sábado, 28 de diciembre de 2013

También se brinda con vino chino

Marcelo Justo, Página 12

El área de cultivo de viñas a nivel mundial ha caído un 5 por ciento y la venta de vinos se ha estancado debido a la crisis económica global, pero el impacto no es igual en todas partes del planeta. Una de las zonas “desacopladas” de esta tendencia es China. “Es un área de gran crecimiento en momentos en que los problemas económicos mundiales han impactado en el consumo de los países centrales, sobre todo en Europa”, indicó a Página/12 Sarah Kemp, editora de Decanter, publicación líder de temas vitivinícolas a nivel mundial y organizadora del concurso mundial de vinos que se celebra cada septiembre en Londres.

Nadie piensa en China cuando se habla de vino, pero los números indican que es el octavo productor vitivinícola del mundo. Los consumidores chinos beben más de 1600 millones de botellas de vino anuales, una cifra que crecerá otros mil millones para 2015. Es el segundo comprador mundial del famoso clarete de Burdeos y en 2012 importó 266 milllones de libros de vino embotellado, un 10 por ciento más que en 2011.

Es cierto que estas cifras descomunales toman una dimensión diferente si se considera que China tiene casi 1400 millones de habitantes, una quinta parte de la población mundial. Con este parámetro poblacional, el consumo es de una botella por habitante por año. Si se toma como medida a la población económicamente activa (unos 900 millones), la cifra sería de dos botellas por persona. Igualmente cierto es que China se convertirá a pura fuerza de densidad poblacional y cambio en los hábitos en la segunda consumidora a nivel mundial en 2016. “Este cambio se debe a una modificación en la estructura social china en los últimos años. Hay una clase media cada vez más grande que está hoy consumiendo vino. Ambas cosas seguirán aumentando, lo que es una gran oportunidad para los países de América latina que producen vinos”, indicó a Página/12 el profesor de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales, Sun Hongbo.

El cambio es notable si se lo compara con lo que pasa en las regiones tradicionalmente vitivinícolas del mundo. El consumo de vino cayó en 2012 en Francia, Italia, España y el Reino Unido. “El sector vitivinícola no se ha recuperado de la crisis de 2008”, concluyó en octubre la Organización Internacional de la Viña y el Vino.

A la crisis se han añadido cambios en los hábitos culturales con la promoción de la vida sana. A fines de 2011, un estudio del gobierno francés estimó que el tradicional vaso de vino diario empezaba a ser cosa del pasado. Según las cifras de France AgriMer, división del Ministerio de Agricultura francés, sólo un 17 por ciento de los franceses beben con regularidad en comparación con un 21 por ciento en 2005. “Los consumidores son cautelosos frente a productos que pueden ser dañinos si son consumidos en exceso. Y hay cambio en los hábitos. La soda y los jugos de naranja están sustituyendo al vino en la mesa de los franceses”, señalaba el informe.

Paralelo a este descenso en el consumo hay una disminución de la tierra dedicada al cultivo. En España, Francia, Italia y Portugal hubo un declive de un 14 por ciento en la superficie cultivada, que pasó de 3,3 millones de hectáreas a 2,8 millones en 2012. En comparación, en ese mismo año, la cantidad de tierra destinada a viñedos en China aumentó de 300 mil hectáreas en 2000 a 570 mil.

A la cantidad se puede añadir un cambio en la calidad. En 1998 un grupo de chinos que vivían en el extranjero cataron vinos chinos comparándolos con los de California y Francia. “El grupo calificó a los vinos chinos como los peores. Muy malos. Asquerosos. Como jarabe para la tos”, recordaba en una nota reciente dedicada al tema la BBC. Desde entonces las cosas han cambiado. En 2011, una diminuta bodega de Nigxia, norte del país, ganó una medalla de oro al Gran Reserva de 2009 superando a sus rivales franceses. En el gran premio anual organizado en Londres por Decanter, los chinos consiguieron premios en 2011 compitiendo con más de 14 mil vinos de unas 60 regiones de todo el mundo.

Este cronista, que vivió cuatro meses en China en 2011, puede testimoniar que el tinto chino que se adquiere en los supermercados le resultó más que bebible, no así el blanco, admitiendo siempre que sobre gustos no hay nada escrito. Como otras naciones del mundo, un importante segmento de los consumidores chinos prefiere al vino extranjero por razones que van de la calidad y la tradición al snobismo, clara oportunidad para Argentina, que ha incrementado en los últimos años sus exportaciones a China tanto en volumen como en valor.

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