
De las conexiones entre el poder y el erotismo ya nos habló George Bataille y Michel Foucault. Por eso lo vivido en las últimas semanas en Francia no debería sorprender tanto a los franceses. Como se sabe, Le Nouvelle Observateur golpeó con una infidencia brutal de su presidente Nicolas Sarkozy al revelar que ocho días antes de su matrimonio con la hermosa modelo y cantante Carla Bruni envió el ya famoso SMS a su ex-esposa diciendo "Si vuelves, lo anulo todo". El caso desató especulaciones en torno a que el presidente aún está obsesionado por su ex-esposa Cecilia y que la relación con Carla Bruni es solo una farsa. Este hecho ha provocado enojos múltiples: de los afectados principales; de los franceses a quienes les parece que su presidente es la vergüenza de Francia; de los franceses que consideran indigna la actitud de una prensa que no respeta la privacidad de nadie.
Pero vamos al hecho preciso: ¿es un vicio o una virtud el supuesto último acto de Sarkozy? Puede ser un acto de inconciencia extrema, por jugar a último minuto con los sentimientos de su novia y provocar un escándalo potencial en la vida francesa. Otros pueden decir que se trata de un acto de conciencia extrema. Es decir, de la conciencia de alguien que se sabe finito, que aún ama a su ex mujer, y considera que esa historia merece un gesto desesperado. Un lacaniano diria que Sarkozy transfiere el objeto-deseo-Cecilia por el objeto-deseo-Carla, sueño o fantasía que en el fondo no tiene nada de extraño y en lo que también estaría de acuerdo Freud.
Lo interesante aquí son los dichos de Carla Bruni, quien ha dejado bien en claro el vínculo entre erotismo y poder: "Quiero a un hombre con poder nuclear", curiosa trasposición al plano amoroso del cinismo y la inescrupulosidad de la política, señalando con esa misma impudicia: "Reivindico no ser jamás el objeto de las relaciones con los hombres. Reivindico que, de vez en cuando, sean ellos el objeto”. ¿Será ése el disgusto de los franceses, ver cómo se inmiscuye en la presidencia alguien que, por extensión, podría estar tomándolos a ellos mismos como objeto? "Soy una depredadora, una domadora de hombres, una gata, una italiana", agrega, por cierto, con un toque de belleza... Los límites del amor se extienden en ese vasto océano que va del capricho a la locura.








