miércoles, 22 de octubre de 2014

Sobre el destino de China y la economía mundial

Paula Bach, Rebelión

Las miradas sobre las tendencias fundamentales de la economía mundial se posan sobre tres focos. Estados Unidos, Europa -con Alemania como actor principal- y China. Pongamos las cosas de la siguiente manera. El agravamiento de tendencias deflacionarias en Europa y datos sobre la debilidad de la economía alemana se combinaron con recientes malos resultados de la economía norteamericana. A este paquete se sumaron las especulaciones alrededor de si la Fed va a elevar o no la tasa de interés, cuestión que en última instancia habla sobre la verdadera solidez de la economía norteamericana. El concierto de estos movimientos sacudió las bolsas los últimos días abriendo un escenario en el que se incrementa la probabilidad de apertura de una nueva fase de la crisis. ¿Y China?

Recapitulando

En 2008 estalló la crisis más profunda de la economía mundial de que se tenga memoria desde los años ‘30. La respuesta fue un endeudamiento estatal sin precedentes históricos que se combinó con la potencia del crecimiento económico chino. Esta combinación logró sacar de escena las tendencias hacia una nueva Gran Depresión, aunque sin resolver los problemas estructurales que se habían puesto de manifiesto. El primero de ellos es la debilidad estructural de la economía norteamericana que a pesar de los estímulos, las caídas salariales, la destrucción operada por la crisis y la recuperación de las ganancias, no logra reestablecer la “demanda agregada” en términos keynesianos. Esto es la demanda de inversión y de consumo. El segundo de ellos es que la crisis colocó un límite a la división del trabajo favorable a Alemania, establecida en la zona euro durante el período previo. La resultante es una traba para la expansión alemana y sus aspiraciones “imperiales”. El tercero es que el crecimiento débil de la economía norteamericana se transformó en una limitante para el “círculo virtuoso” chino-norteamericano que se desarrolló entre 2001 -con la entrada de China a la OMC- y el inicio de la crisis. El último es que las políticas monetarias y de rescate estatal de deudas no sólo consiguieron un muy débil desapalancamiento privado, sino que derivaron en un incremento acelerado de la deuda total, pública y privada. Si retornamos al principio y recordamos que el endeudamiento estatal y la fortaleza económica de China fueron los factores claves para frenar la caída inicial, resulta evidente el necesario abordaje de ambos aspectos para pensar posibles escenarios futuros.

A dónde va China

Luego de 2009 se produjo en China una recuperación económica fuerte con una tasa de crecimiento de dos dígitos en 2010. Luego su economía continuó creciendo pero en forma descendente hasta alcanzar el nivel actual que ronda el 7,7% del PBI. Las exportaciones hacia Estados Unidos se recuperaron pero nunca volvieron a alcanzar el ritmo previo a la crisis. La debilidad de las economías alemana y japonesa, representan otros tantos factores que impiden pensar un retorno a la situación anterior. De modo tal que si hasta cierto punto la recuperación norteamericana le permitió a China mantener un relativo statu quo, la imposibilidad de que las cosas vuelvan a ser como antes la obliga a replantearse en términos estratégicos el modelo de acumulación de capital vigente. Desde el estallido de la crisis el “modelo exportador” está en cuestión. Una reconversión hacia el mercado interno es materia de discusión al interior del aparato estatal chino cuyas alas actúan según intereses asociados a su mayor o menor ligazón al capital extranjero. Esta reconversión como “modelo alternativo” (sin negar los incrementos del consumo interno que efectivamente están produciéndose) resulta un viraje de compleja ejecución. Fundamentalmente porque pone en escena dos aspectos centrales y complementarios. El primero de ellos, involucra un necesario incremento sustancial de los salarios que, aún habiendo aumentado durante los últimos años, continúan siendo una ventaja comparativa para China. El segundo, en estrecha relación con el primero, se asocia a la evolución de las exportaciones de capitales. Esto es a la posibilidad de China de contrapesar las actuales tendencias a la sobreacumulación interna de capitales mediante su acumulación externa y la explotación de proletariados distintos al chino. Como se comprenderá, de la realización o no de ambos aspectos –que no son los únicos pero sí factores muy importantes-, dependerá en parte la evolución de China hacia el estatus de una economía con mayores rasgos imperialistas.

