miércoles, 17 de agosto de 2016

Un día más en la crisis

Alejandro Nadal, La Jornada

Un día como hoy, hace exactamente nueve años, el Comité de operaciones de mercado abierto de la Reserva Federal (FOMC) reconocía que las condiciones de los mercados financieros se estaban deteriorando rápidamente. En su diagnóstico de la coyuntura admitía que las restricciones sobre crédito y la incertidumbre frenarían el crecimiento. Es como si el capitán del barco viera venir un huracán y dijera: ¡Cuidado, viene una brisa ligera!

Ha llovido desde esos días en los que los economistas de la Fed y del mundo académico tradicional comenzaban a ver señales inquietantes en el horizonte. Su marco conceptual hacía difícil pensar que algo realmente malo estaba cocinándose en las entrañas de las economías capitalistas avanzadas. No cabe duda: cuando se trata de analizar la crisis global del capitalismo contemporáneo, a lo más que llega el pensamiento económico tradicional es a ver entre brumas una crisis financiera.

Por ejemplo, en Estados Unidos se sigue hablando de las reformas al sistema bancario y financiero, como si ahí estuviera la solución del problema. Y aunque todavía no se termina de implementar la ley Dodd-Frank, todavía sigue vivo el debate sobre si el tamaño de los bancos ya dejó de ser un problema o si todavía entraña riesgos sistémicos.

Estas discusiones son reveladoras, pues indican lo alejado que está el análisis económico tradicional de comprender la naturaleza de la crisis. Así, en las discusiones entre funcionarios de la Fed y destacados académicos en Estados Unidos hoy lo que más importa es el tamaño de los bancos, los requerimientos de capitalización y el trato fiscal a los diferentes esquemas de financiamiento. Parece mentira, pero el debate sobre si los grandes bancos son demasiado grandes para dejarlos ir a la quiebra en caso de emergencia sigue dominando la reflexión sobre la crisis.

Es cierto que las dimensiones de los cinco bancos más grandes de Estados Unidos (JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup, Wells Fargo y Goldman Sachs) son realmente impresionantes: sus activos equivalen a cerca de 60 por ciento de la economía estadounidense. Sin embargo, el lobby del sector bancario insiste en que el tamaño se acompaña de importantes economías de escala y, por lo tanto, en menores costos para el público usuario de los bancos. Al afrontar este tipo de argumentos la reforma bancaria ha tenido que caminar despacito.

Otro argumento para frenar la reforma es que los coeficientes de concentración en el sector bancario de Estados Unidos son inferiores a los de la mayoría de los países europeos. Los tres bancos más grandes en Noruega, por ejemplo, son responsables de 84 por ciento del mercado, mientras que en Estados Unidos apenas controlan 20 por ciento. Nuevamente, el lobby bancario insiste en que los niveles de concentración no constituyen el problema principal. Es más, se afirma que entre más alto sea el nivel de concentración (y el tamaño de los bancos) se alcanzará un mayor grado de estabilidad en la industria. El razonamiento aquí es que los bancos grandes pueden diversificarse más fácilmente y eso permite mitigar los efectos negativos del ciclo de negocios en un sector con los resultados positivos de otro sector. Los mayores niveles de rentabilidad vinculados a la diversificación se supone deben conducir a una mayor fortaleza y estabilidad.

Pero la realidad es que la crisis en Estados Unidos alcanzó a los bancos más grandes, diversificados o no. Y el contagio atravesó mares y continentes hasta convertir a la crisis en una hecatombe mundial, con decenas de millones de personas en desempleo y otros tantos perdiendo su patrimonio. Así que lo que es importante es la forma de inserción del sector bancario/financiero en las entrañas del capitalismo funcional contemporáneo.

Mientras los economistas tradicionales siguen discutiendo sobre cuántos bancos grandes pueden bailar en la cabeza de un alfiler, las causas profundas de la crisis parecen seguir siendo objeto exclusivo de análisis de los economistas heterodoxos y críticos de corte marxista. La pregunta central es la siguiente: ¿cuál es el problema fundamental del capitalismo? Claramente la respuesta no está en el tamaño de los bancos o en los niveles de concentración en el sector bancario.

El problema fundamental de una criatura tan compleja como el capitalismo no puede reducirse a un solo fenómeno. No creo que la tendencia a la caída en la tasa de ganancia, fenómeno bien identificado por Marx, o la problemática del subconsumo (y falta de realización de la plusvalía), sean las causas aisladas o únicas de la crisis, pero sin duda están cerca de sus raíces. También lo están los síntomas del exceso de capacidad instalada y la desigualdad creciente en la distribución del ingreso. Y en cuanto al sector bancario/financiero, justo es decir que forma parte esencial de la economía capitalista desde hace décadas como bien lo han demostrado muchos autores post-keynesianos y marxistas.

Mientras tanto, transcurren los días y cada día observamos que a medida que se desarrolla, el capitalismo funciona cada vez más mal.

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