jueves, 11 de octubre de 2012

Suecia nacionalizó la banca en 1992 para evitar su quiebra. Ahora aconseja a España

RadioCable.com

En 1992, tras años de desregulación imprudente y el estallido de su burbuja inmobiliaria, el gobierno sueco tuvo que intervenir varios bancos insolventes para evitar la quiebra del sistema. Pero optaron por una estrategia y un modelo difrente: asumieron la deuda de los bancos, pero no se hicieron cargo de los activos tóxicos. Exprimieron a los accionistas bancarios y los bancos tuvieron que anotarse las pérdidas y ofrecer avales al gobierno. Esto convirtió al ejecutivo en propietario.

Suecia empleó el 4% de su PIB en rescatar al sistema financiero. Pero, cuando se vendieron los activos problemáticos, los beneficios fueron a parar a los contribuyentes y más tarde cuando el gobierno vendió sus participaciones recuperaron aún más dinero. Y todavía tienen participaciones en algunos, por ejemplo poseen un 19,9% de Nordea Bank. Al final el coste para Suecia acabó siendo inferior al 2% de su PIB. Hay incluso expertos que aseguran que según se hagan los cálculos de ciertos rendimientos, el coste estuvo cercano de ser cero.

Dag Detter fue presidente de Stattum, el holding público sueco que llevó a cabo esta estrategia. Ha publicado un artículo en el Financial Times en el que detalla las lecciones que se pueden extraer del caso sueco para la actual crisis bancaria española. Y da algunos consejos:
El primero es actuar deprisa. Cree que España negó la escala de la crisis de los préstamos dudosos durante demasiado tiempo, pero apunta: “El gobierno de Rajoy prometió obligar a los bancos a anotar los malos préstamos. La situación resultó ser mucho peor de lo previsto, pero su política es la correcta. Por doloroso que sea, la transparencia en la escala de la deuda incobrable es de vital importancia.” Y añade: “la catarsis sólo puede venir con una purga de los activos tóxicos. Estos deben ser separados de los `sanos´ para facilitar la recapitalización. Pero el Estado nunca debe quedarse con la basura, mientras la parte sana de un banco se mueve libre.”
Además recomienda mantener principios comerciales en la gestión: “En Suecia, cada inversión de los bancos estatales se hizo segun las condiciones comerciales en un mercado normal, siempre con el objetivo de mantener la neutralidad competitiva”. La idea es que se garantice que el banco puede volver a ser rentable sin más ayuda del gobierno.
Su tercer consejo consiste en entender que la participación pública en bancos no es un gasto presupuestario sino una inversión y asi debería ser tratada: “hay que asegurar la rentabilidad y robustez financiera y salir de esta titularidad indeseada en el momento justo. Algunos gobiernos europeos se ponen nerviosos ante cualquier cosa que parezca una nacionalización. Deben superarlo”.
Dag Detter recomienda también que al ser el gobierno el regulador del sistema, se separe claramente la gestión de estas acciones bancarias creando un holding o compañía para ello. Y finalmente subraya la importancia de maximizar la transparencia: “Los bancos no sólo fracasan porque sean débiles, sino porque el mercado piensa que pueden ser débiles. La opacidad alimenta la debilidad.”
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