lunes, 23 de diciembre de 2013

Franz Hinkelammert y la teoría marxista

Tengo el honor de conocer a Franz Hinkelammert y de haber participado en varias de sus clases y seminarios en sus ocasionales visitas de regreso a Chile, país en el cual vivió desde mediados de los años 60 hasta el golpe militar de 1973. Entre sus muchos libros, Crítica a la razón utópica, donde cuestiona las principales tesis de Friedrich von Hayek y Milton Friedman que dieron vida al neoliberalismo. Este artículo fue publicado en Página12 y lo comparto a los lectores
Julián Blejmar, Página 12

El economista y filósofo alemán Franz Hinkelammert utiliza la perspectiva marxista para analizar las bases de sustentación del actual sistema capitalista, los modelos alternativos en Latinoamérica y las posibilidades de un cambio de paradigma económico.

En momentos en que desde varias usinas culturales se emplea con liviandad el término “marxista”, resulta interesante conocer cuál es la perspectiva económica y social de un pensador fuertemente identificado con esta corriente. Se trata de Franz Joseph Hinkelammert, nacido en Alemania en 1931 y doctorado en Economía por la Universidad Libre de Berlín. Durante sus varias décadas de residencia en nuestro continente, Hinkelammert ejerció como profesor de Economía en la Universidad Católica de Chile hasta el derrocamiento de Salvador Allende, y en la actualidad lo hace desde el Departamento Ecuménico de Investigaciones en Costa Rica.

Desde una perspectiva filosófica, este académico señala que Karl Marx plantea sólo en un primer momento (en su libro Contribución a la crítica de la economía política, de 1859) el conocido concepto de una base económica (las relaciones materiales de los sujetos) que determina una superestructura (formas jurídicas, filosóficas, políticas, religiosas y artísticas, entre otras, que se desprenden justamente de estas relaciones materiales), pero que, en rigor, en su obra cumbre, El Capital (1867) modificará su método de análisis, planteando que estas relaciones económicas son en realidad el reflejo de las relaciones jurídicas, ya que son estas últimas las que permiten conferir el carácter de propiedad privada, fundamental para el consiguiente intercambio de bienes. Y es que es justamente allí, señala Hinkelammert, cuando las personas se reconocen como propietarias antes que como sujetos de necesidades, cuando la propiedad privada se impone y se abstrae la dimensión humana.

En otro pasaje de su obra, Hinkelammert plantea que esta estructura capitalista irá luego generando teorías y racionalizaciones que se presentan como neutras, pero que en los hechos tienen una vinculación directa con la existencia y mantenimiento de esa estructura capitalista. Así, términos como “iniciativa privada” o “teoría de la competencia” no sólo remiten a descripciones sobre el funcionamiento de la economía capitalista, sino que le otorgan una naturalización y una base de sustentación e ideología a este tipo de relación social, donde la propiedad privada se impone sobre la dimensión humana. Hinkelammert recupera entonces algunas consignas de Marx, como “el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el hombre sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable”.

Con todo, admite que la forma de enfrentar este sistema de pensamiento y de relaciones humanas sigue siendo “bastante enigmática”, ya que reconoce que los proyectos alternativos de los países latinoamericanos han significado avances “muy valiosos” en diversas cuestiones sociales, pero que igualmente no han tocado el núcleo de la esencia capitalista. En este sentido, sostiene que culturas que se han considerado atrasadas, como la andina, pueden ser una buena brújula, ya que no fueron tan suicidas como la occidental de la modernidad, que –ejemplifica– destruye la tierra para sacar oro, con el único objetivo de volver a enterrarlo en las bóvedas de los bancos centrales. De todas formas, considera que más que una crisis económica, se está atravesando una crisis civilizatoria, en la que se ha tornado evidente que el crecimiento alto y lineal no es sostenible, pues las actuales fuentes energéticas, que además de provenir de los hidrocarburos comenzaron a incorporar a los cultivos (como el biodiésel en base a soja) no podrán satisfacer la demanda energética industrial sin producir hambre, en una población que se verá impedida de acceder a esos mismos cultivos. Por eso, afirma que la esperanza surge justamente a partir de esta gran amenaza, de grandes riesgos que podrán llevar a la acción por la acción misma, sin necesidad de calcular la posibilidad de victoria que podrán tener los modelos alternativos.

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