lunes, 22 de junio de 2015

Los cocineros de las odiadas recetas del FMI

Andy Robinson, La Vanguardia

Los llamados off the record briefings son los eventos esperados con más expectación por los periodistas durante las asambleas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Atrapados en la sala de prensa en la sede del fondo en la calle H de Washington –ya con una cascada en la fachada exterior–, los periodistas se sienten eufóricos cuando reciben el aviso de que han sido invitados a unos de esos petits comités con los técnicos del Fondo, los que van de país en país recetando reformas estructurales y recortes al gasto público. Los hombres de negro, anónimos técnicos, que pululan por los ministerios de las capitales de la maltrecha europeriferia, de Atenas a Lisboa y Dublín y, de vez en cuando Madrid.

La cara visible del poderoso fondo monetario es la directora gerente Christine Lagarde. Antes fueron Dominique Strauss Kahn y Rodrigo Rato. Los escándalos en los que estos tres se han visto involucrados han personalizado aún más las actuaciones Fondo. Tanto Lagarde como Rato están siendo investigados por corrupción financiera. Strauss Kahn acaba de ser absuelto de las acusaciones de haber gestionado redes de prestación de prostitución pero no absuelto de haber participado en ellas. Lagarde ya tiene estatus de diva global, que luce llamativos trajes de marcas de lujo durante sus viajes de diplomacia financiera y ha salido vestida de Chanel en la revista Vogue.

Pero la gente que toma las decisiones sobre los recortes de pensiones o de salarios van de traje gris y no se les ve la cara. Son los jefes de misión que llegan a las capitales de la europeriferia con sus maletines llenos de reformas estructurales y medidas de privatización. No tienen grandes conocimientos de los países a los que les toca imponer las recetas. Pero, cuando se forma parte de la escuela de la TINA (There Is No Alternative; no hay alternativa) eso no te preocupa.

En sucesivos encuentros con el exjefe de la misión en España, el británico James Daniel, los periodistas de medios españoles nos quedamos asombrados por sus escasos conocimientos de la sociedad y cultura españolas. Ni una palabra de castellano. El año pasado fue sustituido por una experta francesa que es más sensible a la idea de que cada país es diferente. Este año se ha producido otra sustitución y llega el alemán Helge Berger.

El briefing obligatorio en la asamblea de abril fue el de Poul Thomsen, director del departamento europeo del FMI y uno de los pesos pesados de la entidad. Thomsen es de Holanda, uno de los países más halcones en la eu­rocrisis. Tiene una mirada de aguados ojos azules que parecen estar preguntando: "¿Por qué os interesan tanto mis briefings?, ¡si siempre digo lo mismo!". Habla pausadamente en un inglés tru­fado de frases como "front loaded" (con las medidas más duras por delante) o "condicionalidad". Pero en abril tropezaba en cada frase quizás porque estaba traumatizado tras reunirse esa misma mañana con el ministro de Finanzas de Syriza, Yanis Varufakis, que no solo sabe deconstruir la ortodoxia de la troika sino que lo hace con un excelente inglés. "Voy a optar felizmente por no contestar a esa pregunta", respondió cuando un periodista le preguntó qué pasaría si Grecia no reembolsa los más de mil millones de euros que debe pagar al FMI este mes y el próximo.

Thomsen hace el trabajo sucio del Fondo en la periferia de la zona euro. Lidera misiones en territorio comanche como Atenas. Explica a los gobiernos rebeldes la cruda realdad de que si no se someten, no van a acceder a más créditos. Pero lo extraño del FMI en esta crisis es que en Washington, los teóricos del departamento de análisis macro no apoyan las recetas de Thomsen.

Olivier Blanchard, por ejemplo, es el economista jefe del Fondo. Blanchard fue nombrado por el socialista Dominique Strauss Kahn en 2008 cuando este aún era conocido como un admirador de John Maynard Keynes y no de la madame del burdel parisino. Blanchard –de 68 años– es un economista de pedigrí, formado en la escuela neokeynesiana de Rudy Dornbusch del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Como buen francés, rechaza la puritana y autodestructiva ortodoxia germana que impera en la zona euro. Bajo sus directrices, los economistas del Fondo realizaron un análisis econométrico y descubrieron que la troika en Grecia había cometido el error de infravalorar el impacto devastador de las medidas de austeridad. De ahí, la catástrofe griega: la pérdida del 25% de su economía en cuatro años y la agravación de su crisis de deuda. Blanchard, socialista que se definió como "muy de izquierdas durante el mayo del 68", ha advertido contra un exceso de austeridad en Europa y ha insistido en la necesidad de reestructurar la deuda griega... Pero los equipos el FMI en la tierra, en Atenas o Riga (Letonia), siguen siendo los más duros en aplicar la austeridad.

Esta contradicción define el FMI en Europa. David Lipton, el número dos de Christine Lagarde, es exfuncionario del Tesoro de Bill Clinton y tampoco coincide con la euroausteridad. Según las leyes no escritas de las instituciones multilaterales financieras, el Fondo tiene un director gerente europeo pero el número dos debe ser estadounidense. Y como suele ocurrir en Washington, Lipton ya ha pasado por Wall Street. Era jefe de gestión de riesgo del banco Citigroup (rescatado por el joven tras la crisis de las hipotecas basura). Es la puerta giratoria que une Wall Street y Washington.

El valenciano José Viñals, director del departamento de estabilidad financiera, tiene el trabajo nada envidiable de advertir sobre posibles crisis financieras y bancarias. Es un veterano de las autoridades monetarias. Era director del Banco Internacional de Pago en Basilea, luego del comité monetario del Banco Central Europeo, así como integrante de la CNMV española. Tiene un máster de la London School of Economics y un doctorado por Harvard. Pero el currículum tiene un fallo. Viñals era uno de los defensores de la Unión Monetaria Europea tal y como fue diseñada, ahora considerada por todos un Frankenstein.

Viñals no es el único representante de un país de la periferia deudora de la zona euro en las filas de los cocineros del FMI. Víctor Gaspar es responsable del análisis fiscal del fondo, el juez de la disciplina presupuestaria de cada país. Es un premio quizás por su papel en la implementación de duras políticas de austeridad en Portugal cuando era ministro entre el 2011 y el 2013 del gobierno superobediente ante la troika de Pedro Passos Coelho.

Algunos de los cocineros del FMI se vuelven en contra del Fondo en cuanto salen. Simon Johnson, ex economista jefe del FMI y autor del libro 13 banqueros, se convirtió tras regresar de Wa­shington a Boston en un crítico incansable del lobby bancario y aquella puerta giratoria que Lipton aprovechó. Ashoka Mody, por su parte, jefe de misión del Fondo en Irlanda en el 2010, arremetió después contra la dura austeridad que la troika recetó en Dublín y los rescates billonarios a bancos corruptos como Allied Irish. El mes pasado Mody escribió una crítica demoledora a las actuaciones del Fondo en Grecia. Quizás Mody simpatiza con la capacidad de supervivencia del pueblo griego.

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