domingo, 21 de mayo de 2017

Rouhani, reelegido en Irán, mientras Trump visita Arabia Saudita

Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

En vísperas de la relección de Hasann Rouhani en Irán y de la espectacular visita militarizada del atribulado Trump a Arabia Saudita (AS), la batalla por el control del estratégico punto fronterizo Al-Tanf de Siria con Irak cobra relevancia significativa, sumada al lanzamiento de un misil por los hutis de Yemen en las cercanías de Riad, un día antes de la llegada de Trump a la capital saudita, que fue interceptado.

Dos días antes del arribo de Trump a Riad, el ejército de EEUU bombardeó un convoy de milicianos chiítas de Irán y de Irak vinculados al gobierno sirio en el poblado de Al-Tanf, cerca de la frontera con Jordania e Irak, que cobró la vida de seis milicianos y 25 heridos (https://goo.gl/kDHaei).

El nuevo bombardeo no tuvo nada que ver con la propaganda del Pentágono que alegó como motivo atacar a los yihadistas cuando en realidad está en juego la captura de Al-Tanf, en el desierto occidental, que conecta a Siria con Irak e Irán (https://goo.gl/BmYwAz) –el famoso Creciente chiíta–, no muy lejos de la importante ciudad de Deir-ez-Zor, pletórica de petróleo.

Respecto al bombardeo contra el convoy militar de los aliados chiítas de Bashar al Assad, el canciller ruso, Sergei Lavrov, lo calificó de inaceptable, ilegitimo e ilegal, porque viola la soberanía siria (https://goo.gl/CSg7TR).

¿A quién le importa la soberanía de Siria, al borde de la balcanización programada por Israel (https://goo.gl/4DtWDk)?

La relección de Rouhani (68 años), con una afluencia masiva de 70 por ciento, comporta un doble significado doméstico y regional. Su triunfo frente al poderoso contrincante Ebrahim Raisi –juez clerical de 56 años, que puede ser el sucesor del ayatola Jamenei (77 años), a seleccionar por la Asamblea Clerical de Sabios de 86 miembros–, marca el deseo de la teocracia chiíta de proseguir su tortuosa apertura con Occidente, en el marco del acuerdo nuclear del P5+1 vituperado por los superaliados Trump y Netanyahu.

Pese al levantamiento de sanciones por el P5+1, Trump optó por nuevas sanciones unilaterales sin la participación de los otros cinco cosignatarios, bajo el pretexto de las pruebas misilísticas de la teocracia chiíta.

El declive de Turquía, miembro de la OTAN vapuleado financieramente por sus aliados occidentales, propulsó a Irán al segundo lugar de la economía medio-oriental, detrás de Arabia Saudita.

Irán detenta el segundo lugar de mayores reservas de gas natural del planeta y el cuarto lugar de reservas de petróleo. Su economía creció casi 9 por ciento en el último trimestre de 2016 y 5 por ciento en el primer trimestre, pero su maná no ha permeado a los jóvenes (mitad de la población con un alto índice de desempleo).

Los conservadores (en la lingúistica maniquea de Occidente) han criticado al reformista Rouhani de haber apostado demasiado a EEUU cuando soñó atraer 140 mil millones de dólares para la infraestructura de Irán, pero solamente consiguió un raquítico 10 por ciento debido a las presiones de Washington a sus socios europeos (https://goo.gl/5uYVPz).

Rouhani mantiene una postura muy optimista en su tambaleante relación bilateral con Trump, quien ha denunciado –al unísono de su superaliado, el premier israelí Netanyahu– el acuerdo nuclear lubricado por Obama quien se había alejado notoriamente de Israel y Arabia Saudita.

Los cinco grandes poderes regionales de Medio Oriente (https://goo.gl/6tOQiH) no han variado en su esencia (Arabia Saudita, Irán, Turquía, Egipto e Israel; este último, el único que posee 400 bombas atómicas clandestinas), pero no es lo mismo Obama que Trump, quien practica una política diametralmente opuesta en la región.

