jueves, 25 de septiembre de 2014

Leonardo Di Caprio y el cambio climático: No es un debate entre partidos, sino de la humanidad

Gracias, señor secretario general, excelencias, señoras y señores, y distinguidos invitados(*). Tengo el honor de estar aquí hoy ante ustedes, no como un experto, sino como un ciudadano preocupado; una de las 400 mil personas que marcharon en las calles de Nueva York el domingo, y de los miles de millones en todo el mundo que quieren resolver nuestra crisis del clima.

Como actor, simulo para ganarme la vida. Represento personajes ficticios que a menudo resuelven problemas ficticios.

Creo que la humanidad ha mirado el cambio climático en la misma forma: como si fuera una ficción que ocurre en el planeta de otra gente, como si fingir que el cambio climático no es real de algún modo lo hiciera desaparecer.

Pero creo que sabemos que no es así. Cada semana vemos nuevos e innegables eventos del clima, evidencias de que el cambio climático acelerado está aquí ahora. Sabemos que las sequías se intensifican, que nuestros océanos se calientan y acidifican, con vapores de metano que ascienden desde el lecho del océano. Contemplamos eventos climáticos extremos, temperaturas cada vez más altas y que las capas de hielo de Antártida Occidental y Groenlandia se derriten a tasas sin precedente, décadas delante de las proyecciones de científicos.

Nada de esto es retórica, y nada es histeria. Son hechos. La comunidad científica lo sabe, la industria y el gobierno lo saben, hasta la clase militar de Estados Unidos lo sabe. El jefe del Comando del Pacífico de la Armada, el almirante Samuel Locklear, dijo en fecha reciente que el cambio climático es la mayor amenaza a nuestra seguridad.

Amigos míos, este organismo –quizá más que cualquier otra sociedad en la historia humana– enfrenta ahora esa difícil tarea. Ustedes pueden hacer historia… o ser vilipendiados por ella.

Para hablar claro, no se trata sólo de decir a la gente que cambie sus focos o compre un automóvil híbrido. El desastre ha ido más allá de las elecciones que hacen los individuos. Ahora se trata de nuestras industrias, y de que los gobiernos en todo el mundo adopten acciones decisivas en gran escala.

No soy científico, pero no necesito serlo. Porque la comunidad científica del mundo ha hablado, y nos ha dado su pronóstico: si no actuamos juntos, sin duda pereceremos.

Ahora es el momento de actuar

Necesitamos poner precio a las emisiones de carbono y eliminar los subsidios gubernamentales a las compañías productoras de carbón, gas y petróleo. Necesitamos poner fin al paseo gratuito que los contaminadores industriales han recibido en nombre de la economía de libre mercado; no merecen nuestros dólares de impuestos: merecen nuestro escrutinio. Porque la economía misma morirá si nuestros ecosistemas se derrumban.

La buena noticia es que la energía renovable no sólo es alcanzable, sino que es buena política económica. Nuevas investigaciones muestran que hacia 2050 la energía limpia y renovable puede satisfacer ciento por ciento de las necesidades energéticas del mundo usando tecnologías existentes, y crearía millones de empleos.

No es este un debate entre partidos, sino un debate humano. Aire y agua limpios, y un clima favorable a la vida son derechos humanos inalienables. Y resolver la crisis no es cuestión de política. Es nuestra obligación moral, aunque, lo reconocemos, abrumadora…

Sólo tenemos un planeta. La humanidad debe hacerse responsable en escala masiva por la insensata destrucción de nuestro hogar colectivo. Proteger nuestro futuro en este planeta depende de la evolución consciente de nuestra especie.

Es el más urgente de los tiempos, y el más urgente de los mensajes.

Honorables delegados, líderes del mundo: yo simulo para vivir, pero ustedes no. La gente hizo sentir su voz el domingo en todo el mundo y el impulso no cesará. Ahora es el turno de ustedes; el momento de responder al mayor desafío de nuestra existencia en este planeta… es ahora.

Les suplico enfrentarlo con valor. Y honestidad. Gracias.
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* Discurso pronunciado en la inauguración de la Cumbre sobre el Clima, en la sede de Naciones Unidas, donde Leonardo Di Caprio fue nombrado mensajero de paz de la ONU para asuntos de cambio climático

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