miércoles, 31 de julio de 2013

¿Es el presente de Detroit el futuro de Estados Unidos?

Arnold Ahlert, The Patriot Post

Sesenta años de administración democrática progresista, en colaboración con voraces sindicatos de funcionarios públicos, daban lugar el pasado jueves al resultado inevitable: la mayor quiebra municipal de la historia norteamericana. "Es un paso difícil, pero la única opción viable para abordar un problema que lleva seis décadas gestándose", decía el congresista Republicano Rick Snyder, que daba el visto bueno a la solicitud de concurso de acreedores presentada por el gestor de urgencia Kevyn D. Orr. Orr revelaba que la desproporcionada deuda municipal se situaría entre los 18.000 y los 20.000 millones de dólares. El portavoz Terence Tyson resumía la devastación de las cuentas de forma sucinta. "Es triste, pero se veía venir", declaraba.

Realmente así es. La dura caída del municipio que antaño se conocía como "el arsenal de la democracia" es sobrecogedora, tanto en su alcance como en su duración. En 1960, Detroit tenía la renta per cápita más elevada del país. Hoy, en el año 2013, es el municipio más pobre de Estados Unidos, sitiado por la inevitable disfunción que conlleva una distinción tan nefasta. La actual tasa de paro, que desde el año 2000 se ha triplicado, sigue duplicando la media nacional. La tasa de homicidios ha batido el récord de los últimos 40 años, convirtiendo a la ciudad en el barrio más peligroso de América. Más de 78.000 inmuebles han sido abandonados, y literalmente no hay compradores para unas casas que salen a la venta por un dólar. La población ha descendido de los 1,8 millones de 1950 hasta 700.000 en la actualidad -el 40% de los cuales son analfabetos-.

La fuerza motriz detrás de esta devastación es totalmente familiar, a saber, la comunión de políticos Demócratas progres que compran la lealtad sindical mediante décadas de salarios insostenibles y dietas privilegiadas. La alianza carga al municipio 9.000 de los 11.000 millones de dólares en préstamos tomados a fondos de pensiones y planes de jubilación de los funcionarios municipales, que se suman al déficit municipal del actual ejercicio, 380 millones de dólares. También deja a cargo del municipio a los pensionistas, que duplican la cifra de trabajadores en activo.

La actual población activa no aguanta. Los dos tercios de las ambulancias municipales están en el garaje, y la policía tarda una media de 58 minutos en personarse en una urgencia, cinco veces la media nacional. El 40% del alumbrado municipal no funciona, 210 de sus 317 parques municipales están cerrados, y los centros públicos, que también están al borde de la quiebra, destacan entre los peores del país. El transporte público prácticamente no funciona.

La corrupción también se sumó a la mezcla. Los funcionarios municipales corruptos incluyen al antiguo edil Kwame Kilpatrick, a su ayudante, a la mujer del secretario del Comité Judicial de la Cámara Mónica Conyers, a varios concejales y a un comisario de policía que, junto a otros muchos funcionarios, fue detenido, condenado y encarcelado con cargos que incluyen soborno, maquillaje de las cuentas públicas y dobles sueldos. En el año 2009, los corruptos funcionarios de la red de centros escolares Detroit Public School (DPS) perpetraron un fraude consistente en crear nóminas para 257 funcionarios municipales "fantasma". Ese mismo año, siete funcionarios más fueron acusados de múltiples cargos dentro de una trama de alteración de las cuentas públicas con 500 afiliados a la seguridad social que no existían y que costaban millones de dólares al municipio. Todo esto y más se suma al concurso de acreedores de Detroit -maniobra llevada ante la justicia inmediatamente por el fondo de pensiones municipal y el fondo de pensiones de la policía y los bomberos-.

Por otra parte, si el tribunal municipal permite al municipio una quita dentro de un concurso de acreedores, está prácticamente garantizado que los demás municipios del país en la cuerda floja seguirán el camino de Detroit. Por desgracia, Detroit lleva tiempo abriendo el camino, y su triste determinación a la hora de suscribir 60 años de políticas progres ha demostrado ser una catástrofe espectacular, que empobrece al municipio entero sin final a la vista. Ello también hace mofa por completo de la campaña del Presidente Obama en 2012: "No dejaremos en la ruina a Detroit".

Como era de esperar, hay quien pide un rescate federal. El antiguo zar del automóvil en la administración Obama Steven Rattner - responsable de los rescates de GM y Chrysler, y de haber tenido que pagar 16 millones a la fiscalía de Nueva York y la Comisión de Valores y Cambio para cerrar el pleito de un chiringuito de sobornos que relacionan a un fondo público de pensiones con su firma privada de inversión -está al frente del llamamiento-.

Tan espectacular como es el fracaso de Detroit, el municipio no es más que el proverbial canario de la mina de carbón. Detroit es la zona cero de la Obamaeconomía. Es donde se ha intentado el estándar progre de la subidas tributarias a las diabólicas rentas altas. El resultado ha sido edificios vacíos y un paro catastrófico, y espere a que caiga el siguiente: Illinois.

¿Y después? Al igual que Detroit, América tiene múltiples obligaciones que no puede financiar, en cotas que llegan a los 220 billones de dólares. Como en Detroit, se amplía la clase dependiente y la clase funcionaria, con entre 50 y 60 millones de inmigrantes sin formación a regularizar dentro de la "reforma de la inmigración". Como en Detroit, las instituciones públicas de América son cada vez más los corruptos agentes del Estado monopartidista -la agencia tributaria que hostigaba a las organizaciones conservadoras, o el Departamento de Justicia de las escuchas-. Como en Detroit, América se divide en "organizadores de la comunidad" y desgraciados integrantes de las comunidades organizadas.

Pero como indica Detroit, el día de las cuentas no puede eliminarse, sólo aplazarse. Si los estadounidenses no despiertan pronto a la destrucción que siembran las medidas progres de gasto público indiscriminado e impuestos masivos, Detroit dejará de tener importancia. Porque todo el país estará igual.
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