domingo, 25 de noviembre de 2012

Nobel de la Paz al bloque que exporta la mayor cantidad de armas del mundo

Àngel Ferrero, Sin Permiso

El Premio Nobel de la Paz concedido a la Unión Europea es ciertamente una broma de muy mal gusto. Según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), siete de los veinte países que lideran la clasificación de exportación mundial de armas en el período de 2007-2011 pertenecen a la Unión Europea; por orden descendiente: Alemania, Francia, Reino Unido, España, Holanda, Italia, Suecia y Bélgica. De considerar a la Unión Europea un bloque geopolítico, como gusta a los eurócratas de Bruselas, la UE sería el primer exportador de armas del mundo con más de un 30% del total, seguido por los EE.UU. (30%) y Rusia (24%). De hecho, Alemania, Francia y el Reino Unido ocupan por separado el tercer, cuarto y quinto puesto respectivamente.[1] De fusionarse los dos mayores consorcios europeos aeronáuticos de defensa, el germano-franco-español EADS y el británico BAE Systems, la compañía resultante tendría unas ganancias de 80 mil millones de euros y sería el primer contratista militar del mundo, arrebatándole el puesto a la estadounidense Boeing.[2] El Tratado de Lisboa obliga, además, a todos los miembros firmantes a contribuir a la defensa de la UE, esto es, a disponer de unas estructuras, por mínimas que éstas sean, de carácter militar.[3]

Según la página web del comité para el Premio Nobel de la Paz, éste le fue concedido a la UE por «más de seis décadas contribuyendo al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa.» Presten atención a las dos últimas palabras: «en Europa.» En el neoimperialismo del siglo XXI los estados del viejo continente pueden armar a todos los países y pueblos allende nuestras fronteras para que se masacren entre sí mientras saqueamos sus recursos naturales y prolongamos su miseria; o, en otras palabras, la UE puede contribuir «al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa» y hacer todo lo contrario fuera de Europa. Y como la vergüenza no es un valor al alza entre las élites occidentales, ahora se premian entre ellos por esta magnífica labor: no por casualidad Noruega es el 18º exportador de armas del mundo. El país escandinavo equipa a todos los tanques estadounidenses M1 Abrams con el M151 Protector fabricado por la empresa estatal Kongsberg Defence & Aerospace, una estructura capaz de acoger tres ametralladoras, dos lanzagranadas y un sistema de lanzamiento de misiles Hellfire, algo que no parece quitar el sueño al gobierno del socialdemócrata Jens Stoltenberg. Los noruegos pueden dormir tranquilos: seguro que los afganos aprecian la sutil diferencia entre estallar en pedazos por obra de los misiles socialdemócratas noruegos y hacerlo por obra de los misiles republicanos estadounidenses.

El negocio de la muerte es un buen negocio. Especialmente para los europeos y muy especialmente para los alemanes. Los capitanes de industria teutones y sus periodistas a sueldo se precian mucho de la categoría de Alemania como tercer exportador mundial, a pesar de que la política económica de los cuatro últimos gobiernos ha convertido a Alemania en «el estado industrial de todo el mundo más dependiente de sus exportaciones», en palabras de Michael R. Krätke,[4] y ello a fuer de diez años de dumping salarial. La exportación de armas, empero, sigue incólume a la crisis. La industria armamentística alemana destina un 70% de su producción a la exportación y ésta se duplicó entre el 2004 y el 2009 (la entrega de hasta 500 unidades de armas de fuego cortas, uno de sus productos estrella, no se contabiliza como exportación).[5] Las armas alemanas se venden bien en el mercado internacional: más de 130 países las almacenan en sus arsenales. Las armas alemanas poseen el aura que se atribuye a los productos alemanes: resistencia, precisión, eficacia. Las armas alemanas matan más y mejor.

