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lunes, 13 de abril de 2026

La diferencia entre las negociaciones de Irán con Estados Unidos y las de Líbano con “Israel”...

El martes en Washington se celebrarán negociaciones entre un equipo libanés e “Israel”, no entre Líbano e “Israel”

Ismail Ibrahim, Al Mayadeen

Tras quince meses de ataques israelíes que causaron la muerte de más de quinientos libaneses y destruyeron cientos de viviendas e instalaciones económicas, ni el gobierno libanés ni la Resistencia dispararon un solo tiro contra “Israel” respetando el acuerdo del alto al fuego que nunca "Israel" ha respetado.

El 28 de febrero, Estados Unidos e “Israel” lanzaron una guerra sin justificación legal ni ética contra Irán, asesinando a su líder, el Ayatollah Ali Khamenei, y a varios dirigentes militares y civiles, entre ellos Dr. Ali Larijani.

Estados Unidos e “Israel” mataron a 350 estudiantes y 50 profesores, y destruyeron gran parte de la infraestructura civil vital, incluyendo universidades, centros de investigación científica, fábricas farmacéuticas, escuelas y más.

Irán destruyó 11 bases estadounidenses instaladas en países árabes, incluyendo Arabia Saudita y los Estados del Golfo, y aseguró el control del estrecho de Ormuz. Esto provocó un aumento en los precios del petróleo y una caída en picada de las bolsas, sumiendo al mundo en una grave crisis energética.

Ningún Estado se unió a Irán en la guerra, a pesar de ser esta injusta e injustificada. Sin embargo, los movimientos de resistencia árabes en Líbano, Irak y Yemen se unieron a Irán.

“Israel” comenzó a exigir la evacuación de varias aldeas y regiones por parte del ejército libanés, el cual, sin oponerse ni negarse, accedió. De repente, Líbano oficial propuso negociaciones directas con “Israel”, y reclamó la retirada israelí de los territorios libaneses ocupados tras un alto al fuego que se intenta lograr, la liberación de los prisioneros libaneses y el regreso de las personas desplazadas a sus aldeas en el sur. “Israel” ignoró la solicitud oficial de Líbano y no respondió, ya que había exigido previamente el desarme de Hizbullah, una exigencia que el gobierno libanés no podía ni puede cumplir.

El Estado libanés se mantuvo neutral, negándose a participar en la guerra que Hizbullah libra contra la agresión israelí constante y tras el asesinato del Ayatollah Khamenei, máxima referencia religiosa para la comunidad Chiíta, y después de quince meses de asesinatos y ataques constantes por parte de “Israel” en el territorio libanés.

El presidente libanés Joseph Aoun declaró: “Pedimos negociaciones. ¿Qué ganamos con la guerra?”. En respuesta a las preguntas que se le dirigieron por parte de la Resistencia y el pueblo del sur: “¿Qué ganamos con la diplomacia, con los amigos internacionales y con lo que se denomina el regazo árabe-estadounidense?”.

El gobierno libanés lleva meses abogando por negociaciones directas con “Israel”, un anhelo israelí de larga data: la normalización de relaciones con el Estado ocupante. Sin embargo, “Israel” no ha respondido al estado libanés, ni positiva ni negativamente, durante ese tiempo porque entiende que Líbano oficial carece de influencia y de peso. No ha desarmado a Hizbullah, y las negociaciones no se rigen por la astucia, sino por la situación en el campo de batalla.

El campo de batalla está en manos de la Resistencia, e “Israel” alberga importantes ambiciones en Líbano (tierra, agua y recursos). Ha quedado claro, lo que anunció Netanyahu desde la tribuna de la ONU, que el sur de Líbano, al menos, forma parte del mapa del “Gran Israel”. Por eso, “Israel” dejó de lado la solicitud oficial de Líbano, suponiendo que podría necesitarla más adelante.

Ahora, ha llegado el momento en que Benjamin Netanyahu necesita esta solicitud, debido a la falta de avances en el frente del sur de Líbano. Si “Israel” hubiera podido eliminar la resistencia en el sur, no habría considerado la solicitud de Líbano y habría continuado su avance hacia Beirut, como hizo en 1982. Por lo tanto, Benjamin Netanyahu ha vuelto a aceptar negociaciones directas, además de la presión de Trump, quien se encamina hacia negociaciones con Irán para reabrir el estrecho de Ormuz.

