lunes, 23 de junio de 2014

¿Por qué tienen tanto poder los fondos buitre?

Oscar Laborde, Página 12

El respaldo a Argentina por la renegociación de la deuda fue masivo: la declaración de Bolivia del Grupo de los 77 + China, numerosos países europeos y suramericanos, voceros del gobierno estadounidense, 100 legisladores británicos, bancos extranjeros y nacionales, son algunas de las expresiones cuantitativa y cualitativamente más importantes del mundo en respaldar nuestra posición ante el juez Thomas Griesa. Se sumó a esto la delegación de legisladores argentinos, de diferentes partidos y posiciones ideológicas, que viajaron a Estados Unidos a exponer una postura de conjunto en defensa de los intereses nacionales. Sin embargo el juez, la Cámara de Apelaciones y la Corte terminaron siendo funcionales a los planteos de los holdouts que no entraron en los dos canjes que se concretaron durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Surge entonces el interrogante sobre el poder y el alcance que hoy tiene el capital financiero en la vida misma y cotidiana de la gente. Vale entonces tener presente que el objetivo del capital no es producir sino acumular como ya hace décadas se definiera, y los hechos y no las teorizaciones han demostrado que está dispuesto a hacerlo a cualquier costo, sin medir las consecuencias. En el capitalismo actual la hegemonía del financiero sobre el productivo es cada vez más evidente y dañina.

El centro del debate no es la deuda argentina, el default, la fragilidad griega, o la posibilidad de que algunos países logren salir de sus crisis históricas y recurrentes. El capital financiero se constituye en un esquema de poder que maneja bancos, empresas, tecnologías, recursos energéticos, fábricas de armamentos, medios de comunicación, y por lo tanto gobiernos, expresados en cada lugar del planeta en sus tres poderes esenciales: ejecutivo, legislativo y judicial.

Frente a la aparición de los Brics, de un nuevo modelo de integración latinoamericana, e inclusive de otros centros bancarios o de negocios internacionales, estos grupos practican una suerte de “terrorismo financiero”, destruyendo todo lo que pueda significar construcciones políticas o económicas que amenacen su posición dominante. Han logrado una gigantesca transferencia de capitales de los sectores productivos a los especulativos, impulsado los TLC, y financiado los golpes suaves y duros, sin importar los costos en vidas humanas y la destrucción de sociedades y países. Existe en la práctica un nuevo orden jurídico y económico-financiero, por sobre los gobiernos y las representaciones democráticas.

Ante la derrota de Álvaro Uribe en Colombia, se estrechan las posibilidades de una invasión militar a Venezuela y la apropiación de su petróleo; por lo tanto la estrategia se dirige a socavar los avances en la integración latinoamericana haciendo estallar sus economías; allí donde algunas naciones han logrado desarrollos sin endeudarse, ni permitir la injerencia de los organismos multilaterales de crédito en sus políticas.

El capital financiero y especulativo ha puesto a la Argentina y a otros países, con este fallo de Griesa, en una situación que no abre un abanico de posibilidades, sino que estrecha gravemente las alternativas que los gobiernos, cualquiera sea su signo político-ideológico, tienen para afrontar esta situación. Suramérica tiene una agenda pendiente con la concreción del Banco del Sur y la elaboración de herramientas y consensos internacionales que permitan elaborar medidas concretas para impedir la hegemonía del capital financiero en un mundo donde el 1 por ciento de la población detenta el 40 por ciento de la riqueza del mismo.

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