Se venden tanques. Razón: Alemania


Muchos de estos datos aparecieron este verano, cuando trascendió un acuerdo a puerta cerrada entre el gobierno alemán y saudí para la entrega de al menos 200 tanques de combate Leopard 2, fabricados por la casa Kraus-Maffei-Wegmann. El Leopard 2 es un carro de combate robusto que se adapta a diferentes terrenos, por lo que, aunque diseñado para batallas a campo abierto, puede utilizarse contra insurrecciones urbanas. Teniendo en cuenta que Arabia Saudí había colaborado poco antes de que se hiciese público el acuerdo en la represión de la primavera árabe en Baréin, no cabe descartar que los tanques alemanes se utilicen en un futuro próximo contra futuras revueltas en países vecinos o en la misma monarquía saudí.

Un escándalo sucedió inmediatamente al otro. Poco después el semanario Der Spiegel reveló que Qatar tenía interés en adquirir otros 200 Leopard 2. Ya en el 2009 el primer gobierno de Merkel, en coalición con el Partido socialdemócrata alemán (SPD), había autorizado la venta de 36 tanques de este modelo al pequeño emirato árabe,[6] en el cual, como en la vecina Arabia Saudí, el código penal se rige por la sharia –en Arabia Saudí los homosexuales son incluso decapitados a golpe de estada– y no existen parlamento, ni partidos políticos ni sindicatos. Ese mismo mes el viceministro de Defensa indonesio declaraba al Jakarta Post que su gobierno estaba interesado en adquirir a Alemania 100 carros de combate Leopard 2A6 por 280 millones de dólares, una compra que Yakarta pensaba financiar con créditos externos. Indonesia se decidió por los tanques alemanes después de que el parlamento holandés vetase la venta de carros de combate al país por las reiteradas violaciones de los derechos humanos, especialmente en Papúa Nueva Guinea. Alemania ya había vendido en 1994 a la Indonesia de Suharto la mitad de la flota de la extinta República Democrática Alemana.[7] Todos estos carros de combate están fabricados por la compañía Krauss-Mafei Wegmann (KFM), que financió a los partidos de la coalición gubernamental en el 2009 con 55.000 euros. «Ha valido, desde luego, la pena: dos años después se ha cobrado aquel favor con este acuerdo multimillonario», declaró el portavoz de La Izquierda Gregor Gysi en el Bundestag.[8]

No conviene perder de vista el marco internacional. El acuerdo alemán forma parte de la estrategia de la OTAN de contener a Irán armando a sus aliados en la región del Golfo (Arabia Saudí, Baréin, Omán, Emiratos Árabes y Kuwait) aún a riesgo de desestabilizar la región y aunque, como recordaba Rüdiger Göbel en las páginas del junge Welt, «el pequeño emirato [Qatar], que apenas ocupa 11.500 kilómetros cuadrados, únicamente tiene una frontera terrestre de sólo 60 kilómetros, y ésta es con su aliado Arabia Saudí. Teherán, por su parte, debería atravesar con sus colosos de hierro primero Irak, Kuwait y Arabia Saudí para poder ser detenido en Qatar con los Leopard 2 alemanes.»[9] La posibilidad de un largo conflicto con la República Islámica hace temer una subida del precio del petróleo y un eventual corte del suministro –Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo– aumentaría todavía más la dependencia energética de Rusia, que es, con una producción de más de diez millones y medio de barriles al día, el primer productor mundial de crudo.[10] De ahí también el súbito interés de los conservadores alemanes en la prolongación de la energía nuclear y, después de que la catástrofe de Fukushima hiciera imposible esta opción a ojos de la opinión pública, en las energías renovables. El problema es que las energías alternativas siguen estando poco desarrolladas en todo Occidente y, como ha expuesto el profesor Elmar Altvater en su último libro, El fin del capitalismo tal y como lo conocemos (El Viejo Topo, 2012), por su propia naturaleza no permiten una producción centralizada en extremo como la que permite el petróleo. El capitalismo del siglo XXI no se construye sobre etéreas y límpidas autopistas de la comunicación, sino sobre sangre y petróleo. En el proceso los mercaderes de la muerte alemanes han desarrollado un peculiar sentido del humor. En febrero de 2011, «pocas semanas antes de que fuerzas de seguridad saudíes entraran en el vecino Baréin para aplastar al movimiento pro-democracia», escribe Daniel Bratanovic, «KMW presentó en una feria de armamento en la capital saudí un modelo de Leopard 2 especial. Su nombre: revolución.»[11]

