jueves, 6 de agosto de 2015

A 70 años del ataque nuclear de Estados Unidos a Hiroshima y Nagasaki


Este jueves 6 y el próximo domingo 9 de agosto, la humanidad conmemora el único caso de uso bélico de armas nucleares en su historia: el bombardeo de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki por parte de Estados Unidos. Agresiones de este tipo no tienen fecha de caducidad y hoy, 70 años después, los ataques deben reconocerse como un crimen de lesa humanidad, que ha provocado cáncer, mutaciones genéticas y mortalidad infantil. Un crimen perpetrado por Estados Unidos que aún no es sancionado. Un acto de vandalismo sin sentido que debió llevar a presidio perpetuo a todos sus autores, incluyendo al presidente de Estados Unidos, Harry Truman. Si Hitler hubiera destruido con armas químicas alguna ciudad europea esto habría formado parte de los Juicios de Núremberg. Sin embargo, a Estados Unidos se le permitió arrasar con dos ciudades enteras, y eliminar a más de cien mil personas de una sola estocada, sin ningún castigo, con total impunidad... Hay que recordar estos hechos vergonzosos porque Estados Unidos trata de borrar la memoria sobre Hiroshima y Nagasaki y su horroroso genocidio que demuestra el más brutal desprecio por la humanidad.

Los dos bombardeos mataron instantáneamente al menos a 129.000 personas. Sin embargo, el saldo final de las víctimas mortales no está claro a día de hoy. Se estima que en los primeros 2-4 meses posteriores, los agudos efectos de los ataques —mayormente, quemaduras y el síndrome de irradiación aguda— se cobraron entre 90.000 y 166.000 vidas en Hiroshima y entre 40.000-80.000, en Nagasaki. Sin embargo, según cifras de 2013, el total de bajas sería de casi 450.000 personas: 286.818 en Hiroshima y 162.083 en Nagasaki.

Los bombardeos no causaron ningún daño real a las fuerzas militares japonesas dado que ambas ciudades eran de carácter industrial y no tenían ningún centro militar administrativo. Las tropas terrestres de Japón no perdieron su capacidad bélica, ya que la mayoría de ellas todavía estaba fuera del país en aquel momento: en China nororiental, Corea y Vietnam, entre otros.

"Desde el principio, Estados Unidos quería bombardear ciudades de tipo industrial y barrios residenciales. Querían ver las destrucciones que causaban y cómo quedarían las víctimas. No fue casualidad que en el bombardeo de Hiroshima, estuvieran otros aviones más: uno con científicos a bordo, y el otro, con camarógrafos. Otra motivación fue mostrar al mundo las pretensiones de Estados Unidos para la gestión global en el mundo de postguerra, que EE.UU. ahora es el dueño del planeta", opina el académico ruso Yuri Nikíforov a Komsomólskaya. Para el Japón de hoy, Hiroshima y Nagasaki siguen siendo "una herida sin curar" que el país siempre recuerda. Pero en ningún momento Tokio planteó oficialmente la solicitud de que Washington le pidiera perdón. En parte, esto es porque los japoneses lo ven como un castigo por haber desatado la guerra contra Estados Unidos. Además, ven a los estadounidenses como la nación que les garantizó la seguridad durante la Guerra Fría, les enseñaron la democracia y contribuyeron a la creación de su nueva estructura económica.

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