuestas conciencias. Cuando el individuo observa su entorno y descubre su propia indignación repetida de manera constante, la repetición adquiere la forma de evidencia. La cantidad suplanta a la verdad. El eco se enmascara de multitud. La multitud, de consenso. El consenso, de realidad. Esta es la operación semiótica brutal: conseguir que el signo falsificado gobierne la conducta verdadera.

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