Cañones y mantequilla


Alemania vende de manera irresponsable armas de fuego simultáneamente a países históricamente enemistados como Pakistán y la India o Grecia y Turquía, aumentando las probabilidades de un conflicto armado. Ninguna de estas armas se vende para la defensa estricta de un país: Alemania vende a México fusiles de asalto para “la guerra contra el narco” (que ha causado al menos 55.000 muertos y 10.000 desaparecidos) y a Brasil para “pacificar las favelas”, lanchas de patrulla a Angola (un país que trata de recuperarse de 27 años de sangrienta guerra civil), vehículos militares y submarinos nucleares a Israel... Teóricamente esta venta, que ha de aprobar un consejo de seguridad del gobierno alemán –cuyas decisiones tienen lugar a puerta cerrada y cuyos informes se presentan con un año de retraso para impedir que el parlamento bloquee cualquier acuerdo–, tiene lugar de acuerdo con los principios de exportación de armas formulados en un documento creado por el gobierno rojiverde de Schröder, según el cual los derechos humanos tendrán una «consideración especial» y las armas no podrán exportarse a zonas en conflicto. El documento es, lógicamente, papel mojado. Cuando los rebeldes asaltaron los cuarteles gadafistas en la guerra civil libia, por señalar un ejemplo reciente, encontraron fusiles de asalto y pistolas Heckler&Koch. Por lo demás, la anarquía posterior pudo provocar que muchas de estas armas terminasen en mano de grupos terroristas o traficantes de armas. Se ha detectado la presencia de armas alemanas en los mercados negros de puntos del planeta tan alejados entre sí como Libia, Pakistán, Sudán o Georgia.

El negocio de la muerte es sigiloso, pero constante. La prensa rara vez habla de él, incluso cuando todos los datos pueden encontrarse sin complicaciones en las páginas web de las compañías de defensa públicas y privadas. Obviamente, los grandes consorcios de comunicación, como la mayoría de partidos políticos, están comprados. KMW no es por supuesto la única empresa que financia partidos políticos. Hecker&Koch, el quinto productor mundial de armas de fuego, provee a los ejércitos y cuerpos de policía de 88 países. Del fusil de asalto Heckler&KochG36 se venden anualmente 7 millones de unidades –tantas como el M16 estadounidense–, lo que lo convierte en uno de los fusiles de asalto más vendidos (y utilizados) del mundo. El H&KG36 ha sido utilizado por las fuerzas de la OTAN y sus aliados en conflictos de dudosa legalidad internacional como la Guerra de Kosovo (1996-1999), la Guerra en Afganistán (2001-presente), la Guerra de Irak (2003-2011), la Guerra de Osetia del Sur (2008) y la guerra civil libia (2011). Se ha llegado a calcular que cada quince minutos muere una persona en el mundo por el disparo de una Heckler&Koch. Poco sorprendentemente, la empresa ha tenido que defenderse en más de una ocasión ante los tribunales por violar el reglamento de exportación de armas. Todos los casos fueron obviamente archivados, pues Heckler&Koch es uno de los principales donantes privados de los tres grandes partidos políticos. Como informa su propia página web, entre el 2002 y el 2011 Heckler&Koch donó 3.000 euros al SPD (socialdemócratas), 20.000 euros al FDP (liberales) y 70.000 euros a la CDU (conservadores). Uno de los principales apoyos de Heckler&Koch en el Bundestag es el diputado conservador Volker Kauder, un “halcón” del partido de Merkel que en un congreso de la CDU en Leipzig en noviembre de 2011 declaró que, gracias a la política de la canciller, «ahora en Europa se habla de nuevo alemán».[12]

