miércoles, 10 de febrero de 2016

¿Para qué sirve el sistema financiero?

Alejandro Nadal, La Jornada

La economía mundial se encuentra sometida al sistema financiero. Las prioridades de la política macroeconómica obedecen a las necesidades del capital financiero. A juzgar por los muy generosos paquetes de retiro que reciben los grandes ejecutivos de bancos de inversión, corredurías y fondos, las funciones que desempeña el sistema financiero deben ser, desde el punto de vista social, muy productivas y benéficas. Pero ¿qué dicen los datos?

Una de las principales tareas que se supone debe cumplir el sistema financiero es la intermediación. La historia que se ha popularizado es que los bancos y demás componentes del sistema financiero canalizan recursos financieros hacia el sector productivo. Según esta teoría los bancos prestan un servicio productivo al poner en contacto a los ahorradores de fondos con los inversionistas que necesitan esos fondos para realizar inversiones productivas. Sin embargo, los datos de economías capitalistas desarrolladas muestran un panorama diferente. Por ejemplo, alrededor de 15 por ciento de los fondos invertidos por las empresas no financieras en Estados Unidos entre 1950-1990 provino de recursos facilitados por el sistema financiero. Pero posteriormente ese porcentaje descendió a sólo 5 por ciento: la supuesta función de intermediación es casi despreciable. En realidad, los componentes del sector financiero se han estado prestando más recursos entre sí que para la economía real (alrededor del 27 por ciento del total de activos en la economía estadounidense corresponden a activos intra-financieros). Buena parte de esos activos fueron canalizados hacia la especulación. Otra parte se destina a evadir reglamentos y restricciones regulatorias.

Como se pueden imaginar los lectores, lo anterior no significa que los bancos y otros componentes del sistema financiero hayan dejado de percibir ganancias por sus operaciones. Los datos de un estudio de Gerald Epstein y James Crotty (de la Universidad de Massachusetts en Amherst) muestran que entre 1945-1975 los componentes del sector financiero pudieron extraer unos 35 centavos por cada dólar prestado para ser invertido en la economía real. Para el año 2000 las cosas habían cambiado: por cada dólar prestado a la economía real el sistema financiero estuvo extrayendo 66 centavos.

Otra de las funciones que se supone debe desempeñar el sistema financiero se relaciona con el buen manejo de las cuentas para el retiro. Los datos demuestran que el desempeño de fondos de retiro que son objeto de una administración activa es inferior al de fondos que se encuentran relacionados con un índice compuesto de un abanico más amplio de títulos financieros. Es decir, los corredores e intermediarios que se han dedicado a administrar las cuentas de ahorro para el retiro no han hecho un buen trabajo.

Se dice que el sistema financiero permite reducir el riesgo inherente a cualquier operación de inversión en el capitalismo. Pero aquí tenemos una prueba de que el sistema financiero no sólo no desempeña una función social constructiva, sino que su nivel de parasitismo se nutre a sí misma. A partir de 1990 las operaciones que llevó a cabo el sistema financiero en las economías capitalistas más desarrolladas del planeta tenían por objeto dispersar el riesgo de las operaciones financieras con el objetivo de hacerlo manejable. Las operaciones de bursatilización y la creación de productos financieros derivados estuvieron diseñadas desde sus orígenes para distribuir el riesgo financiero por todo el sistema: se suponía que eso haría más robusto al sistema porque el riesgo sería mínimo para los agentes individuales del sistema financiero. La realidad de las cosas es que el riesgo puede repartirse, pero eso no lo elimina. Y, como se hizo evidente cuando estalló la crisis en 2008, muchos funcionarios de bancos y operadores de fondos absorbieron cada vez más riesgo precisamente porque pensaron que no habría efectos negativos. En lugar de que los derivados redujeran el riesgo, terminaron por incrementarlo de manera insoportable.

Finalmente, se supone que una de las funciones más importantes del sistema bancario-financiero es proporcionar liquidez adecuada para todo el sistema. Pero aquí tampoco es posible pensar que los bancos y el sistema financiero en su conjunto cumplen con su misión. No hay que olvidar que los bancos son entidades que pueden crear dinero de la nada: cada vez que realizan un préstamo y abren una cuenta a sus nuevos deudores, inyectan una nueva fuente de liquidez en la economía. Por eso los bancos desempeñan una función procíclica: cuando todo indica que la economía va por buen camino, los bancos prestan más dinero. Y viceversa, cuando las cosas no andan bien, los bancos cierran las válvulas del crédito. Proveer a la economía de liquidez no es una tarea que desempeñan los bancos de manera adecuada. La larga serie de crisis provocadas por exceso o falta de liquidez, incluyendo la explosión de 2008, es la mejor prueba de que el sistema bancario y financiero debe ser sometido a una regulación y un riguroso control social.

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