domingo, 30 de agosto de 2015

Europa ante la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial


Ernest Urtasun, Sin Permiso

Este ha sido un verano duro por las imágenes y las fotos que nos han llegado primero de, una vez más, los ahogados en el Mediterráneo, y luego las escenas desesperadas de familias tratando de entrar en Europa.

Empecemos por dar algunas cifras. Según ACNUR, este año han huido de su hogar 60 millones de personas. El conflicto sirio es uno de los más sangrantes, con más de 4 millones de desplazados. De esos 60 millones, los países subdesarrollados acogen al 86% del total. En el caso de Siria, Líbano con 1,1 millones, Turquía con 1,8 millones y Jordania con 600.000 son los países que más ciudadanos sirios acogen. En el caso de Líbano, esos 1,1 millones suponen un cuarto de la población. 1 de cada 4 personas en territorio libanés es hoy un refugiado sirio.

Europa no podía quedar al margen de una crisis de tal magnitud. Sólo este año ya han llegado a la UE cruzando el Mediterráneo 300.000 personas entre inmigrantes y refugiados, un número que ya sobrepasa los 219.000 que lo hicieron en todo el 2014. (datos ACNUR).

Sin embargo, podemos afirmar con toda rotundidad que Europa no está la altura de la dimensión de la tragedia. Es más, algunas medidas adoptadas por los gobiernos europeos suponen una auténtica vulneración de los derechos humanos y de la ley.

Primero, en relación con los naufragios en el Mediterráneo. Tras la tragedia de Lampedusa en la que murieron 700 personas el pasado mes de abril, la sociedad civil empezó a exigir la puesta en marcha de una operación Mare Nostrum de salvamento en el Mediterráneo con el mandato específico de rastrear posibles naufragios. Una misión parecida a la que puso en marcha Italia en el 2014 que llegó a salvar 155.000 vidas, y que fue suspendida por falta de apoyo económico de la UE, a pesar de que su coste era poco más de 100 millones de € anuales. El Parlamento Europeo exigió en el último pleno de abril la puesta en marcha de esta operación Mare Nostrum, tras salir adelante una enmienda que presentamos el Grupo Verde en el Parlamento Europeo.

Oídos sordos. En la Cumbre de ese mismo mes se decidió tan sólo ampliar las capacidades de Frontex, sin modificar su mandato. Eso significa que las patrullas de Frontex sólo rescatan embarcaciones en apuros si reciben una llamada de emergencia, igual que está obligado a hacerlo cualquier embarcación por la ley del mar. Pero no tiene una misión específica de buscar y rescatar. La diferencia es importante: frente a las 155.000 vidas que salvó Mare Nostrum en el año que estuvo funcionando, Tritón de Frontex había salvado 20.000 en sus cuatro primeros meses de funcionamiento.

Además, este agosto Frontex alertó que los Estados Miembros ni siquiera estaban proporcionando el material necesario al que se habían comprometido para ampliar su tarea. Tan sólo habían facilitado el 16% del material y el 20% del personal comprometido en la última cumbre. Al final, ONGs como Médicos sin Fronteras han acabando poniendo sus propios medios y embarcaciones ante la pasividad de los gobiernos.

El resultado es conocido: este año han muerto ya más de 2000 personas tratando de cruzar el mar. Ante la llegada del buen tiempo, los intentos de cruzar se multiplican. Así como las tragedias. Hace meses que se sabía, y no se actuó, una dejación de funciones de carácter criminal.

En relación con la política de asilo y refugio, no podemos decir que la Unión Europea haya actuado tampoco como correspondería. Ante la llegada de refugiados, la cumbre del pasado 25 de junio decidió que Europa reubicaría principalmente desde Italia y Grecia 40.000 personas, y ofrecería 20.000 plazas en reasentamiento (plazas para que refugiados que se encuentran fuera del territorio comunitario puedan acceder a él), en un plazo de dos años. Nótese lo ridículo de estas cifras comparado con la dimensión que muestran las cifras globales mencionadas al inicio del artículo.

En la reunión de Ministros del Interior celebrada un mes después para ejecutar la decisión, ni tan siquiera se alcanzó esa cifra. Las plazas realmente ofrecidas por los Estados Miembros redujeron la reubicación a 32.000. España ofreció la pasmosa cifra de 1.300 plazas para reubicaciones y 1.500 en reasentamiento.