Cuantificar el volumen de este negocio es difícil porque la mayoría de cálculos no contemplan más que la fabricación directa de armas y no otras ramas de la industria que participan en él. Así, Crytek, fundada en 1999, más conocida como productora de videojuegos como Far Cry o Crisis, ha desarrollado CryEngine, un engine –la representación visual y acústica de un entorno en el espacio virtual– que utilizan varios ejércitos. «Muchas empresas de armamento emplean en sus simuladores de entrenamiento el software de esta empresa de Fráncfort del Meno: desde los astilleros militares ThyssenKrupp Marine Systems hasta la estadounidense Lockheed Martin», escribe Michael Schulze von Glaßer.[13] Carl Zeiss AG, por ejemplo, provee miras telescópicas a Heckler&Koch para sus fusiles de asalto, Mercedes-Benz produce motores para vehículos militares y así sucesivamente. Nada nuevo: en 1967, la farmacéutica C.H. Boehringer Sohn vendió 270 toneladas de tricolorofenol a una filial neozelandesa de Dow Chemical que se utilizaron para la fabricación del agente naranja utilizado por el Ejército estadounidense en la Guerra de Vietnam, que causó 400.000 muertos y 500.000 niños con enfermedades congénitas y un millón de enfermos.[14]

Pecunia non olet. El negocio de la producción y exportación de armas está tolerado en Alemania «incluso por los sindicatos, que consideran los puestos de trabajo en el propio país más importantes que las víctimas en otras regiones del mundo.»[15] Una forma de ideología socialimperialista que se extiende entre los mismos trabajadores alemanes. Todas las propuestas legislativas por terminar con las donaciones de grandes empresas a los partidos políticos se han estrellado contra un muro por la oposición de los conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes, cuatro de los cinco partidos representados en el Bundestag. Según el diputado liberal Jörg van Essen, de prosperar una iniciativa así el parlamento terminaría en manos de «desempleados, funcionarios públicos y sindicalistas».[16] De hecho, en julio el vicecanciller Philipp Rösler anunció su intención de facilitar la exportación de armas eliminando las provisiones especiales del actual reglamento, pues éstas «afectan negativamente a los exportadores alemanes con respecto a su competencia europea.»[17] Según el diputado liberal Martin Lindner, si Alemania no le vende tanques Leopard a Qatar, «entonces los catarís comprarán tanques estadounidenses Abrams.»[18]

La remilitarización de Alemania


En unas jornadas en Strausberg el pasado mes de octubre la canciller alemana declaró que las Fuerzas armadas de Alemania (Bundeswehr) deberían reforzar su colaboración con la OTAN y ampliar su contingente. Según Merkel, «un país como Alemania, la mayor economía y el país de mayor población de Europa, con sus recursos, ha de contar con un amplio espectro de capacidades» (Ein Land wie Deutschland, als größte Volkswirtschaft in Europa und mit seiner Bevölkerungszahl und mit seinen Ressourcen, sollte ein breites Spektrum an Fähigkeiten vorhalten).[19] En román paladino: el Bundeswehr está legitimado para intervenir allí donde sus intereses económicos, acuciados por unas materias primas cada vez más escasas, así lo requieran. Las botas del Bundeswehr están ya sobre el suelo de –por orden creciente– Bosnia-Herzovina (3 soldados), Uganda (20 soldados), Sudán (25 soldados), el Líbano (190 soldados), el Cuerno de África (280 soldados), Kosovo (1.230 soldados) y Afganistán (4.810 soldados), así como de los buques de guerra que navegan por el mar Mediterráneo (220 soldados). Unos 6.778 soldados en total que dentro de poco podrían ser más, pues según el Süddeutsche Zeitung Alemania podría enviar en breve un destacamento de artillería de 170 soldados y misiles Patriot a Turquía junto a la frontera con Siria [20] y la OTAN y la Unión Europea estudian desde hace semanas una intervención militar contra los insurgentes islamistas en Mali –¿cuántos europeos podrían señalar dónde se encuentra en un mapa?–, un escenario bélico en el que François Hollande quiere «probar» los drones (aviones no tripulados) franceses para no perder terreno frente a la competencia anglo-estadounidense.[21] Las fuerzas aéreas alemanas (Luftwaffe), por su parte, colaboran en el desarrollo de un avión no tripulado llamado EuroHawk, en el que ha invertido ya más de 1.200 millones de euros. El proyecto de EuroHawk ha costado al erario público unos 860 millones euros.[22]

