lunes, 23 de abril de 2012

División en el FMI sobre el ritmo de ajustes de la zona euro


Andy Robinson, La Vanguardia

El océano Atlántico jamás había parecido tan ancho como en el entretenido debate televisivo celebrado en la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) que finalizó su asamblea semestral este sábado. Por un lado, el ministro de Finanzas sueco, Anders Borg, defendía la tesis del núcleo ortodoxo de la zona euro. Sólo la adopción rápida de reformas estructurales y duros ajustes fiscales permitirá que la periferia europea supere su crisis, cerrando la brecha con la hipercompetitiva economía alemana. "Alemania hizo sus reformas y ha salido reforzada. Es el ejemplo que seguir y no Estados Unodos", dijo Borg.

Por el otro, Christina Roemer, la prestigiosa economista de Berkeley (California, asesora de Barack Obama en los momentos más duros de la recesión estadounidense entre el 2008 y el 2010), planteó lo indecible en Berlín y Madrid: "El problema europeo es fundamentalmente la falta de demanda y las reformas estructurales no van a resolverlo; si no se hace más para impulsar el crecimiento, esto va a tener un desenlace muy malo", remachó.

Otro miembro del panel, Christine Lagarde, la nueva directora gerente del FMI, que acaba de cosechar su primer éxito al mando del Fondo al reunir más de 300.000 millones de euros para reforzar la barrera cortafuegos, trató de crear puentes entre los dos sin mucho éxito.

Las ideas de Roemer -ajuste fiscal mucho más gradual y políticas de expansión monetaria para "hacer mucho más para impulsar el crecimiento"- chocan frontalmente con el discurso dominante en la zona euro, que se basa en que debería realizarse un ajuste rápido en países como España para dar confianza a los mercados. El ministro de Economía Luis de Guindos lo volvió a decir ayer tras reunirse con Lagarde y con el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner.

Pero en Washington crecen las dudas respecto al short sharp shock (ajuste rápido y duro) en diversas instituciones multilaterales. Olivier Blanchard instó a Europa a limitarse a adoptar reformas que "no depriman tanto la demanda a corto plazo" y establecer normas fiscales que "reduzcan el déficit a lo largo del tiempo, y no necesariamente en estos momentos". En el caso español, el Fondo aconseja ajustes más suaves que "tengan en cuenta el ciclo económico".

Asimismo el Instituto de Finanzas Internacional (IIF), que representa la banca internacional desempeñando un papel clave en la reestructuración de la deuda griega, se mostró aún mas enfático. "Un enfoque exclusivo en ajustes fiscales no es bueno; en el caso de España vais a tener una recesión y sabemos que en un entorno de bajo crecimiento más recortes son contraproducentes", dijo su vicedirector, Hung Tran, en una entrevista concedida a La Vanguardia. Además de empeorar la deuda pública, "la recesión va a deteriorar la calidad de la deuda privada también; por eso estáis viendo esta subida de créditos morosos". En una de las dinámicas perversas que el Fondo califica de "bucles de retroalimentación", esto agravará los problemas de la banca en España, añade. "Los líderes de España y Europa deberían cambiar de rumbo y hacer un plan de ajuste más gradual con objetivos a medio plazo".

La experiencia de Estados Unidos ya refuerza la tesis de aplazar la austeridad y darle fuerte al acelerador monetario. Tras enormes programas de compra de bonos por parte de la Reserva Federal y el aplazamiento de parte de los ajustes fiscales, Geithner, el secretario del Tesoro, destacó en su discurso ante el FMI que gracias a un crecimiento del 2,5% y la creación de 4 millones de empleos en dos años, "la deuda privada se reduce de forma significativa". "No es nada aconsejable realizar los ajustes antes de que crezca la economía; es contraproducente porque en una economía que se encoge no hay posibilidad de reducir la deuda como porcentaje del PIB", dijo en una entrevista con La Vanguardia Jay Shambaugh, excompañero de Roemer en la Casa Blanca y en la Universidad de Georgetown. Sin embargo, con una deuda ya superior al 100% del PIB en EE.UU., "en cuanto terminen las elecciones presidenciales, los mercados dirigirán la mirada otra vez a la deuda estadounidense", asegura Hung Tran.

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