La exportación de capitales

La inversión extranjera directa (IED) china retomó impulso precisamente a partir del año 2010. Según la UNCTAD, la IED total china efectuada en el año 2013, alcanzó un monto de 101.000 millones de dólares. Si bien según la OCDE el monto es bastante menor, alcanzando los 73.000 millones de dólares, ambos organismos coinciden en que China se convirtió en el tercer emisor mundial de IED. Tomando como referencia los datos de UNCTAD, el monto de IED china representa un valor cercano al tercio de las IED norteamericanas que fueron en 2013 de 338.000 millones de dólares y más del 70% de las IED japonesas de 136.000 millones. Tomando los datos de la OCDE, el diario El País concluye que China aumentó un 17% las IED desde 2012 y que multiplicó su volumen total en 36 veces durante los últimos 10 años. De este modo, habría pasado al puesto número 3 con respecto del puesto número 16 que ocupaba en 2005. El grueso de estas inversiones está asociado a la energía en primer lugar y a la minería e infraestructura y transporte, en segundo y tercer lugar. África es el principal destino de sus inversiones en cuanto a posesión de tierras y minería, Venezuela, Irán y Canadá son los principales destinos en sus exportaciones de capitales dirigidas al sector energético. Distintas fuentes señalan que durante los últimos años China estaría disminuyendo las inversiones en recursos naturales y aumentando aquellas destinadas a sectores industriales. Como parte de este proceso y según el periódico inglés Financial Times, la IED china en Europa se multiplicó por cuatro entre 2010 y 2012 alcanzando un monto cercano a los 27.000 millones de euros. Este giro está estrechamente vinculado a la necesidad de otorgar mayor peso al mercado interno. No cabe duda del incremento acelerado de la inversión externa china durante los últimos años. Es necesario considerar no obstante, para evaluar con más precisión el proceso, al menos tres factores.

Limitantes

Tres elementos fundamentales relativizan tanto la magnitud, como la posibilidad de expansión de las inversiones externas chinas y sus características. El primero de ellos es que el país, según Financial Times, acumula un monto de reservas internacionales cercano a los 4 billones de dólares. La mitad de ese monto se encuentra invertido en deudas públicas de gobiernos extranjeros y la mayor parte en bonos del Tesoro Norteamericano. De este modo, China posee 2 billones de dólares inactivos para seguir invirtiendo. Con respecto a suma, los 100 mil millones en inversiones externas que informa UNCTAD para 2013, representan un porcentaje pequeño. El segundo es que para efectuar inversiones en los países centrales, China enfrenta poderosas trabas y restricciones. Como también señala Financial Times, Europa no está dispuesta a vender a China sus empresas de alta tecnología. En un sentido similar, la oferta de la empresa china CNOOC para comprar la empresa petrolera estadounidense Unocal en 2005, suscitó un escándalo que terminó en el voto contrario del parlamento norteamericano. El tercero es que como balance general la inversión extranjera directa en China alcanzó en 2013, según Financial Times, un monto de 117.000 millones de dólares que supera la inversión que China realiza en el extranjero, sea cual sea la fuente que se considere.

Breve reflexión final

La evolución de la crisis económica mundial -que podría estar frente a una nueva fase-, impondrá en gran parte el ritmo a la evolución de este proceso. Un nuevo salto de la crisis, replantearía todos los escenarios. Desde las huelgas ascendentes en China hasta fenómenos democráticos como el de Hong Kong y las restricciones al crecimiento señaladas, actuarán seguramente como límite al rol contratendencial durante los últimos años.

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