domingo, 25 de agosto de 2013

Una era de burbujas - Paul Krugman

Paul Krugman, El País

Otro BRIC que se estrella. La verdad es que nunca me ha gustado demasiado el concepto BRIC (Brasil, Rusia, India y China): Rusia, que esencialmente tiene una economía basada en el petróleo, no pertenece a este grupo en absoluto, y existen grandes diferencias entre los otros tres. Así y todo, resulta difícil negar que India, Brasil y varios países más experimentan ahora problemas similares. Y esos problemas compartidos definen la crisis económica del día.

¿Qué está sucediendo? Es una variante de la misma historia de siempre: a los inversores les encantaban esas economías —no sabiamente, pero sí demasiado— y ahora han dado la espalda a los objetos de su anterior afecto. Hace un par de años, los inversores occidentales —desanimados por los bajos rendimientos tanto en Estados Unidos como en las naciones de Europa no en crisis— empezaron a verter grandes cantidades de dinero en los mercados emergentes. Ahora han cambiado de rumbo. Como consecuencia de ello, la rupia de India y el real de Brasil están cayendo en picado, junto con la rupia de Indonesia y el rand de Sudáfrica, la lira turca y otras más.

¿Supone este cambio de fortuna una amenaza importante para la economía mundial? No lo creo (dice con los dedos cruzados ocultando la mano detrás de la espalda). Es cierto que la pérdida de confianza de los inversores y las consiguientes caídas en el valor de las divisas provocaron graves crisis económicas en gran parte de Asia en los años 1997 y 1998. Pero el punto esencial en aquel entonces era que en los países en crisis, muchas empresas tenían grandes deudas en dólares, de modo que la devaluación de las divisas hizo que su deuda se disparara, creando una inquietud financiera generalizada. No es que ese problema esté del todo ausente en esta ocasión, pero parece mucho menos grave.

De hecho, inclúyanme entre aquellos que creen que la mayor amenaza en estos momentos es que la política en los mercados emergentes reaccionará exageradamente, que sus bancos centrales elevarán fuertemente los tipos de interés para tratar de apuntalar su divisa, que no es lo que ellos o el resto del mundo necesitan ahora mismo.

Así y todo, aunque las noticias que nos llegan de India y otros lugares no son apocalípticas, no es el tipo de cosa que queremos oír cuando las economías más sanas del mundo, aunque su situación sea un poco mejor que la de hace unos meses, siguen estando profundamente deprimidas y luchando por recuperarse. Y esta última tormenta financiera plantea un interrogante más general: ¿por qué hemos estado teniendo tantas burbujas?

Y es que ahora está claro que la abundante inversión de dinero en los mercados emergentes —que durante un breve periodo impulsó al alza la divisa de Brasil en casi un 40%, un alza que ahora se ha invertido del todo— fue una más en la larga lista de burbujas financieras a lo largo de la última generación. Tuvimos, cómo no, la burbuja inmobiliaria. Pero antes de esa estuvo la burbuja de las puntocom; y antes de esa, la burbuja asiática de mediados de la década de 1990; y antes de esa, la burbuja de los inmuebles comerciales de la década de los ochenta. Esta última burbuja, por cierto, tuvo un coste enorme para los contribuyentes, que tuvieron que rescatar a las cajas de ahorros en quiebra.

La cosa es que no siempre ha sido así. Los años cincuenta, los sesenta, e incluso los accidentados setenta, no eran ni mucho menos tan propensos a las burbujas. Entonces, ¿qué ha cambiado?

Una respuesta popular es echarle la culpa a la Reserva Federal, a las políticas de relajación monetaria de Ben Bernanke y de su predecesor Alan Greenspan. Y, desde luego, es cierto que en los últimos años la Reserva Federal se ha esforzado por bajar los tipos de interés, tanto a través de políticas convencionales como a través de otras no tan convencionales, como comprar bonos a largo plazo. Las consiguientes bajadas de los tipos sin duda contribuyeron a animar a los inversores a buscar otros lugares en los que invertir su dinero, incluidos los mercados emergentes.

Pero la Reserva Federal solo estaba haciendo su trabajo. Se supone que tiene que bajar los tipos de interés cuando la economía está deprimida y la inflación es baja. ¿Y qué hay de la serie de burbujas anteriores, que a estas alturas se remontan a una generación?

Sé que hay algunos que creen que la Reserva Federal ha mantenido los tipos de interés demasiado bajos y ha imprimido demasiado dinero. Pero el hecho es que los tipos de interés en las décadas de 1980 y 1990 eran elevados si nos regimos por criterios históricos, e incluso durante la burbuja inmobiliaria estaban dentro de las pautas históricas. Además, ¿no se supone que una de las señales de una impresión de dinero excesiva es el aumento de la inflación? Hemos tenido toda una generación de burbujas sucesivas, y la inflación es más baja que al principio.

El otro culpable evidente es la liberalización financiera, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, lo cual incluye la eliminación de la mayoría de los controles al movimiento internacional de capital. El descontrol de los bancos fue el origen de la burbuja de los inmuebles comerciales de la década de 1980 y de la burbuja inmobiliaria que estalló en 2007. Los movimientos transfronterizos de dinero caliente fueron el origen de la crisis asiática de 1997 y 1998 y de la crisis que ahora estalla en los mercados emergentes, y también fueron un factor primordial en la actual crisis en Europa.

En resumen, la principal lección de esta era de burbujas —una lección que India, Brasil y otros están aprendiendo una vez más— es que cuando al sector financiero se le da rienda suelta para dedicarse a lo suyo, sale de una crisis para entrar en otra.

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