domingo, 28 de junio de 2015

Grecia y Ucrania víctimas colaterales de la guerra fría

Germán Gorraiz López, Alainet

Europa atraviesa un período muy convulso pues la crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial) y el estancamiento económico que se está haciendo visible en los países periféricos y emergentes y la aparición de brotes deflacionistas en el seno de la UE ha provocado el desapego afectivo europeo y la aparición de fuerzas centrífugas que podrían provocar la desmembración de la actual Unión Europea y el retorno a escenarios ya olvidados de proteccionismo económico y de compartimentos estancos en el horizonte del 2019.

En el caso griego, la troika que comprenden la UE, el FMI y el BCE llevan tiempo presionando a Grecia con un riguroso programa de privatizaciones debido a su desorbitante Deuda Pública (de 320.000 millones de euros) y ha obligado a todos los partidos políticos a aprobar suicidas medidas de austeridad que han provocado la pérdida de más de 1 millón de puestos de trabajo. Además, se estima que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2015, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la salida de la Eurozona (medida drástica que contaría con las bendiciones de su principal acreedor, Alemania) , por lo que “cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times.

Sin embargo, las políticas constrictivas implementadas en la Eurozona podrían volverse en su contra pues hasta ahora los procesos de adhesión de nuevos países habían funcionado como un instrumento democratizador y reformista del continente pero la doctrina del “numerus clausus” habría finiquitado el proceso de ampliación con el riesgo evidente de que los valores democráticos que la UE ha exportado hacia los países de la extinta URSS sean reemplazados por los ideales expansionistas de la Nueva Gran Rusia de Putin, con lo que se alteraría notablemente el escenario geopolítico europeo para la próxima década. Así, en el caso heleno, la asfixiante falta de liquidez obligará al Gobierno heleno a gravitar en la órbita rusa con el consiguiente impacto geopolítico pues Rusia pasaría a ser aliado natural de Grecia mientras el país heleno se convertiría en el portaaviones continental de Rusia tras la instalación de una megabase naval en Suda (Creta) con lo que quedaría perfilado el triángulo Sebastopol-Suda-Tartus como bases logísticas de la nueva Flota rusa del Mediterráneo, (disuelta en 1992 tras la extinción de la URSS) y cuya columna vertebral estará formada por la Flota del Mar Negro , la del Norte y la del Báltico, estimando que estará operativa para el 2.016 y que supondrá de facto el control del Mediterráneo Oriental por Putin, no siendo descartable que por efecto mimético países como Hungría, Albania, Serbia, Rumania y Bulgaria podrían asimismo empezar a gravitar en la órbita rusa.

Ucrania

En el caso ucraniano, tras el fallido intento de la adhesión de Ucrania al tratado de Libre Comercio con la UE, subyacería la grave situación económica plasmada en la necesidad urgente de la actualización del tejido productivo ucraniano a los estándares y requisitos técnicos europeos. ( estimada en unos 160.000 millones de dólares en un proceso que se prolongaría hasta 2017, con una inversión de 20 millones $ anuales dedicados en exclusiva a la actualización de los estándares) y lograr la transición de la economía ucraniana antes de su incorporación a la UE en un país con una deuda cercana a los 136.000 millones $ y un preocupante estancamiento económico, a lo que se uniría la falta de garantías plenas para una posible integración de Ucrania como miembro de pleno derecho de la UE, (garantías que sin embargo tuvieron en su momento países como Polonia, Hungría, Bulgaria o Rumania), así como el presunto rechazo de la opinión pública europea a dicha plena integración ya que la Eurozona está inmersa en la inacabable crisis griega que absorbería los recursos financieros europeos.

Así, tras el “golpe de mano virtual” contra el depuesto Yanukóvich y la elección del candidato pro-occidental Petró Poroshenko, EEUU habría acudido en su ayuda para evitar que fuera fagocitada por la Rusia de Putin logrando que la entente FMI-UE-BM concediera a Poroshenko ya en marzo unos 4.500 millones $ correspondientes al primer tramo del rescate de un programa a cuatro años que ascendería a un total de 15.500 millones $, pero no evitará que Ucrania entre default o suspensión de pagos según un informe del analista Andrew Matheny recogido por Bloomberg al no poder hacer frente el próximo 24 de Julio a unos vencimientos de deuda cercanos a los 120 millones € , lo que provocará que la Deuda ucraniana sea endémica y recurrente. Además, como contrapartida a las recientes sanciones impuestas por la UE y EEUU contra Rusia, podríamos asistir el próximo invierno a la reedición de la Guerra del Gas ruso-ucraniano de 2006 que tendrá como efectos colaterales recortes de suministro en varios países de la UE (el gas ruso abastece en más de un 70% a países como los Países bálticos, Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría y República Checa y más del 80% del total del gas que la UE importa de Rusia pasa por Ucrania) lo que aunado con la división de facto de Ucrania en dos mitades casi simétricas y separadas por el meridiano 32 Este, (quedando el Sur y Este del país (incluida Crimea) bajo la órbita rusa mientras el Centro y Oeste de la actual Ucrania navegarán tras la estela de la UE), significará “de facto” el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría Rusia-EEUU.

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