miércoles, 27 de enero de 2016

La ‘Cuarta Revolución Industrial’ eliminará 7 millones de empleos hasta 2020

Cive Pérez, Attac.es

Un estudio presentado en la tradicional reunión que las élites ecónómicas celebran en Davos alerta sobre la destrucción, hasta 2020, de siete millones de empleos en las 17 principales economías del mundo. A todo esto, los partidos políticos españoles siguen prometiendo la entelequia de crear un imposible volumen de empleo.

A lo largo de los próximos tres días la ciudad suiza de Davos se convertirá en el epicentro de la actividad política y económica mundial. Esta ciudad del cantón de Graubünden (Grisones) acogerá al Foro Económico Mundial, un encuentro anual que congrega a la élite del pensamiento neoliberal. Entre sus miembros se cuentan representantes de las 2.000 empresas más grandes del mundo junto a los directivos del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de la Organización Mundial de Comercio.

La entidad que lo organiza ha puesto a disposición de los miembros del Foro un informe sobre los efectos de la denominada Cuarta Revolución Industrial. Tras la automatización de la industria en el siglo XVIII (considerada Industria 1.0), la división del trabajo y la producción en cadena de principios del siglo XX (Industria 2.0), y la revolución tecnológica de finales del siglo XX (Industria 3.0), ahora estamos hablando de la digitalización de los sistemas de producción que impactará enormemente en las empresas y en la manera en la que la economía afecta a las personas, la sociedad y los países.

El documento de Davos analiza las transformaciones que la economía mundial y el mercado de trabajo padecerán en el próximo lustro. Entre sus advertencias se afirma que, a causa de la automatización, se perderán el mundo unos siete millones de empleos “de oficina”. El estudio predice el desarrollo en las áreas de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión 3D. Esta transformación provocará que algunos empleos sean superfluos e innecesarios, pero al mismo tiempo abrirá la oportunidad a otra gran gama de empleos.

Los economistas que firman el estudio advierten que esta pérdida se compensará con la creación de otros dos millones de nuevos empleos en las áreas de computación, ingeniería, arquitectura y matemática. La entidad basa su análisis en decenas de entrevistas a directores de recursos humanos de una quincena de países que cuentan con el 65% del mercado laboral mundial.

No obstante, la diferencia entre creación de nuevos empleos y destrucción de oficios obsoletos se salda con una destrucción neta de empleo. Caminamos, pues, hacia el modelo que se ha descrito como sociedad 20-80. En la que bastará el trabajo del 20% de la población activa para hacerla funcionar. Esa minoría de trabajadores cualificados será suficiente para asegurar el control de las máquinas y procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural.

Es obvio que hay que definir otro modelo de reparto de la riqueza generada gracias al imparable avance tecnológico. Sin necesidad de ser profeta, simplemente observador de la realidad, en este blog ya hemos comentado que las cúpulas dirigentes del mundo son perfectamente conscientes de la colosal avería sufrida por el artefacto convencional del empleo. Y son conscientes también de que, tarde o temprano, tendrán que establecerse sistemas de rentas mínimas extensibles a sectores mucho más amplios que los contemplados por las actuales rentas de indigencia.

Sin embargo, esas cúpulas se resisten a tomar medidas de ese tipo porque intuyen que ello, al empoderar de alguna manera a la mayoría social, significaría un detrimento de su poder actual.

Por ello, como sostengo en mi reciente libro sobre la Renta Básica Universal, es hora de que surjan voces valientes capaces de salir de la zona de confort ideológica y declarar algunas verdades ante la opinión pública. Una de ellas es que el empleo, tal como lo hemos conocido en las sociedades desarrolladas, no volverá a desempeñar el mismo papel que tuvo hasta hace una década. Y por tanto, el ingreso garantizado es una propuesta destinada a prevenir la pobreza antes de que ésta afecte a una persona sobre todo por la falta de empleo, la única mercancía que el sistema de mercado es incapaz de suministrar a toda la población.

Lamentablemente, no parece que ninguna de las formaciones políticas que componen el renovado Parlamento español haya comprendido el alcance de esta nueva fase de la revolución industrial. O lo que sería mucho peor, que comprendiéndola, no se atrevan a plantear soluciones adecuadas por una estrategia puramente electoralista. Lo fácil es prometer la entelequia de crear un volumen de empleo imposible.

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