La única buena noticia que hemos recibido estos días ha sido el gesto del Gobierno Federal Alemán de suspender la aplicación del Reglamento comunitario Dublín II, que establece que los refugiados deben pedir asilo en el primer país de llegada en la UE. Alemania tramitará solicitudes de refugiados llegados en primer lugar a Grecia e Italia.

La sucesión de decisiones por parte de los gobiernos europeos que hemos presenciado estos días rozan la barbarie: el gobierno filo-fascita de Viktor Órban ha construido una barrera de espino en toda su frontera con Serbia, los gobiernos eslovaco y polaco han llegado a declarar que sólo están dispuestos a acoger a refugiados cristianos, los ataques a los centros de refugiados en Alemania se multiplican.

El caso de España es flagrante. Al rechazo del gobierno a participar como le correspondería en la acogida de refugiados se han añadido declaraciones insultantes como la del Ministro del Interior señalando que los refugiados eran poco más que “un problema de goteras” que había que resolver. España ha sido uno de los países que más se opuso al establecimiento de una operación “Mare Nostrum” por el efecto “llamada” que podría producir., en palabras del Ministro. Una falacia, pues no existe tal efecto “llamada” sino el efecto “expulsión” que genera la guerra.

A la pasmosa aportación española hay que añadirle esa costumbre del gobierno de Rajoy de vulnerar sistemáticamente la legislación internacional y europea con la práctica constante de las famosas “devoluciones en caliente”, que suponen la expulsión de refugiados del territorio español sin atender a su demanda de asilo (práctica habitual en Ceuta y Melilla), en clara violación de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados del año 51 y los reglamentos y directivas del sistema comunitario.

La Unión Europea se está ahogando en su propia miseria. No tiene los instrumentos jurídicos ni sobretodo la voluntad política de afrontar este reto.

La pregunta que debemos responder de inmediato es si ante esta crisis sin precedentes en los últimos decenios tenemos los europeos capacidad o no de acoger a más refugiados. Si tomamos los datos de Eurostat de 2014, se concedieron en la UE 104.000 estatutos de refugiado, 60.000 protecciones subsidiarias y 20.000 autorizaciones de residencia por razones humanitarias: 184.000 personas en total. Esa cifra no alcanza el 0,04 de la población total de la UE. Si la comparamos con algunos países de nuestro entorno, decir que no tenemos capacidad de acogida es ridículo. Estamos frente a un grandísimo acto de cinismo e insolidaridad.

Evidentemente podríamos andar otro camino. La UE podría empezar, por ejemplo, por asumir la cifra de 100.000 personas en reasentamiento que ha solicitado ACNUR para la crisis siria. Podríamos desplegar de inmediato las capacidades administrativas necesarias en los puntos de llegada para atender las solicitudes de asilo de los ciudadanos que llegan, así como equipos de primera asistencia ante el hambre, la sed y el cansancio al que se ven enfrentadas estas personas, muchos con menores a sus espaldas. Y una política de reubicación activa con un reparto solidario de la acogida entre los distintos Estados Miembros. Y dar cumplimiento a la resolución del Parlamento Europeo y poner de una vez por todas en marcha un Mare Nostrum Europeo de salvamento marítimo.

Una excelente iniciativa a ser considerada estos días es la que ha lanzado la alcadesa de Barcelona, Ada Colau, de crear una red de ciudades para la acogida de los refugiados.

A medio plazo, además, la reforma del sistema de Dublín es imprescindible. La política de asilo no puede convertirse como hemos visto estos días en un mercadeo a la baja entre los distintos gobiernos. Hace falta avanzar hacia una política común, plenamente fiscalizada por el Parlamento Europeo. Tras el fracaso de la cumbre de julio, oír a Juncker decir en un reciente artículo en Le Figaro que no era necesaria una nueva cumbre en la UE para abordar la cuestión roza el ridículo. Si no es necesario convocarla tras lo ocurrido, ¿cuándo lo será?

La actitud de la UE y los Estados Miembros ante la crisis es criminal, con muy pocas excepciones. Va siendo hora que hagamos de esta crisis humanitaria una prioridad de la acción política de la izquierda europea en los próximos meses.

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