sábado, 6 de julio de 2013

La Reserva Federal y su factura global de ultimátums indefinidos

Oscar Ugarteche, Ariel Noyola Rodríguez, Red del Tercer Mundo

Los mercados globales han vuelto a entrar en pánico luego de que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, anunciara reducir las compras de activos (Quantitative Easing III) por 85,000 millones de dólares al mes (40,000 millones de valores respaldados por hipotecas y 45,000 millones en Bonos del Tesoro a diez años) a medida que la tasa de desempleo en Estados Unidos se acerque a siete por ciento. Estima que esto puede ocurrir en la primera mitad de 2014.

El barómetro de la Reserva Federal apunta claramente hacia la evolución del mercado de trabajo. El Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la Reserva Federal estima que para finales de 2014 la tasa de desempleo podría ubicarse entre 6.5 y 6.8 por ciento, en marzo preveían entre 6.7 y siete por ciento, las previsiones a finales de 2012 la situaban entre 6.8 y 7.3 por ciento. No obstante, el dato más reciente de subsidios de desempleo genera dudas en torno a la recuperación sostenida de la economía estadounidense: las solicitudes en la semana terminada el 15 de junio se elevaron a 354,000, la semana previa se ubicaron en 336,000 y hace dos semanas en 334,000, la tendencia es al alza, no a la baja. (James Politi, “Bernanke’s rosier outlook to come under scrutinity”. The Financial Times, 21 de junio de 2013.)

Las propias cifras de la Reserva Federal ensombrecen el optimismo de Bernanke, que se retira en enero de 2014: se calcula una expansión de la economía estadounidense de entre 2.3 y 2.6 por ciento para 2013, cifra menor a su previsión anterior de entre 2.3 y 2.8 por ciento. Sin embargo, consideran que el PBI mejorará para 2014, situando la tasa de crecimiento en 3.5 por ciento. El Fondo Monetario Internacional (FMI), por su parte, mantiene sin cambios su previsión de crecimiento para la economía estadounidense para 2013 en 1.9 por ciento. Sin embargo, y a diferencia de la Reserva Federal, recortó tres décimas su estimación para 2014, a 2.7 por ciento. Asimismo, toda vez que la inflación permanece por debajo de dos por ciento, el organismo financiero ha reiterado su intención de mantener las tasas de interés entre cero y 0.25 por ciento, al menos en el corto plazo.

El impacto que tuvo para el resto del mundo el anuncio de la Reserva Federal se vio con el índice MSCI (Morgan Stanley Capital International) de los países emergentes, que se fue a pique después del anuncio de Bernanke, cayendo de 953 a 888 puntos base, del 19 al 26 de junio del 2013. (Rob Minto, “Chartbook: EMs post-Fed”. beyondbrics, 20 de junio de 2013.)

Los países en desarrollo apuntan a la baja en el crecimiento del PBI de acuerdo con el informe Perspectivas, publicado por el Banco Mundial. (Banco Mundial, World Economic Prospects. Less volatile, but slower growth, junio de 2013.) Convenientemente se suma a la ecuación el problema financiero China y la creciente dificultad para hacer frente a un credit crunch en medio de una burbuja especulativa en el mercado inmobiliario y del crecimiento inusitado del sector financiero no bancario. La gran prensa anglosajona culpa a China de los problemas que, en realidad, vienen de Estados Unidos y de su cambio de política monetaria. (David Jolly, “Markets Slump Over Fed Exit Plan and China Credit Squeeze”. The New York Times, 20 de junio de 2013.)

En suma, la situación de la economía mundial se complica. Las bajas tasas de interés y los programas de inyección de liquidez implementados por la Reserva Federal más allá de ser mecanismos de ocultamiento de la crisis, forman parte de una estrategia geopolítica global que data de inicios de la década de los setenta que, de acuerdo con Yanis Varoukais (El minotauro global, Editorial Capitán Swing, España, 2012), tiene por objetivo incrementar los déficit de Estados Unidos con el resto del mundo para mantener un flujo enorme de capitales que le permita hacer frente a sus necesidades de financiamiento. Desde 2008, Estados Unidos ha multiplicado por cuatro su base monetaria, que pasó de 870,000 millones de dólares a 3,040 billones de dólares, la mayor expansión monetaria en la historia de la Reserva Federal, fundada en 1913.

Sin embargo, una vez llegado el proceso de “re-ajuste”, Estados Unidos pasará una “factura global” mediante el retorno de los recursos de corto plazo ubicados en los mercados de valores, cambiarios y de commodities del mundo por su baja tasa de interés. Entonces, el “festín monetarista” habrá terminado y la crisis se habrá generalizado, mientras Estados Unidos se recupera.

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