El desproporcionado coste de este arsenal y operaciones militares a costa del contribuyente alemán no se refleja sin embargo en los salarios de los soldados rasos, definidos como “precarios de uniforme”. Más de un tercio la carne de cañón alemana procede de la empobrecida antigua Alemania oriental, atraída por las posibilidades de un salario fijo de 2.000 euros en un mercado laboral como el alemán, caracterizado por su creciente deterioro e inestabilidad.[23] Los costes que estas misiones extranjeras tienen son difícilmente calculables, pues muchos de estos soldados regresan a sus hogares mutilados o afectados por graves traumas, problemas físicos y psicológicos –en el 2011 una de cada cinco muertes en el Bundeswehr era por suicidio–[24] que requieren largos tratamientos médicos, en no pocas ocasiones crónicos. Y como además Alemania oriental es un semillero de fascistas, eso deja al Bundeswehr en una posición incómoda. Sin ir más lejos, Udo Voigt, el presidente del neonazi Partido Nacionaldemocrático de Alemania (NPD), alcanzó el grado de capitán en la Luftwaffe, y sigue siendo oficial en la reserva. Por si todo lo anterior fuera poco, resulta que además el Bundeswehr sirve ahora también como escuela pública de mercenarios. Según informó la semana pasada el semanario Der Freitag, el sector de la seguridad privada florece en Alemania siguiendo el modelo de la estadounidense Blackwater. Estas empresas contratan a antiguos soldados con experiencia en Kosovo y en Afganistán para ofrecer sus servicios a los pesqueros que quieren defenderse de los piratas somalís. Mientras un soldado profesional tiene un salario mensual de 2.000 euros, uno de estos mercenarios cobra unos 9.000, más de cuatro veces ese importe. [25]

Señales inquietantes las hay desde todos lados, si uno está dispuesto a prestarles atención. En agosto el Tribunal Constitucional de Karlsruhe dictaminó que el Bundeswehr podía desplegarse en territorio alemán en caso «de accidentes o catástrofes especialmente graves» (besonders schweren Unglücksfallen). La noticia causó bastante revuelo por la ambigüedad de la expresión, aunque el mismo tribunal ya había fallado en 1969 que el Bundeswehr podía desplegarse en la República Federal Alemana «para la lucha contra insurrectos armados y organizados militarmente» (zur Bekämpfung organisierter und militärisch bewaffneter Aufständischer), en una clara alusión a la posibilidad de una guerra civil contra la RDA, una resolución, sin embargo, poco conocida entre los alemanes.[26] Un mes más tarde de la publicación de la sentencia del Tribunal Constitucional de Karlsruhe el junge Welt informó de que en Colbitz-Letzlinger Heide (Sajonia-Anhalt) existe un centro de entrenamiento de combate (Gefechtsübungszentrum – GÜZ) en el que, junto a la recreación de seis pequeñas aldeas albanokosovares y afganas, la empresa Rheinmetall ha construido una reproducción de seis kilómetros cuadrados de un escenario urbano típicamente europeo, con estación de metro, carreteras y edificios gubernamentales modernos incluidos. Cuando el diario preguntó a las autoridades el fin de las instalaciones, la respuesta fue clara y concisa: para la «protección de la patria» (Heimatschutz). [27]

