miércoles, 23 de octubre de 2013

Marine Le Pen y el Frente Nacional

Alejandro Nadal, La Jornada

la extrema derecha tiene una larga tradición en la vida política francesa. Nace como expresión contra-revolucionaria en momentos delicados de la revolución francesa. En el siglo XIX se caracterizó por su reacción frente a las luchas populares, su alianza con el bonapartismo, su afán revanchista después de la derrota de 1871 y por sus posiciones antisemita en el caso Dreyfus. Sus relaciones con el régimen de Vichy le marcaron de manera indeleble y por ello la derrota nazi en 1944 trajo consigo el deshonor para la derecha francesa. Durante años la extrema derecha francesa se escondió en la oscuridad. La lucha contra los movimientos de liberación nacional en Indochina y Argelia fueron su madriguera.

En 1965 el abogado Jean-Louis Tixier Vignancourt, antiguo viceministro del régimen de Vichy, obtuvo más de 5 por ciento de los votos en la elección presidencial y pudo sacar a la extrema derecha de las sombras. Su administrador de campaña fue Jean Marie Le Pen, su organización política una mezcla de movimientos derechistas independientes. En 1972 Le Pen organizó el partido Frente Nacional que en la elección presidencial de 2002 obtuvo más de 16.8 por ciento de los votos en la primera vuelta, superando los votos del partido socialista. La hija menor de Le Pen, Marine, es hoy la dirigente del Frente Nacional (FN).

La crisis ha sacudido el paisaje político francés y en las próximas elecciones municipales de marzo 2014 se espera un incremento en los votos para el FN. El miedo, sus posiciones demagógicas y el racismo son el principal armamento del partido de la extrema derecha. Las cuestiones en las que se distinguen las posiciones del FN son la inmigración, el papel de los sindicatos, la posición de la mujer y una economía ultraneoliberal. En la visión sin matices de Marine Le Pen el leitmotif que domina es el de la prioridad nacional.

En el ideario fantástico del Frente Nacional la inmigración es el principal problema de Francia (y de Europa). Para los ideólogos del FN el desempleo, la inseguridad y el déficit en las finanzas públicas provienen de la invasión masiva de los inmigrantes de los países árabes y de África sub-Sahariana. De acuerdo con esta retorcida visión de las cosas el desempleo no tiene nada que ver con la dinámica de la inversión en las economías capitalistas y simplemente depende de la llegada de esos otros que quitan su empleo a los franceses bien nacidos. En medio de la crisis, con los altísimos niveles de desempleo que hoy marcan la economía europea, el miedo a los invasores es llevado al seno de los hogares. Ahí coexiste con la preocupación por la perspectiva de perder un empleo y caer en la pobreza. El racismo asoma por la puerta de atrás.

En cuanto a la crisis, para el FN hay una sola explicación: el gobierno tiene la culpa. Todo lo que está sucediendo hoy en Europa es resultado de la intervención de los gobiernos sobre la armonía de los mercados capitalistas. La macroeconomía de la extrema derecha es fácil de comentar porque está definida en un maniqueísmo brutal: todo lo que hace el gobierno es malo, todo lo que hace el sector privado es bueno. No existen problemas de demanda agregada, de inestabilidad, de circulación monetaria o de incertidumbre. Lo único que existe es el endeudamiento de los gobiernos irresponsables que es necesario contrarrestar con la limitación de la inmigración. La razón es que, según el FN, el endeudamiento y el déficit en las finanzas públicas han sido afectadas negativamente por la inmigración porque los invasores no sólo quitan empleos a los franceses, sino que les despojan de sus derechos legítimos en el plano de la salud pública, la educación y la vivienda. Por eso para el FN es urgente instaurar una política de prioridad nacional a favor de los franceses legítimos.

En el programa económico del FN los sindicatos son el otro villano y en la medida de lo posible deben ser eliminados. En su lugar habría que implantar una política corporatista, similar a la del régimen de Vichy, en la que asalariados y empresarios tendrían los mismos intereses en la buena marcha de las empresas.

En cuanto a las mujeres, hay que señalar que serían el primer blanco de la política demográfica del FN y de sus posturas archiconservadoras. El FN propone la creación de un sistema de ‘salario maternal’ cuyo resultado final sería el de renviar a las mujeres a los cuidados del hogar. Es probable que la extrema derecha vea en esta reducción de la fuerza laboral una solución al problema del desempleo.

El Frente Nacional propone la salida de la unión monetaria. El abandono del euro implicaría inmediatamente una fuerte devaluación, la explosión de la deuda y desencadenaría las presiones inflacionarias que tanto preocupan a Marine Le Pen. Los asalariados pagarían el alto costo de esta medida, pero eso al Frente Nacional le tiene sin cuidado.

La política de Marine Le Pen deja ver una peligrosa mezcla de miedo y racismo. Es un llamado a los viejos fantasmas europeos que podrían resurgir en medio de la crisis.
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Ver también comentario de Ambrose Evans-Pritchard en The Telegraph

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