domingo, 11 de enero de 2015

Paul De Grauwe: Grecia, la rebelión de los deudores

Paul De Grauwe, Ivory Tower

La crisis de la deuda griega que estalló en 2010 ha vuelto, y otra vez amenaza la estabilidad de la zona euro. Esa crisis fue el resultado de dos factores. En primer lugar, de un gasto desenfrenado, tanto del sector privado como del sector público, en Grecia durante los años de auge de 2000-2010, lo que llevó a unos enormes niveles de deuda insostenibles. En segundo lugar, de los imprudentes préstamos a Grecia de los bancos del Norte de la zona euro. En ningún momento los banqueros del Norte se preguntaron si los griegos podrían devolver los préstamos.

La UE eligió resolver la crisis de la deuda castigado a los griegos y rescatando a los banqueros del Norte. Se impuso a Grecia un programa de austeridad punitiva, cuyos efectos son visibles en todas partes en ese país. Una disminución en el PIB de cerca del 25% desde 2010, un aumento del desempleo a un nivel que no hemos visto desde los años treinta, y el empobrecimiento de grandes sectores de la población griega.

Los bancos quedaron en gran medida impunes. Es cierto que hubo una reestructuración de la deuda griega en manos de inversores privados. Algunos bancos pagan el precio del crédito excesivo concedido a Grecia, pero la mayoría de los bancos escaparon ese destino trasladando sus perdidas griegas al sector público. Esos bonos de deuda están ahora en manos de los gobiernos nacionales y el Banco Central Europeo. Y estos quieren recuperar su dinero sin importarles las consecuencias para el pueblo y el sistema político griegos.

La versión oficial de este enfoque es que la estricta austeridad que se impuso a la población griega es inevitable y al final dará sus frutos. ¿Inevitable? Sí, por supuesto, si el objetivo es salvaguardar los intereses de los acreedores, entonces no queda más que una posibilidad: los griegos tienen que devolver hasta el último céntimo. ¿Funcionará al final? Sí, por supuesto, si la austeridad se mantiene el tiempo suficiente acabará produciendo y transfiriendo recursos desde Grecia hacia el Norte rico de la zona euro.

Esta versión, sin embargo, pierde de vista las convulsiones políticas provocadas por la miseria humana que ha provocado una austeridad tan estricta. Los millones de personas que son arrojadas a la miseria por los acreedores del norte de Europa no son sujetos pasivos. No sólo protestan en las calles, algo que los acreedores pueden sobrellevar fácilmente. También votan por los partidos políticos que les prometen una manera mejor de lidiar con el problema. Y estos son los partidos que están dispuestos a romper el orden político y social establecido.

Es terrible ver como la elite política europea ha estado viviendo en un capullo, incapaz de ver las implicaciones políticas y sociales de los programas de austeridad estricta que impusieron a países como Grecia (pero también a otros países de la periferia). Esa elite política todavía no ha aprendido la lección. La primera reacción del ministro alemán de Finanzas, tras el anuncio de nuevas elecciones en Grecia fue que había que mantener a toda costa la disciplina necesaria para continuar con el programa de ajuste.

¿Qué hacer? Mucho dependerá de los resultados de las elecciones en Grecia. El partido de extrema izquierda, Syriza, busca flexibilizar la dureza de los programas de austeridad y negociar una reestructuración de la deuda con las autoridades europeas. Es bastante sorprendente descubrir que estas reivindicaciones, de hecho, se basan en un análisis correcto del problema griego. A pesar de la austeridad, que ha sido extraordinariamente dura, la deuda pública griega ha aumentado y ahora excede el 170% del PIB. El peso de esa deuda es tan alta que los futuros gobiernos griegos no podrán continuar pagando los intereses que provoca.

En lugar de negar esta realidad, los ministros de Finanzas de la UE deben comenzar ha enfrentase a ella. Deberían empezar a pensar en la forma en la que puede ayudar a aliviar la carga de la deuda griega. Negar esta realidad condena a Grecia a muchos más años de miseria y fomentará aún más los movimientos políticos extremistas en el país.

El riesgo hoy es que los líderes políticos de la eurozona se niegan a aliviar la deuda griega (y la de otros países de la periferia). En ese caso, es inevitable una crisis profunda de la zona euro. Aunque Syriza no gane las próximas elecciones, los partidos extremistas lo harán en futuras elecciones. Esto va a ser muy perjudicial para la zona euro en su conjunto.

La historia nos enseña que después de una crisis de la deuda es imprescindible alcanzar un equilibrio entre los intereses de los acreedores y de los deudores. El enfoque unilateral que se ha adoptado en la zona euro, en la que los deudores se han visto obligados a soportar todo el peso del ajuste, casi siempre conduce a una rebelión de esos deudores. Es lo que está ocurriendo en Grecia. Sólo se puede frenar si los acreedores se atreven a enfrentarse a esta realidad.
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Tomado de Sin Permiso. Traducción de Enrique García

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