jueves, 4 de julio de 2013

El tema de Edward Snowden y el nivel de tensión de las relaciones internacionales

Juan Francisco Coloane, ArgenPress

Cuando el Gobierno de Bolivia denuncia este martes pasado que su Presidente, Evo Morales "fue secuestrado por el Imperialismo y está retenido en Europa", es un indicador claro -esperemos aislado- de la actual crisis política de la globalización.

El Gobierno de Bolivia hizo un llamado a "los pueblos y Gobiernos progresistas de América Latina a pronunciarse" y celebrar una reunión extraordinaria para tratar el asunto. "América Latina está siendo pisoteada", dice la declaración.

Es gravísimo y si fue por una orden de Estados Unidos, estamos frente a la acción unilateral de un país que no respeta el derecho internacional.

Algo le está sucediendo al gobierno de Barack Obama que se le ve como con exceso de ansiedad y vehemencia por marcar el argumento de que Estados Unidos es la potencia mundial con el derecho de intervenir en cualquier región del planeta con armas, argumentos y recomendaciones. En el caso de Egipto es patético. En la declaración oficial de la Casa Blanca sugiere y advierte lo que deberían hacer los actores políticos para solucionar la crisis.

Pregunta: ¿Quién le ha dado esa potestad a Estados Unidos para involucrarse tan directamente en los asuntos internos de los países como en los tiempos más tensos de la era Reagan? Claramente es una comunidad internacional que no reacciona y que está en su mayoría cooptada por el factor económico de la inversión extranjera y el peso del capital transnacional. También se constata la actual fragilidad del multilateralismo encarnado en su organismo político mayor, - la ONU -. Es una causa importante para el actual estado de situación en las relaciones internacionales. No es la única, pero es la que tiene un peso político más considerable del que se le atribuye en el actual clima de tensión.

Al negar varios países europeos el otorgar tránsito libre para el aterrizaje del avión en que viajaba el presidente de Bolivia, por suponer la presencia en el avión de Edward Snowden, un ex miembro de las operaciones de inteligencia de Estados unidos, es probable que se haya atravesado el margen de tolerancia en el grado de tensión en las relaciones internacionales. Lo de Francia, Portugal, España e Italia al impedir tránsito libre al avión del presidente boliviano, es una agresión a Bolivia en el más puro estilo de los halcones de la OTAN que llevaron adelante el exterminio de Gadafi y su gente.

Este asunto va más allá de un tema policial o de seguridad estratégica en el sobreprotegido mundo de la inteligencia militar. Es un tema de relaciones internacionales y de los fundamentos actuales en política exterior. La pregunta es básica: ¿Se terminó la guerra fría? ¿Existen aún ambiciones por el control y la supremacía planetaria en las potencias?

Desde las invasiones de Afganistán, Irak, Libia y la actual situación de guerra en Siria, el multilateralismo que representa la ONU no se ha recompuesto a los niveles del período que antecede al desplome soviético. Es válido preguntarse entonces si fue tan clave la existencia de la ex URRS en la legitimidad y fortaleza del multilateralismo, para contener la supremacía de las potencian occidentales. Ahora parecieran estar desatadas en la onda expansiva que promovía el ex vicepresidente Dick Cheney y su equipo cuando era secretario de defensa en 1992. La idea consistía en que terminada la URSS, se presentaba la oportunidad única de prevenir que nunca más a Estados Unidos se le pusiera un poder igual o mayor al frente. (Nicholas Lemann. The New Yorker,April 1, 2002). El plan consiste en recuperar o más bien, usar el poder que está a disposición porque el espacio de la ex URSS no ha sido ocupado.

Esta situación que hace explotar la salida de Snowden de Estados Unidos y que congrega la preocupación de las cinco potencias que ocupan un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, no es un hecho aislado sino que responde al nivel de tensión interna que vive Estados Unidos por haberse involucrado en tres guerras Afganistán, Irak y Siria en menos de una década. Pero este es un aspecto del problema. Ha comenzado a establecerse en concreto ahora el anunciado Nuevo Orden Mundial y éste de facto surge desde las fauces de la OTAN. Consiste en la supremacía total, la receta universal para los equilibrios unilaterales.

Las invasiones a Afganistán, Irak, el derrocamiento de Gadafi y la actual intervención militar en Siria, replantean la antigua aspiración de la Alianza Occidental por la supremacía total que había quedado suspendida después de la caída de la Ex URSS, sea por fallas propias en la Alianza o por el surgimiento de nuevas amenazas muy probablemente de fabricación propia.

La agresión de un grupo de países de la Alianza Transatlántica a Bolivia exhibe la más clara faceta del actual estado de situación en las relaciones internacionales. No es muy distante de lo que se le está haciendo a Siria con el envío unilateral de armas a terroristas violando la Carta de Las Naciones Unidas. El clima de beligerancia en ascenso de las protestas ciudadanas dentro de los países y también en las relaciones internacionales, expresa la crisis política de la globalización.

La globalización no es solo intercambios comerciales, interdependencia económica y el impacto global de los vaivenes en las bolsas mayores o, el uso de comunicaciones avanzadas. La globalización se expresa también en el orden de las relaciones políticas de los países, que en este momento atraviesan un periodo de incertidumbre y desconfianza institucional, el cual lleva a revivir los tiempos peores de la guerra fría.

El actual orden mundial no es el de la Carta de Naciones Unidas, una suerte de Constitución para el planeta con parámetros bien marcados y sencillos: Paz, seguridad y protección para las naciones en función de su pleno desarrollo con mucha cooperación, solidaridad y esfuerzos para la igualdad y no la supremacía. En esto la Carta es muy clara.

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