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lunes, 16 de febrero de 2026

Leer a Charles Wright Mills en la era de Trump

Hace setenta años, Charles Wright Mills publicó The Power Elite, una acusación aguda contra los ejecutivos de las grandes empresas, los funcionarios estatales y sus apologistas académicos. Su análisis no ha perdido nada de su mordacidad ahora que nos enfrentamos a una élite del poder cada vez más degenerada.
C. Wright Mills reveló la realidad de que los miembros de la «élite del poder» estadounidense no eran genios, ni siquiera personas con un talento excepcional. A menudo eran incompetentes y se comportaban de forma imprudente y egocéntrica, lo que les llevaba a cometer errores monumentales.


Clyde W. Barrow, Jacobin

Wright Mills puso al descubierto la realidad de que los miembros de la “élite del poder” estadounidense no eran genios, ni siquiera personas con un talento excepcional. A menudo eran incompetentes y se comportaban de forma imprudente y egocéntrica, lo que les llevaba a cometer errores monumentales. C. Wright Mills publicó su libro en 1956, en una época en la que la teoría pluralista dominaba las ciencias políticas y las teorías del equilibrio, como el análisis de sistemas y el funcionalismo estructural, habían conquistado el campo de la sociología en Estados Unidos.

Los académicos dominantes, así como los políticos liberales y conservadores, afirmaban con confianza que la economía keynesiana y la expansión del estado del bienestar habían traído la prosperidad universal a Occidente y el fin del conflicto de clases en las sociedades capitalistas avanzadas. Los politólogos proclamaban que el pluralismo de los grupos de interés, aunque imperfecto, era el mejor de todos los sistemas políticos posibles y la mejor aproximación a la democracia política que se podía lograr en una sociedad moderna compleja.

Todo el mundo reconocía que todavía existía desigualdad económica, social y política en Estados Unidos, pero los académicos, los ejecutivos de las empresas y los funcionarios del Gobierno insistían en que cualquier desigualdad restante era el resultado de una meritocracia competitiva, en la que los hombres con habilidades, autodisciplina e inteligencia ascendían a puestos de liderazgo, desde dónde gestionaban sabiamente las empresas y el Estado en interés público.

Wright Mills fue casi el único en cuestionar estas optimistas suposiciones. Fue tildado de enfant terrible de las ciencias sociales estadounidenses y condenado al ostracismo por la mayoría de sus colegas académicos. Mills hirió la sensibilidad de los genios estables que gestionaban las empresas y el Estado, al tiempo que cuestionaba las ilusiones más preciadas de sus acólitos académicos.

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