El portal israelí Haaretz asienta que Trump hace todo lo opuesto de lo que hizo Obama en Medio Oriente (https://goo.gl/451v4K).

Con Trump los vientos no son favorables a Irán (90-95 por ciento de chiítas), que sufre embates de EEUU e Israel desde Líbano pasando por Siria hasta Yemen.

Trump, quien no oculta su iranofobia (como tampoco su mexicanofobia), apretó también las tuercas de las sanciones financieras contra la guerrilla libanesa chiíta Hezbolá, aliada de Irán.

Rouhani recibió felicitaciones de los principales mandatarios del planeta, mientras era regañado por el secretario del Departamento de Estado, Rex Tillerson, quien en una conferencia conjunta en Riad con su homólogo saudita, Adel al-Jubeir, exhortó a finiquitar todo el apoyo y financiamiento de Irán a las fuerzas desestabilizadoras (sic) que existen en la región (https://goo.gl/BD4cBR).

Trump –quien viene de sufrir las dos peores semanas de su breve presidencia y ha sido puesto en jaque por los servicios de espionaje del Deep State–, recibió un trato real por el rey saudita Salman, de 81 años, quien acudió a recibirlo al aeropuerto con toda la pompa y circunstancia, quizá para hacerle olvidar los estragos que padece en Washington.

El primer día de su visita a Arabia Saudita, Trump descolgó un contrato multimillonario de venta de armas y otros utensilios cibernéticos por 110 mil millones de dólares inmediato, que el NYT afirma fue operado por su polémico yerno, el judío ultra-ortodoxo Jared Kushner (https://goo.gl/koz6zG).

De acuerdo con Sarah Sanders, vicesecretaria de Prensa de la Casa Blanca, la venta de armas podría alcanzar 350 mil millones de dólares en los próximos 10 años (https://goo.gl/Bg6QAI).

Suena impresionante que Arabia Saudita sea el cuarto mayor comprador de armas del mundo después de EEUU, China y Rusia, según SIPRI, lo cual delata su enorme temor por el ascenso de Irán, que resultó triunfador en Irak, Líbano y parte de Siria.

El israelí-estadounidense Gary Cohn, director del Consejo Nacional Económico de la Casa Blanca, exultó feliz por todos los negocios descolgados con los sauditas: “Mucho dinero. Muchos dólares (https://goo.gl/9w8ra6)”.

El comercio bilateral de EEUU y Arabia Saudita no es nada boyante; el año pasado alcanzó 38 mil millones de dólares, pero la futura privatización de la petrolera estatal Aramco –fomentada por el vicepríncipe heredero Mohammed bin Salman, de 31 años, quien ya visitó a Trump en la Casa Blanca– planea llevar el intercambio comercial a la estratósfera.

Las delegaciones de EEUU y Arabia Sudita discutieron los temas del petróleo, Irán (sic) y Siria, y para el segundo día de la visita de Trump están programadas dos magnas cumbres, una con las seis petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo y, otra, la cumbre arabo-islámico-estadounidense de 55 países (¡supersic!) provenientes de Medio Oriente, África y Asia, lo cual resalta la enorme influencia de Arabia Saudita, primera potencia económica regional y segunda productora de petróleo detrás de Rusia. Ambas cumbres confrontarán el común enemigo Irán.

Trump aprovechará la escenografía para pontificar a los asistentes sobre su visión tolerante (¡supersic!) del Islam.

Se perora mucho sobre la propuesta bélica de Trump de crear una OTAN sunnita.

Del total de mil 570 millones de musulmanes en el mundo, 87-90 por ciento es sunnita, mientras el restante 13-10 por ciento es chiíta (https://goo.gl/shn4px).

¿Programan Trump y Netanyahu una guerra de 30 años entre sunnitas y chiítas?

Quedan atrás las diatribas de Trump a Arabia Saudita, a quien llegó incluso de acusar estar detrás del 11/S (https://goo.gl/GDgLBE). ¡La magia del petróleo, el dinero y las armas!

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