viernes, 6 de mayo de 2016

La lucha por la presidencia de EEUU sería entre los dos candidatos menos queridos


David Brooks, La Jornada

La contienda presidencial podría terminar en una disputa entre los dos candidatos menos queridos por la mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos: el ya presunto candidato republicano Donald Trump y la precandidata demócrata Hillary Clinton.

Sin embargo, el demócrata Bernie Sanders, único precandidato percibido favorablemente por más de los que lo ven negativamente, mantiene su convocatoria a una revolución política e, impulsado por su triunfo en Indiana el martes y ante la posibilidad de varios más de aquí a junio, promete mantenerse en la contienda hasta llegar a la convención nacional de su partido, en julio.

Para los republicanos, el triunfo casi asegurado de Trump como candidato presidencial después de que sus últimos dos contrincantes se rindieron esta semana, ha provocado un caos entre la cúpula: algunos aconsejan que todos deben hincarse ante el nuevo rey, y otros llaman a la rebelión y hasta plantean una tercera opción para las elecciones generales.

Los únicos dos ex presidentes republicanos vivos, George Bush padre y George W. Bush hijo, señalaron ayer que no respaldarán a Trump.

Hoy el republicano electo más poderoso del país, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, afirmó que no está listo para apoyar al multimillonario.

Trump respondió esta tarde: yo no estoy listo para apoyar la agenda de Ryan, avivando lo que algunos llaman una guerra civil dentro del partido.

El Wall Street Journal, bastión de la cúpula republicana conservadora, publicó un editorial en el cual recuerda que Trump no es la mejor opción, y afirmó que esto es una toma hostil del partido.

Mientras tanto, estrategas de Trump ya miden sus tácticas para la elección general, y el multimillonario ya habla de unidad y de buscar componer las relaciones para consolidar el apoyo dentro del partido. Ya hay hasta expresiones de amor.

Hoy, en su cuenta de Twitter, Trump envió el mensaje: Feliz 5 de Mayo. Los mejores taco bowls son hechos en el Trump Tower Grill. ¡Amo a los hispanos!, acompañado de una foto suya comiendo un taco bowl en sus oficinas de su Torre Trump.

Pero su gran problema es que muy pocos lo aman a él, y la abrumadora mayoría de las llamadas minorías lo detestan.

No ayuda que figuras como David Duke, ex líder del Ku Klux Klan, declare que lo de Trump es una victoria maravillosa, que ofrecerá la oportunidad a supremacistas blancos de exponer a los supremacistas judíos que controlan nuestro país. Agregó: este es un movimiento para recuperar Estados Unidos, y cuando decimos eso, sabemos exactamente qué significa, en referencia a los migrantes y a la diversificación demográfica del país, reportó The Guardian.

Trump tiene la distinción de ser uno de los candidatos menos populares en tiempos recientes; entre 60 y 70 por ciento de encuestados tienen una opinión desfavorable del multimillonario. Más aún, ante el electorado más racial y étnicamente diverso en la historia del país –31 por ciento son no blancos–, Trump será repudiado por abrumadora mayoría de latinos y afroestadunidenses, entre otros (incluidos los Rolling Stones que hoy solicitaron que Trump deje de usar sus canciones en sus actos).

Muchos republicanos creen que por ello la elección presidencial de este año está perdida y lo que más les preocupa es que eso no implique también la pérdida de sus mayorías en ambas cámaras del Congreso.

Del lado demócrata, la apuesta es que Trump casi asegura el triunfo del candidato presidencial del partido, y por ahora se supone que esa será Hillary Clinton.

Pero, a pesar de (o justo por) su larga experiencia política y su posición como reina del partido, sufre del mismo hartazgo de las cúpulas que se ha manifestado del lado republicano.

Hoy día Clinton también es vista desfavorablemente por la mayoría del electorado en las encuestas nacionales: entre 52 y 55 por ciento. Y aunque hasta fechas recientes gozaba de una ventaja sobre Trump hasta de más de 20 puntos, ese margen se ha reducido hasta llegar a sólo unos 6 puntos en el promedio de las principales encuestas, en gran medida no por un alza en el apoyo para Trump, sino por una reducción de la aprobación hacia ella.

“Es demasiado tarde para políticas y economía del establishment”, insiste su contrincante Sanders, quien acusa que eso ha llevado a extremos de desigualdad económica donde el 1 por ciento más rico controla la vida del país. Hoy como siempre insiste en que necesitamos un cambio transformador para rescatar esta democracia tomada en rehenes por unos cuantos multimillonarios. Afirma además que es nuestro deber, como país de inmigrantes, abrazar y proteger a nuestros hermanos y hermanas indocumentados. Y acusa a la cúpula, y a Clinton, de estar demasiado amarrada a Wall Street y otros grandes intereses.

De hecho, el único precandidato que goza de percepciones favorables más amplias que las negativas es el socialista democrático, cuyo mensaje insurgente sigue resonando entre millones (unos 9 millones han votado por él contra casi 12 millones por Clinton a la fecha).

Para Clinton, si es que es coronada, tal como anticipan los expertos, el gran desafío es cómo capturar aunque sea sólo parte de esa ola que ha impulsado a su contrincante de manera tan ferviente como inesperada. Por ahora, ella no convence a los jóvenes e independientes –la perciben como más de lo mismo– que han generado una de las mayores expresiones progresistas en la historia reciente de este país.

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