El Ejército recobra, pues, proyección pública. Y el complejo militar-industrial alemán está mejor engrasado que nunca. El Ministerio de Defensa de Alemania, según recogió el semanario Der Spiegel, «invierte todos los años casi mil millones de euros en investigación, desarrollo y tests militares. Ocho millones se destinan directamente a las universidades, 36 millones a instituciones de investigación públicas.» Estudiantes e investigadores se resisten a que los resultados de su trabajo se utilicen en el desarrollo de armamento militar y se han firmado ya cláusulas civiles con ese fin en las universidades de Bremen, Constanza, Tubingia y Kassel, a las que dentro de poco podrían seguir las de Augsburgo, Braunschweig, Colonia y Gießen, donde estudiantes y profesores se están organizando con esa meta. Las empresas de defensa, por su parte, se refieren a un “uso dual” –civil y militar– de la tecnología, una zona gris por la que pueden moverse libremente y seguir captando cerebros a precio de saldo: el Instituto de investigación francoalemán de Saint-Lous, en la región fronteriza de Alsacia, ofrece a los jóvenes físicos franceses y alemanes hasta 830 euros al mes si dedican su trabajo de doctorado a mejorar la trayectoria balística de proyectiles.[28] El propio Bundeswehr va más allá de las universidades y se presenta en las ferias de trabajo como un empleador más e incluso cuenta con 94 oficiales dedicados exclusivamente a visitar centros escolares para mejorar la imagen de la institución y preparar el terreno para la captación de futuros reclutas, aunque oficialmente su cometido se limita a “informar” sobre el ejército. El año pasado organizaron 10.000 actos en escuelas públicas, a los que se calcula asistieron unas 156.000 personas.[29] En muchos de estos encuentros con el ejército los niños fabrican pequeños regalos, como abetos o ángeles de Navidad, que luego se envían a los soldados acuartelados, una vieja práctica bismarckiana que se extiende hasta nuestros días. Pero a veces se trata de cosas mucho menos inofensivas. En Beelitz (Brandenburgo) el ejército permitió que varios menores de edad llevaran, durante unas jornadas de tres semanas en un “Adventure-Camp” del Bundeswehr, uniforme oficial y participasen en el lanzamiento de granadas.[30] Hasta el momento sólo Renania del Norte-Westfalia y Baden-Württenberg obligan a que la visita del oficial del Bundeswehr se compense con otra de representantes de los movimientos pacifistas.[31]

Según los fabricantes de consenso alemanes, nada de esto habría de preocuparnos. Para empezar la mayoría de estas informaciones ni siquiera aparecen en los grandes medios de comunicación, y cuando lo hacen, sólo lo hacen de manera marginal, en fuerte contraste con la propaganda del Ministerio para la Cooperación Económica y el Desarrollo y las misiones internacionales del Technisches Hilfswerk (THW). Alemania destruye con la mano derecha y reconstruye con la izquierda. El negocio perfecto. No hace mucho los alemanes se avergonzaban por su responsabilidad en “el último gran incendio de Europa”. El país se comprometió hacer suyo el lema de las grandes manifestaciones antibelicistas del período de entreguerras: “¡Nunca más guerra!” (Nie wieder Krieg!). Pero eso se acabó. Para los barones del acero y la química han vuelto los buenos tiempos, los del Big Bertha y el gas mostaza, y a comienzos del nuevo siglo sigue valiendo lo que Ret Marut escribió a comienzos del anterior: «Alemania no tendrá el derecho de decir que Goethe era alemán hasta que en toda Alemania no quede una sola arma de fuego ni bomba de mano o bomba de gas, a no ser como pieza de museo.»[32]