El problema actual radica en la división interna que existe en Líbano respecto a las negociaciones. Una facción pretende negociar sin contar con el respaldo de la Resistencia Libanesa ni con el apoyo de la guerra israelí-estadounidense contra Irán. Esto implica que aceptarán las exigencias de “Israel”, que se resumen en el desarme de Hizbullah, el establecimiento de una zona de seguridad y la disminución de la soberanía libanesa en las aldeas y ciudades a lo largo de la línea del frente, de forma similar a lo que ocurre en Cisjordania y en la Palestina ocupada.

El gobierno libanés debería haber utilizado la Resistencia como carta de fuerza en las negociaciones indirectas, en lugar de trabajar para imponer los deseos de Estados Unidos, Arabia Saudita e “Israel” de desarmar a esta Resistencia bajo el pretexto de que el Estado es la única autoridad que decide en materia de guerra y paz (frase memorizada ciegamente por el primer ministro Nawaf Salam)...

En cuanto a Irán, luchó contra Estados Unidos e “Israel” durante cuarenta días y lanzó el “misil final”... Esto puso de manifiesto la confusión y la perturbación dentro de Estados Unidos e “Israel”, mientras que la iniciativa y la firmeza de la dirección iraní, así como la Resistencia en Líbano, se hicieron evidentes...

Estados Unidos presentó un borrador de 15 puntos para la negociación, que más bien parecía un instrumento de rendición que Irán debía firmar. Irán rechazó los quince puntos y continuó la guerra, atacando bases e intereses militares estadounidenses y lanzando cientos de misiles pesados contra “Israel”... Trump emitió varias advertencias a Irán, todas las cuales fueron rechazadas. Entonces Trump lanzó su famoso y descabellado ultimátum para destruir la civilización iraní en cuestión de horas. Irán insistió en una iniciativa de 10 puntos para una solución. Trump afirmó que estas eran condiciones aceptables para el diálogo y la negociación, y se declaró al mismo tiempo victorioso, a pesar de su fracaso e incapacidad para derrocar al régimen, eliminar el programa nuclear, desmantelar el programa de misiles o reabrir el estrecho de Ormuz.

La guerra de Estados Unidos e “Israel” contra Irán fracasó en el logro de sus objetivos políticos. Por lo tanto, Irán entró en las negociaciones desde una posición de fuerza, habiendo obtenido la ventaja sobre el terreno. Mientras, Líbano como Estado solicitó negociaciones con “Israel”, sin tener ninguna influencia ni peso, e “Israel” no ha respondido a su solicitud desde el inicio de la última guerra hasta hace dos días.

El viernes en la noche, la embajadora libanesa y el embajador israelí en Washington, en presencia y con la participación del embajador estadounidense en Líbano, acordaron celebrar una reunión directa el martes para iniciar las conversaciones. Sin embargo, “Israel” no ha cesado sus bombardeos contra pueblos, ciudades y aldeas libanesas hasta el día de hoy.

Lo que tendrá lugar el martes en Washington no es una negociación libanesa-israelí. La ausencia de actores clave (los chiítas, los drusos y la oposición de sectores de la comunidad sunita y algunos cristianos) priva a estas negociaciones de toda legitimidad conforme con la Constitución Libanesa y el Pacto Nacional. Así pues, el martes en Washington se celebrarán negociaciones entre un equipo libanés e “Israel”, no entre Líbano e “Israel”.

El Líbano oficial, por lo tanto, se encamina hacia la firma de un nuevo “Acuerdo del 17 de mayo” (se trata de un borrador de acuerdo de paz alcanzado (firmado) el 17 de mayo de 1983 entre el gobierno libanés e “Israel”, pero fue derogado menos de un año después debido al rechazo popular) y, quizás peor aún, va hacia la firma de un instrumento de rendición...

“Israel” y Estados Unidos solo entienden el lenguaje de la fuerza. La Resistencia en Líbano, junto con el ejército —al que la autoridad política libanesa debe armar y liberar del control y la hegemonía estadounidense— es una baza de fortaleza con la que podemos proteger a Líbano, dicho de otro modo, negociar con el dedo en el gatillo, porque las mejores garantías contra los invasores son la unidad y la fuerza.


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