miércoles, 30 de abril de 2014

Diego García y el crepúsculo del imperio


Alejandro Nadal, La Jornada
Elaine Scarry es profesora de inglés en la Universidad Harvard. Este año sus cursos abarcan la obra de las hermanas Brontë, Thomas Hardy y Seamus Heaney. Sus seminarios se concentran en el problema del consentimiento en la literatura, la filosofía política y el derecho. Pero Scarry es también conocida por su investigación sobre misteriosas catástrofes de aviación, tema que parece extraño para alguien que piensa que la belleza nos confronta con nuestra capacidad de cometer errores.

El 17 de julio de 1996 el vuelo TWA 800, con 230 personas a bordo, salió del aeropuerto Kennedy en Nueva York en dirección a París. A los 12 minutos recibió autorización para alcanzar su altitud de crucero, pero el avión explotó misteriosamente y se desintegró en el aire. La agencia responsable de determinar las causas del desastre concluyó que probablemente un cortocircuito en los tanques de combustible había provocado la explosión.

Elaine Scarry consideró una hipótesis distinta, la del pulso electromagnético (PEM), emisión de energía electromagnética de alta intensidad que puede dañar los sistemas eléctricos y electrónicos de muchos equipos. Después de analizar miles de documentos oficiales sobre operaciones navales en la zona de la explosión, Scarry descubrió que cinco naves militares operaban en la zona la noche del desastre. Un avión Orión P3 de la armada volaba dos kilómetros arriba del TWA 800 e intersectó la longitud y latitud del TWA 800 unos segundos antes de que el transponder y la caja negra del Boeing 747 dejaran de funcionar. Por debajo y unos nueve kilómetros al norte del avión de pasajeros volaban un helicóptero Blackhawk y un avión HC 130 de la guardia costera. La fragata Adak navegaba unos 16 kilómetros al sur y el crucero Normandy (con misiles superficie-aire Aegis) estaba a unos 120 kilómetros más al sur. Además, entre el crucero y el punto del accidente se encontraban tres submarinos (dos de ataque y uno con misiles estratégicos). La noche de su destrucción el TWA 800 estaba rodeado por unas ocho naves militares.

Según Elaine Scarry, una probable causa de la explosión es la presencia de un PEM en la vecindad de la zona donde ocurrió el accidente. Este pico de energía pudo deberse a ensayos militares la noche del accidente. El análisis de Scarry reclamó una indagatoria seria. La meticulosa maestra de inglés insistió en que los accidentes misteriosos exigen que todas las posibles causas e hipótesis sean investigadas.

La pericia de Elaine Scarry en el manejo del lenguaje le ha permitido realizar un análisis crítico de las versiones oficiales sobre la destrucción del vuelo TWA 800. Aun cuando las autoridades desecharon sus conjeturas, Scarry consideró que su deber cívico la comprometía a despejar algunas incógnitas y, sobre todo, a clamar por una investigación seria sobre todas las posibles causas del desastre del TWA 800.

El caso de la misteriosa desaparición del avión de Malaysian Airlines MH 370 tiene algunos puntos de contacto con las preocupaciones de Elaine Scarry. Para empezar, es claro ahora que el avión de Malaysian fue desviado intencionalmente de su rumbo. Además, el transponder y otros instrumentos de comunicación fueron deliberadamente inhabilitados por alguien al interior de la cabina. Adicionalmente, sabemos que el avión maniobró para evadir los radares civiles y militares.

Al igual que todos los Boeing 777, el de Malaysian Airlines contaba con dispositivos ELS en el fuselaje para localización en caso de accidente que no pueden ser inhabilitados por la tripulación. Algo similar acontece con las llamadas cajas negras del avión. ¿Cómo es posible que estos instrumentos hubieran fallado? Una posible razón es que contrario a las creencias populares esos dispositivos sí pueden ser destruidos por un impacto suficientemente violento y en el caso de los ELS en el fuselaje, si se hunden en el agua dejan de funcionar.

Cada día que transcurre sin encontrar los restos del MH 370 aumenta la credibilidad de hipótesis alternativas. Una de las más interesantes es que el avión fue objeto de un intento deliberado por alcanzar la base militar de Diego García, en el océano Índico. Las fuerzas navales estadunidenses podrían haber destruido el avión con un misil guiado por radar, lo que explicaría la falta de pedazos grandes del fuselaje y la destrucción de las cajas negras y los dispositivos ELS del avión. Es evidente que en ese escenario los estadunidenses preferirían guardar silencio sobre su rol en este triste episodio. Quizás Obama ofreció alguna explicación y concesiones durante su visita a Kuala Lumpur en estos días.

Entre más débil es un imperio, más lejanas y solitarias parecen sus bases militares. Lo que parece fortaleza se traduce en debilidad. En el crepúsculo del imperio estadunidense, Diego García se perfila como señal de agotamiento. Un atentado contra esa base es intolerable para el orgullo militar estadunidense. Por eso la consigna hoy es guardar un discreto silencio sobre Diego García.

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