Notas: [1] “The Top 20 Arms Exporters, 2007-2011”, Stockholm International Peace Research Institute. [2] Stephan Müller, “Supermarkt für Killer”, junge Welt, 22 de septiembre de 2012. [3] Simon Loidl, “Der Krieg des Nordens”, junge Welt, 24 de octubre de 2012. [4] Michael R. Krätke, “Alarma en la isla de los benditos”, Sin Permiso, 5 de agosto de 2012. Traducción de Àngel Ferrero. [5] Karen Grass, “Waffenhandel muss begrenzt werden”, tageszeitung, 7 de julio de 2012. [6] Andreas Zumach, “Der Bedarf hat sich verfünffacht”, tageszeitung, 29 de julio de 2012. [7] Sven Hansen, “Rüstungsexporte: Indonesien will deutsche Kampfpanzer”, tageszeitung, 5 de julio de 2012. [8] Gregor Gysi, “¡Ningún tanque a Arabia Saudí! El parlamento alemán debe mostrar su rechazo al acuerdo”, Sin Permiso, 10 de julio de 2011. Traducción de Àngel Ferrero. [9] Rüdiger Göbel, “FDP für Leopard-Deal”, junge Welt, 1 de agosto de 2012. [10] “List of countries by oil production”, Wikipedia, consulta: octubre de 2012. [11] Daniel Bratanovic, “Leopard anleinen”, junge Welt, 14 de julio de 2012. [12] “Kauders Euro-Schelte: 'Jetzt wird in Europa Deutsch gesprochen'”, Der Spiegel, 15 de noviembre de 2012. [13] Michael Schulze von Glaßer, “El complejo militar-industrial bajo su árbol de Navidad”, Sin Permiso, 8 de enero de 2012. Traducción de Àngel Ferrero. [14] “Eine unselige Geschichte”, Der Spiegel, 23 de noviembre de 2012. [15] Sabine Kebir, “Drohnen über Timbuktu?”, der Freitag, 31 de octubre de 2012; para un ejemplo del apoyo de algunos sindicalistas a la industria bélica: Hannes Koch, “Ein Manöver in eigener Sache”, der Freitag, 28 de junio de 2012. [16] Jörg van Essen, “FDP-Fraktion offen für mehr Transparenz – Ziel sollte fraktionsübergreifende Lösung sein”, 16 de octubre de 2012. Las declaraciones de van Essen son una muestra del cinismo del poder del que ha hablado Jakob Augstein, pues en Bruselas, por ejemplo, frente «a los 482 lobbystas empresariales, que representan casi el 60% de los expertos, sólo hay 11 representantes sindicales (1,3%).» Rafael Poch, “El poder de los agentes de influencia aumenta en la política alemana y europea”, La Vanguardia, 12 de noviembre de 2012. [17] “Aufregung um mögliche Lockerung von Regeln für Rüstungsexporte”, Spiegel online, 15 de julio de 2012. [18] “Leopard-Panzer für Katar 'nur zum defensiven Gebrauch' – FDP-Abgeordneter nennt Kritik an Rüstungsexport”, deutschlandradio, 31 de julio de 2012. [19] Arnold Schölzer, “Entwaffnet Merkel!”, junge Welt, 24 de octubre de 2010. [20] Peter Blechschmidt, “Nato-Operation an türkisch-syrischer Grenze: Bundeswehr soll in die Türkei”, Süddeutsche Zeitung, 17 de noviembre de 2012. [21] Sabiner Kebir, op. cit. [22] André Scheer, “Deutscher Drohnenkrieg”, junge Welt, 7 de julio de 2012. [23] “Prekarier in Uniform”, Deutschlandradio, 13 de enero de 2011. [24] “Hohe Selbstmordrate bei Auslandseinsätzen der Bundeswehr”, Spiegel online, 4 de septiembre de 2011. [25] Philipp Wurm, “Mit Sicherheit ein gutes Geschäft”, der Freitag, 15 de noviembre de 2012. [26] Christian Rath, “Soldaten sind keine Ersatzpolizisten”, der Freitag, 23 de agosto de 2012. [27] Claudia Haydt, “Schlachtfeld Innenstadt”, junge Welt, 4 de septiembre de 2012; “Ausbau des Gefechtsübungszentrums dient auch Indlandseinsätzen”, Bundeswehr-Monitoring, 6 de septiembre de 2012. [28] Oliver Trenkamp, “Studenten gegen Militärforschung”, Spiegel online, 2 de agosto de 2012; Ann-Kathrin Nezik, “Unis und Moral: Pikante Projekte: Sollen Hochschulen Rüstungsroschung betreiben dürfen?”, Der Tagesspiegel, 14 de noviembre de 2012. [29] Bernd Kramer, “Gegen Hilfslehrer in Uniform”, tageszeitung, 24 de septiembre de 2012. [30] “Bloß nicht anlehnen! Linda, Alexander, Eric und Paul waren für zwei Wochen Praktikanten bei der Armee”, Märkische Allgemeine, 6 de noviembre de 2012. [31] Bernd Kramer, “Bundeswehr an Schulen: Waffengleichheit mi Klassenzimmer”, tageszeitung, 13 de octubre de 2012. [32] Ret Marut / B. Traven, "En el estado más libre del mundo" en En el estado más libre del mundo (Barcelona, Alikornio, 2000), p. 92.
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Traducción de Andreas Löhrer.
Tomado de Sin Permiso
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